El bono social energético es una ayuda destinada a hogares con dificultades económicas para pagar la energía, es decir: electricidad y calefacción. Estamos hablando de una suerte de descuento para la factura de la energía de los hogares que varía su grado en función del nivel de vulnerabilidad del beneficiario, con un descuento del 35% para hogares vulnerables y de un 50% para hogares vulnerables severos. No obstante, el último informe de Fedea plantea que esta ayuda no está funcionando como debería ya que deja atrás a muchas más familias de las que ampara.
El bono social se queda corto
Según los datos analizados en el informe, en diciembre de 2025 había cerca de 1,73 millones de hogares beneficiarios del bono social eléctrico, lo que representa aproximadamente el 8,8% del total de hogares en España. Sin embargo, el estudio estima que más de cuatro millones de hogares cumplirían al menos uno de los criterios para acceder a la ayuda, lo que implica que solo alrededor de la mitad de los potenciales beneficiarios la recibe realmente.
La brecha se debe en gran parte a la forma en que se gestiona el acceso al bono. Actualmente los hogares deben solicitarlo de forma activa, aportar documentación y cumplir determinados requisitos administrativos. Este procedimiento provoca que muchos hogares con bajos ingresos no lleguen a pedir la ayuda o desconozcan que pueden solicitarla, lo que reduce significativamente la cobertura del programa.
El análisis también muestra que la distribución del bono no se concentra únicamente en los hogares con menor renta. Aunque los niveles más altos de beneficiarios se encuentran en los dos deciles de ingresos más bajos, el informe detecta que alrededor del 8% de los hogares de renta más alta también reciben el bono, lo que evidencia problemas en el diseño de los criterios de acceso.
El papel controvertido de las familias numerosa
Uno de los factores que explica estas distorsiones es el criterio de familia numerosa. En la normativa actual, disponer del título oficial de familia numerosa permite acceder al bono social incluso si el nivel de ingresos del hogar es relativamente elevado.
Fedea calcula que más de 450.000 hogares reciben el bono social por este motivo, lo que representa aproximadamente una cuarta parte del total de beneficiarios. Según el autor, esto genera una situación paradójica: algunos hogares con ingresos relativamente altos pueden acceder al descuento, mientras que otros con menos recursos quedan fuera por no cumplir ese requisito.
Además, este criterio tiene efectos territoriales. El estudio señala que determinadas regiones con mayor proporción de familias numerosas concentran más beneficiarios de lo que correspondería por su nivel de renta, lo que refuerza la idea de que el sistema no está completamente alineado con la vulnerabilidad económica real.
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Por ello, el informe plantea que el actual modelo de ayudas, basado en distintos bonos para electricidad y calefacción, puede resultar excesivamente fragmentado. En el futuro, además, podrían aparecer nuevas ayudas vinculadas al transporte o al consumo de combustibles, lo que ampliaría aún más esa división.
Ante esta situación, el estudio plantea varias reformas. La primera sería revisar los criterios de elegibilidad para que el acceso al bono dependa exclusivamente del nivel de renta, eliminando el acceso automático por familia numerosa.
En cuanto a la segunda propuesta, desde Fedea abogan por un enfoque más ambicioso: sustituir el sistema actual por una ayuda energética única para hogares vulnerables, que se entregaría en forma de cheque directo y tendría en cuenta factores como la renta del hogar, el número de miembros y la zona climática.
En última instancia, el informe apunta incluso a una reforma más profunda: integrar estas ayudas en mecanismos más amplios de protección social, como el ingreso mínimo vital. El objetivo sería evitar la proliferación de ayudas específicas para cada tipo de gasto y abordar el problema de la pobreza desde una perspectiva más global.
Por lo que, en definitiva, el estudio concluye que el bono social energético cumple una función importante, pero su diseño actual limita su eficacia, ya que no garantiza que la ayuda llegue de forma prioritaria a los hogares con menos recursos.





