Alcohol al volante: la decisión del Congreso que ha dejado a muchos descolocados

- El rechazo a reducir la tasa de alcohol al volante reabre un debate incómodo sobre hábitos, política y vidas que podrían evitarse.

Hay decisiones que no solo se votan… también se quedan dentro, dando vueltas.

El Congreso de los Diputados ha dicho “no” a la proposición de ley impulsada por el grupo socialista para endurecer los límites de alcohol al volante. Y aunque, sobre el papel, parecía un paso lógico hacia más seguridad en carretera, la realidad ha sido otra. La medida se ha quedado a medio camino, como esas conversaciones importantes que nunca terminan de cerrarse.

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Una cifra que no es solo una cifra

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El debate sobre el alcohol al volante vuelve al centro de la conversación pública. Fuente: IA

La propuesta planteaba reducir la tasa máxima de alcoholemia de 0,5 a 0,2 gramos por litro en sangre. Dicho así suena técnico, casi frío. Pero si lo aterrizas… significa que ese “bueno, por una copa no pasa nada” dejaría de tener cabida.

Porque, en el fondo, de eso iba todo esto: de dejar de normalizar algo que llevamos años viendo como cotidiano. Beber un poco y conducir. Como si fueran dos cosas compatibles. Como si no pasara nada.

Además, se buscaba unificar criterios. Nada de diferencias entre conductores noveles, profesionales o el resto. Una única norma para todos. Igual que cuando en casa te dicen “esto es así para todos”, sin excepciones. Puede incomodar, sí… pero también simplifica y deja menos espacio a la duda.

Los datos que incomodan

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La seguridad vial sigue siendo una asignatura pendiente en España. Fuente: IA

Aquí es donde la cosa cambia de tono. Porque detrás de la propuesta no había solo intención política, sino datos que, sinceramente, ponen un nudo en el estómago.

El alcohol está presente en uno de cada tres accidentes mortales. Uno de cada tres. Si te paras a pensarlo un segundo… es muchísimo. Y hay más: casi la mitad de los conductores fallecidos habían consumido alcohol o drogas.

Estos números no hay que mirarlos como simples estadísticas. Son más bien como nombres sin decir, historias que no conocemos, familias que un día recibieron una llamada que nadie quiere recibir. Y todo por algo que, en muchos casos, podría haberse evitado.

El golpe para las víctimas

No es raro, entonces, que las asociaciones de víctimas hayan reaccionado como lo han hecho. Con enfado, con frustración… incluso con incredulidad.

Francisco Canes, presidente de la asociación DIA, lo dijo claro: una decisión “barbaridad” y “anacrónica”. Y más allá de las palabras, lo que transmite es otra cosa: cansancio. Ese cansancio de repetir lo evidente.

Porque aquí nadie está hablando de prohibir el alcohol. Se trata, simplemente, de no mezclarlo con la conducción. Algo tan básico que casi sorprende tener que seguir explicándolo.

Política, bloqueo… y lo que queda por delante

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Una decisión política que deja preguntas difíciles sobre la mesa. Fuente: IA

La proposición no salió adelante por el voto en contra de PP, Vox y ERC. Y así, una de las medidas más potentes en materia de seguridad vial se ha quedado en pausa.

Pero no en olvido.

Desde el Ministerio del Interior ya han dejado claro que esto no termina aquí. Que la idea de la “tolerancia cero” sigue viva, esperando quizá otro momento, otro contexto… o ese consenso que ahora no ha llegado.

Y es curioso, porque al final todo esto no va solo de números. No es 0,5 o 0,2. Va de algo mucho más incómodo: nuestros hábitos, nuestras decisiones pequeñas, esas que tomamos casi sin pensar.

De ese “total, es cerca” o “controlo perfectamente” que todos hemos escuchado alguna vez.

La reforma se ha frenado, sí. Pero la pregunta sigue ahí, como un eco difícil de ignorar: ¿cuántas vidas hay detrás de una cifra que decidimos no cambiar?

A veces, lo complicado no es aprobar una ley. Es mirarnos de frente y asumir lo que implica cambiar.

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