Javier Tapia, médico de urgencias: «Esto tan inocente que haces a diario le acabará pasando factura a tu corazón»

- Una enfermedad que no duele al principio… pero puede cambiarlo todo si no se detecta a tiempo.

El corazón no siempre avisa… pero cuando lo hace, a veces ya es tarde. Hay enfermedades que te sacuden solo con oírlas… y otras que pasan de puntillas, casi sin hacer ruido. No duelen al principio, no te obligan a parar, no te lanzan una señal clara de alarma. Simplemente están ahí, avanzando despacio, como quien no quiere la cosa.

La insuficiencia cardíaca es una de ellas.

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El doctor Javier Tapia la define como una “pandemia silenciosa”. Y, sinceramente, cuesta discutirle. Afecta al 3% de la población general y hasta al 10% de los mayores de 70 años. Pero hay un dato que se queda rondando en la cabeza: la mitad de los pacientes diagnosticados fallece en cinco años.

Y aun así… no se habla tanto de esto como cabría esperar. ¿Por qué?

Cuando no duele, parece que no pasa nada

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Una enfermedad que avanza sin avisar, pero deja huella. Fuente: IA

Aquí entra en juego algo muy humano: la percepción. O mejor dicho, cómo nos contamos a nosotros mismos lo que nos pasa.

Mucha gente vive con hipertensión, colesterol alto o diabetes… y no se considera enferma. “Estoy bien”, dicen. Aunque tengan una pastilla diaria en la mesilla.

El problema es que estos factores no duelen. No molestan. No te frenan en seco.

Por eso Tapia insiste en algo que, aunque suene sencillo, tiene mucho peso: tú llevas el volante de tu salud. No es solo una frase bonita. Es una advertencia. Porque sabemos que si no se controlan estos factores, el desenlace puede ser un infarto o un ictus.

Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿de verdad estamos prestando atención a lo que no se nota?

Lo que normalizamos… y luego nos pasa factura

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Cuando no duele… el riesgo sigue creciendo en silencio. Fuente: IA

Hay hábitos que hemos integrado tanto que casi ni los cuestionamos. El alcohol, por ejemplo. ¿Cuántas veces hemos escuchado eso de “una copita de vino es buena”?

Tapia es claro, casi tajante: “Ni una sola copa de vino es beneficiosa a nivel cardiovascular”.

Puede chocar, sí. Pero si lo piensas, tiene sentido. El alcohol es un tóxico. Y como tal, afecta al corazón. Puede dilatarlo, debilitarlo… y acabar generando problemas serios.

Y no está solo. Las bebidas energéticas, el tabaco… todo eso que parece cotidiano tiene un impacto real. El tabaco, por ejemplo, no solo afecta a los pulmones. Es un excitante para el corazón, un vasoconstrictor potente.

Lo inquietante no es solo lo que hacen… es lo asumido que está su consumo. Como si no fuera con nosotros.

El corazón de la mujer

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Pequeños hábitos que pueden cambiar el destino del corazón. Fuente: IA

El corazón de la mujer no es igual que el del hombre. Es más pequeño, con paredes más finas. Pero durante años, las mujeres han estado menos presentes en los estudios médicos. Y eso, claro, pasa factura.

Se ha visto que, ante el mismo daño cardíaco, las mujeres suelen tener peor calidad de vida que los hombres. Pero lo curioso es que no todo tiene que ver con lo físico.

Aquí entran factores que a veces dejamos en segundo plano: la soledad, la depresión, el entorno social. Es decir, todo eso que no sale en una analítica… pero pesa.

Moverse, sí… pero no de cualquier manera

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Escuchar al cuerpo antes de que sea demasiado tarde. Fuente: IA

Vivimos en una época en la que nos movemos poco. Mucho sofá, mucho coche, muchas horas sentados. Y cuando hacemos algo, muchas veces pensamos que con caminar ya vale.

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Y no siempre.

Tapia insiste en algo que a veces olvidamos: el ejercicio de fuerza es clave. No solo para verse mejor (que también), sino para evitar la pérdida de masa muscular, lo que se conoce como sarcopenia.

Porque sí, el corazón es un músculo. Y como cualquier músculo, necesita trabajo, estímulo, constancia.

No se trata de hacer locuras ni de empezar de cero a cien. Se trata de hacerlo poco a poco… pero hacerlo.

Lo que ves cuando estás en primera línea

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Detrás de todo esto hay algo más que datos. Hay experiencia. De la de verdad.

Tapia trabaja en urgencias. Ve situaciones límite, decisiones rápidas, momentos que marcan. Incluso ha tenido que enfrentarse a casos personales, de esos que no se olvidan.

Y aun así, sigue.

“Quiero curar”, dice. Y cuando no lo consigue, le pesa. Se frustra. Porque, al final, la medicina no va solo de tratar enfermedades… va de personas.

Quizá por eso su reflexión final se queda contigo un rato: vivir sin miedo, sí… pero con conciencia. Saber que no somos invencibles, pero tampoco estamos indefensos.

Porque hay muchas decisiones que dependen de nosotros.

Y algunas —las más importantes— no hacen ruido.

Pero cambian el final de la historia.


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