Rubens García, experto en kinesiología: «Hay algo que haces cada día que está afectando a todo tu cuerpo… y no lo ves»

- Un enfoque de salud que empieza en los pies… y cambia todo lo demás sin que te des cuenta.


El cuerpo siempre te está hablando… aunque casi nunca le prestemos atención. Hay ideas que, cuando las escuchas por primera vez, te suenan demasiado simples. Casi sospechosas. Como si faltara algo. Y sin embargo… luego encajan. De repente todo tiene sentido, como cuando unes piezas que llevaban tiempo sueltas.

Eso es lo que propone Rubens García, investigador y autor de La revolución del movimiento. Un enfoque que no empieza por el gimnasio, ni por la dieta, ni por el típico “haz más y mejor”. Empieza por algo mucho más básico: tu cuerpo tal y como es.

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Su historia, de hecho, ya te pone en contexto. Fue futbolista profesional hasta que las lesiones le obligaron a parar. Y en ese punto decidió replantearlo todo. Cambiar las reglas del juego, literalmente. Entender el cuerpo desde otro lugar. Y ayudar a otros a moverse… pero sin dolor.

Los pies: ese lugar donde empieza todo

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Volver a sentir el suelo puede cambiar la forma en la que se mueve tu cuerpo. Fuente: IA

Te lanzo un dato que a mí me hizo parar un segundo: el pie tiene 33 articulaciones. Treinta y tres. El codo, dos. El hombro, cinco.

Y aun así… lo encerramos todos los días en un zapato.

Rubens lo explica sin rodeos. Estamos limitando una de las estructuras más complejas del cuerpo dentro de una forma rígida que no respeta cómo debería moverse. Y claro, el cuerpo se adapta… pero no siempre para bien.

Tacones, suelas gruesas, plantillas… poco a poco vamos perdiendo sensibilidad. Como si el cuerpo olvidara cómo funcionar por sí solo.

Su propuesta puede sonar radical, pero en realidad es bastante lógica: descalzarse más. Sentir el suelo. Volver a esa conexión básica que hemos ido perdiendo.

Porque la planta del pie es como un mapa lleno de sensores. Y basta un milímetro para distorsionar la información que llega al cerebro.

Respirar bien… o vivir compensando sin darte cuenta

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La respiración influye más de lo que imaginas en tu postura diaria. Fuente: IA

Si los pies son la base, la respiración es el motor silencioso. Está ahí todo el rato… pero casi nunca le prestamos atención.

Rubens insiste mucho en esto. Si respiras mal, todo lo demás empieza a ajustarse para compensarlo. Postura, tensión muscular, incluso cómo te mueves. Es como una cadena que se va torciendo poco a poco.

Y aquí entra algo que no siempre apetece escuchar: parar. Quedarte en silencio. Sin distracciones. Sin móvil. Sin ruido.

No es estirar… es entender cómo se mueve tu cuerpo

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La movilidad es clave para evitar lesiones y mejorar el control corporal. Fuente: IA

Otro mito que cae por el camino: los estiramientos de toda la vida.

Rubens es bastante directo aquí. Les da una utilidad mínima. Casi nula. Y al principio choca, claro, porque todos hemos crecido con esa idea.

Pero la clave está en diferenciar algo que solemos mezclar: flexibilidad y movilidad.

La flexibilidad es pasiva. Es hasta dónde llega tu cuerpo “dejándose llevar”. La movilidad, en cambio, es activa. Es el control real que tienes sobre ese movimiento.

Y eso cambia todo. Porque no se trata de forzar más… sino de aprender a moverte mejor. De que tu cuerpo entienda que ciertos rangos son seguros.

La luz, el descanso… y esos pequeños detalles que ignoramos

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Pequeños hábitos diarios pueden transformar tu bienestar sin darte cuenta. Fuente: IA

Luego está algo que parece tan normal que ni lo cuestionamos: la luz.

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Pantallas, bombillas, móviles… vivimos rodeados de luz artificial, incluso cuando el cuerpo ya está pidiendo oscuridad. Y eso tiene un impacto directo en cómo dormimos.

Rubens habla de algo que me parece clave: no es un gran cambio lo que transforma tu salud, son los pequeños hábitos repetidos cada día.

Desde la ropa que llevas hasta cómo te expones a la luz o cómo descansas.

Y al final, todo se resume en una idea bastante sencilla. La salud no es un destino al que llegas y ya está. No es una meta que tachas.

Es un proceso. Un camino hecho de detalles pequeños, casi invisibles, que se van sumando sin hacer ruido.

Y quizá lo más interesante de todo esto es que no hace falta cambiarlo todo de golpe. No necesitas una revolución.

A veces basta con empezar por algo tan simple como quitarte los zapatos… y volver a sentir.

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