La próxima semana estará marcada principalmente por los indicadores de confianza económica y los datos del mercado laboral de EE. UU., junto con los indicadores de confianza económica de Europa y los datos de inflación del índice de precios al consumo (IPC) de Japón.
Christiaan Tuntono, Senior Economist de Asia Pacific en AllianzGI, explica: “El cierre del estrecho de Ormuz se ha convertido en uno de los riesgos externos más importantes a los que se enfrenta Asia. Aunque el impacto inmediato ha sido el aumento de los precios del petróleo y del gas natural licuado (GNL), el verdadero reto radica en cuánto tiempo persista la interrupción. Una interrupción prolongada afectaría a Asia a través de tres vías principales: (1) riesgos de suministro; (2) deterioro de los intercambios comerciales; y (3) presiones inflacionistas”.
Claves de la próxima semana:
- En EE. UU., el martes se publicarán los índices de gestores de compras (PMI) de manufactura y servicios de marzo, y el viernes, el índice de confianza de la Universidad de Michigan. En cuanto a los datos del mercado laboral, el martes se darán a conocer las cifras revisadas de costes laborales unitarios y productividad del cuarto trimestre de 2025. El jueves se publicarán también las últimas solicitudes iniciales y continuadas de subsidio por desempleo.
- En la zona del euro, el lunes se publicarán índices de confianza económica, como el índice de confianza del consumidor de marzo. El martes se publicarán los PMI manufacturero y de servicios de marzo.
- En Japón, el martes se publicará la inflación del índice nacional de precios al consumo (IPC) de febrero. El mercado evaluará cómo han evolucionado las presiones sobre los precios en la economía a través de estos datos. El miércoles se publicará también el indicador adelantado revisado de enero.
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Indicadores de confianza económica, activos e Irán
Benoit Anne, Senior Managing director y responsable del Grupo de Análisis de Mercados de MFS Investment Management, apunta: “Resulta especialmente interesante analizar el comportamiento de las distintas clases de activos desde el inicio de la guerra en Irán. De hecho, estamos observando una grave escasez de activos defensivos. Evidentemente, el precio del petróleo ha sido el claro ganador, con una subida de más del 40 % desde el inicio de la crisis”.
El dólar estadounidense también ha experimentado un repunte, aunque bastante modesto. El índice DXY ha subido alrededor de un 2,6 % durante este periodo. Solo un par de divisas han logrado apreciarse frente al dólar en las últimas dos semanas, entre ellas el peso colombiano y, en menor medida, el shekel israelí. Todas las demás clases de activos principales han bajado, algunas de ellas de forma bastante significativa. Las acciones de mercados emergentes, las acciones en euros y la deuda en moneda local de mercados emergentes se sitúan en la parte baja de esa clasificación.
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El oro, que durante un tiempo fue la estrella de los mercados, ha sufrido pérdidas superiores al 5,5 % desde el inicio del conflicto. La duración tampoco ha tenido un buen comportamiento, con el índice UST y el índice Bund bajando alrededor de un 2 %, debido principalmente a la presión alcista sobre los rendimientos de los bonos del Estado. De cara al futuro, nos enfrentamos a un entorno altamente volátil dado el nivel extremo de incertidumbre geopolítica.
Teniendo esto en cuenta, no se puede descartar un cambio brusco de tendencia con respecto a los movimientos recientes, aunque esto seguirá dependiendo de la duración de la crisis geopolítica. En esta coyuntura, el precio del petróleo se ha convertido en el barómetro más importante de los mercados mundiales.

Madison Faller, estratega de Inversiones Globales de J.P. Morgan Private Bank añade: “Europa tiene más en juego en esta crisis energética, y el BCE lo sabe. Ese contexto ha obligado hoy a un cambio significativo de tono. Se han revisado al alza las previsiones de inflación, se han recortado las de crecimiento y ahora se está dando a entender una inclinación hacia la subida de tipos. El BCE no se compromete a subir los tipos, pero tampoco rechaza el cambio agresivo en las expectativas del mercado ni lo descarta.
“Sin embargo, los inversores no deberían establecer comparaciones con 2022. El punto de partida es importante. El contexto macroeconómico es más sólido, el crecimiento se ha situado por encima del potencial, la inflación se ha enfriado considerablemente y la política monetaria se ha mantenido firmemente neutral durante meses. El BCE todavía tiene margen para ser paciente. Y aunque ahora existe una inclinación hacia la subida de tipos, no está necesariamente garantizado un ciclo de subidas sostenido”.
“Lo que suceda próximamente depende de los efectos de segunda ronda, de si la crisis energética se traslada a los salarios y a los precios en general. Esa es la prueba clave. Hasta entonces, la flexibilidad es algo intencionado”.
Por último, Xavier Chapard, estratega de LBP AM, accionista mayoritario de LFDE, afirma sobre el impacto de la guerra en Oriente Medio en la política monetaria que “el BCE parece más cerca de una subida de tipos de lo que esperábamos, aunque no se aprecia urgencia en sus mensajes” y que “la Fed también apunta que prefiere esperar a tener más información sobre el impacto de la crisis energética en la economía estadounidense, sin abundar en los posibles escenarios”.




