El Banco de España lleva varios meses publicando un dato que genera una sensación ambigua: los depósitos bancarios de las empresas y las familias llegaron en noviembre de 2025 a los 1,43 billones de euros, la cifra más alta de la historia registrada desde diciembre de 1989. Nunca antes se había ahorrado tanto en términos nominales. Y al mismo tiempo, la inflación subyacente se mantiene en el 2,7%, lo que significa que el poder adquisitivo real de ese ahorro se está erosionando mes a mes para quienes lo tienen aparcado en productos sin rentabilidad alguna. La combinación de factores detrás de ese récord es variada: mejora de las rentas del trabajo, moderación del consumo en ciertos segmentos y la vuelta de los tipos de interés a territorio positivo, que ha devuelto a los depósitos algo de atractivo.
La trampa del ahorro en cuenta corriente
Con la inflación subyacente al 2,7%, tener el dinero en una cuenta corriente equivale a perder poder adquisitivo a ese ritmo anual. No es una pérdida visible porque el saldo nominal no cae, pero lo que ese dinero puede comprar dentro de un año será menor. La alternativa que muchos hogares con mayor sofisticación financiera han usado en los últimos dos años, depósitos a plazo fijo, letras del Tesoro y fondos monetarios, ofreció rentabilidades que compensaban la inflación. Pero con la bajada de tipos del BCE, ese diferencial se ha ido estrechando.
Por qué los españoles siguen sin invertir como el resto de Europa
La cartera de activos financieros de los hogares españoles está mucho más concentrada en depósitos bancarios y mucho menos en renta variable o fondos de inversión que la media europea, según datos del BCE. El mercado de fondos ha crecido, pero la mayoría de los nuevos partícipes se concentran en los conservadores. Cambiar esa cultura del ahorro es un proceso generacional que ninguna política puede acelerar fácilmente, pero que tiene consecuencias reales sobre el bienestar financiero de los hogares a largo plazo.
El auge de las letras del Tesoro en 2023 y 2024 fue un primer señal de que algo está cambiando. Millones de españoles que nunca habían acudido al Tesoro Público compraron letras directamente, motivados por una rentabilidad que superaba la de muchos depósitos bancarios sin asumir riesgo de mercado. Con la bajada de tipos, esa rentabilidad ha caído, pero la experiencia ha abierto una puerta a instrumentos de ahorro más eficientes para muchos hogares que antes solo conocían la cartilla de ahorro.
El problema real no es de oferta de productos, sino de educación financiera. España ocupa posiciones bajas en los índices de alfabetización financiera de la OCDE. Y sin conocimientos básicos sobre el funcionamiento del interés compuesto, la inflación o la diversificación, la tendencia natural es dejar el dinero donde está porque parece lo más seguro. Es seguro a corto plazo. A diez años, no tanto.
La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) tiene disponible en su web un portal de educación financiera, Finanzas para Todos, con herramientas gratuitas para comparar productos, calcular la rentabilidad real de diferentes opciones de ahorro e invertir con criterio. El Banco de España tiene un portal similar. Acceder a ellos antes de tomar cualquier decisión sobre dónde poner los ahorros es más útil que la mayoría de los consejos financieros que circulan por redes sociales.




