Luis Jiménez Briceño, endocrinólogo: «Hay algo que parece no importar… pero puede cambiar tu futuro físico»

- Una enfermedad silenciosa que empieza en la juventud… y puede marcar tu futuro sin que te des cuenta.

El estado físico que construyes hoy es el que sostendrá tu cuerpo mañana. Hay algo curioso en cómo funciona el cuerpo. Lo que más peligroso puede llegar a ser… muchas veces no duele. No molesta, no interrumpe, no te obliga a hacer nada diferente. Y por eso lo dejamos pasar.

La osteoporosis es justo eso.

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Avanza despacio, en silencio, sin levantar sospechas. Y un día, casi sin previo aviso, llega la fractura. Ahí es cuando todo cambia.

El doctor Luis Jiménez Briceño lo explica de forma muy clara: no es solo que el hueso “se debilite”. Es que por dentro va perdiendo su estructura, su resistencia, su capacidad de aguantar.

Un problema físico que empieza mucho antes de lo que creemos

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Una enfermedad que avanza sin dolor hasta que el cuerpo se rompe. Fuente: IA

Aquí viene una de esas ideas que te hacen replantearte cosas. Porque no, la osteoporosis no empieza a los 60. Ni siquiera a los 50. Empieza mucho antes.

Es, en realidad, una enfermedad que se construye en la infancia… y se paga en la vejez. Así, tal cual.

El hueso que generamos durante la adolescencia funciona como una especie de “colchón” para el futuro. Todo lo que sumes en esos años te protege después. Y todo lo que no… se nota. Mucho.

El dato que da el doctor es de los que se quedan grabados: una mujer forma entre los 11 y los 14 años la misma cantidad de hueso que perderá entre los 50 y los 80.

Piénsalo un segundo.

El pico de masa ósea llega sobre los 30 años. A partir de ahí, el cuerpo deja de construir y empieza a perder. Por eso, lo que haces antes —cómo te mueves, qué comes, cuánto sol te da— es clave.

El punto de inflexión que cambia las reglas: la menopausia

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El hueso también necesita estímulo para mantenerse fuerte. Fuente: IA

Hay un momento en el que todo se acelera. Y ese momento es la menopausia.

Los estrógenos, que hasta entonces ayudaban a mantener el equilibrio del hueso, caen. Y ese equilibrio se rompe. Las células que destruyen hueso empiezan a ir más rápido que las que lo crean.

El propio especialista lo resume de una forma muy gráfica: los estrógenos son como un freno. Cuando desaparecen, ese freno deja de funcionar… y la pérdida se acelera.

Por eso, en algunos casos, la terapia hormonal puede ser una herramienta útil si se utiliza a tiempo. No es para todo el mundo, ni mucho menos, pero es una opción que cada vez se tiene más en cuenta.

Moverse… pero de verdad

Luis Jimenez Briceno1 Merca2.es
Pequeños hábitos diarios que pueden marcar tu salud futura. Fuente: IA

Aquí no hay milagros ni atajos. El hueso necesita estímulo. Necesita carga. Necesita movimiento real.

Caminar está bien, claro. Pero no es suficiente.

El ejercicio de fuerza y de impacto es clave. Saltar, correr, bailar, levantar peso… todo eso le manda un mensaje al cuerpo: “este hueso tiene que ser fuerte”.

Y el cuerpo responde.

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“El hueso se fortalece cuando el músculo le exige”, dice el doctor. Y tiene sentido. Si no lo usas, lo pierdes. Así de simple.

En cuanto a la alimentación, sí: calcio y vitamina D son importantes. Pero no son una varita mágica. Si ya hay pérdida activa, no basta con tomar suplementos.

Y luego están esos pequeños detalles que solemos ignorar: demasiada sal, mucho café, el tabaco… cosas del día a día que, sin hacer ruido, van restando.

La mejor noticia

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La prevención empieza mucho antes de lo que imaginas. Fuente: IA

Entre todo esto hay algo que merece la pena subrayar: la osteoporosis no es inevitable.

No es algo que tenga que pasar sí o sí por cumplir años.

Se puede prevenir. Se puede frenar. Se puede tratar.

Y también conviene aclarar algo que muchas veces se confunde: no es lo mismo que la artrosis. Una afecta a las articulaciones; la otra, a la densidad del hueso. Diferentes problemas, diferentes soluciones.

Al final, el objetivo no es tener unos huesos perfectos. Es tener unos huesos que aguanten la vida. Una caída, un tropiezo, un mal gesto.

Porque, si lo miras bien, todo se resume en algo bastante sencillo: no se trata solo de vivir más… sino de no romperte mientras lo haces.

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