Gisella Gil, experta en bienestar integral: “Si quieres una piel radiante, el secreto está en comer alimentos de color negro”

Gisella Gil sostiene que una piel radiante no depende solo de cremas. El factor principal está en la alimentación, los hábitos y el respeto por los ciclos naturales, destacando el consumo de alimentos negros en invierno.

Con el correr del tiempo y los nuevos métodos difundidos por la ciencia, el cuidado de la piel ha dejado de centrarse únicamente en cremas y tratamientos para dar paso a una visión más amplia. Cada vez más especialistas apuntan a factores internos y hábitos diarios como claves para mantener un rostro saludable.

A raíz de esto, la experta en bienestar integral Gisella Gil propone un enfoque que combina ciencia y tradición. Su mirada se apoya en la medicina tradicional china y en la relación entre las estaciones del año y la piel.

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La piel en invierno: hidratación, descanso y conexión con el cuerpo

La piel en invierno: hidratación, descanso y conexión con el cuerpo

Durante el invierno, la piel suele volverse más seca y apagada. Las bajas temperaturas, los cambios bruscos entre calefacción y frío exterior y la falta de humedad afectan directamente su equilibrio. En este punto, Gil introduce un concepto clave como es el exposoma, que engloba todos los factores externos que influyen en la dermis.

Desde su perspectiva, uno de los errores más comunes es confundir hidratación con grasa. Muchas personas optan por productos densos, cuando en realidad la dermis necesita agua. “No es grasa, es agua”, insiste la especialista, quien recomienda apostar por activos como el ácido hialurónico o las ceramidas para mantener la piel correctamente hidratada.

Sin embargo, su enfoque va más allá de lo superficial. Inspirada en la medicina tradicional china, Gil sostiene que el invierno es un momento de recogimiento. La dermis refleja ese proceso interno. Por eso, propone hábitos como dormir más, reducir el estrés y priorizar alimentos calientes que ayuden a equilibrar el organismo.

En este punto aparece una de sus recomendaciones más llamativas: incorporar alimentos de color negro. Productos como el sésamo negro o ciertas algas, según explica, están vinculados con los riñones y la energía profunda del cuerpo, lo que repercute directamente en la piel. La idea central es que no se trata solo de aplicar productos, sino de acompañar a la dermis respetando los ciclos naturales. En invierno, el objetivo no es brillar, sino regenerarse.

De la primavera al otoño: cómo adaptar la dermis a cada estación

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Con la llegada de la primavera, el cuerpo experimenta un renacer que también se refleja en la piel. En esta etapa, Gil recomienda apostar por alimentos verdes y frescos, así como por hábitos que fomenten la creatividad y la actividad física. La piel responde mejor cuando el organismo recupera energía.

Además, es un buen momento para introducir tratamientos más activos. Vitaminas o productos que estimulen la regeneración celular pueden potenciar el aspecto de la piel tras el letargo invernal.

El verano, en cambio, representa una etapa distinta. Según la experta, es el momento del descanso. La piel suele mostrarse más luminosa de forma natural, por lo que la rutina debe simplificarse. Hidratación ligera, brumas refrescantes y evitar tratamientos agresivos son algunas de las claves.

“Menos es más”, resume Gil. Si se ha trabajado bien durante el invierno y la primavera, la piel no necesitará grandes intervenciones en los meses de calor. El cambio más significativo llega tras el verano. Muchas personas atribuyen el deterioro de la piel al sol, pero Gil introduce un matiz interesante. Para ella, el problema no es la exposición solar, sino el impacto emocional del regreso a la rutina.

La bajada de energía, la reducción de horas de luz y el fin del periodo vacacional influyen directamente en la piel. Este fenómeno, explica, coincide con lo que denomina la “quinta estación”, una transición hacia el otoño donde el cuerpo experimenta un descenso progresivo. En este periodo, recomienda aumentar el consumo de alimentos ricos en betacarotenos, como la zanahoria o la calabaza, para mantener la piel luminosa.

Ya en otoño, el enfoque vuelve a cambiar. Es una etapa de depuración tanto física como emocional. La dermis, según Gil, está estrechamente vinculada con órganos como el pulmón y el intestino grueso, lo que refuerza la importancia de cuidar la alimentación. También es un momento propicio para tratamientos más profundos y para revisar hábitos. El exceso de azúcares o el desorden alimenticio pueden afectar negativamente la piel en esta fase.

Más allá de las recomendaciones concretas, la experta insiste en una idea que atraviesa todo su discurso. La dermis no es un elemento aislado. Es un reflejo directo del estilo de vida, de las emociones y del vínculo con los ritmos naturales.


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