Por qué los hombres suelen necesitar más calorías que las mujeres

Las calorías que necesita una persona cada día, pero no siempre se tiene en cuenta que esas necesidades no son iguales para todo el mundo. Y es que, aunque durante años se haya repetido que los hombres necesitan más energía que las mujeres, lo cierto es que detrás de esa diferencia hay muchos más factores de los que parece. Porque no solo influye el sexo, también entran en juego la masa muscular, la edad, el nivel de actividad física y, por supuesto, el contexto de cada persona.

En términos generales, los organismos de salud suelen situar la recomendación media en unas 2.000 kilocalorías diarias para las mujeres y unas 2.500 para los hombres. No obstante, conviene recordar que estas cifras son orientativas y no funcionan como una norma cerrada. Porque una mujer muy activa puede necesitar más energía que un hombre sedentario, y una persona joven no siempre tendrá los mismos requerimientos que otra de más edad.

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¿Por qué los hombres suelen necesitar más calorías?

Si hay una razón que se repite con frecuencia al hablar de este tema, esa es el metabolismo basal. Es decir, la cantidad de energía que el cuerpo necesita para mantenerse en funcionamiento incluso en reposo. Y aquí la masa muscular tiene mucho que decir, porque el músculo consume más energía que la grasa, incluso cuando no estamos haciendo ejercicio. Por ello, como de media los hombres suelen tener más masa muscular, su gasto energético basal también tiende a ser más alto.

Sin embargo, esto no significa que la diferencia dependa únicamente del sexo. También influye el peso total, la composición corporal y la edad. De hecho, instituciones como los NIH y otros organismos de salud recuerdan que el gasto energético en reposo cambia bastante según la cantidad de masa libre de grasa que tenga cada persona. Por eso, no conviene quedarse solo con el promedio.

La actividad física también cambia por completo la ecuación

Más allá del metabolismo basal, hay otro factor que puede alterar mucho las necesidades energéticas: el movimiento diario. Y es que una persona activa necesita más energía que otra sedentaria, independientemente de si es hombre o mujer. Por ello, cualquier cálculo de calorías que no tenga en cuenta el estilo de vida se queda bastante corto.

Además, el ejercicio no solo eleva el gasto calórico del momento, también ayuda a conservar la masa muscular, algo clave para que el metabolismo no se ralentice tanto con el paso del tiempo. Porque al final no se trata solo de comer más o menos, sino de entender cómo funciona el cuerpo según el ritmo de vida que llevamos.

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La edad también influye en la energía que necesita el cuerpo

Otro aspecto importante es la edad. Y es que, a medida que pasan los años, la masa muscular suele disminuir de forma progresiva. Esto hace que el metabolismo basal también se reduzca y que, en muchos casos, el cuerpo necesite menos calorías que antes. Por eso, hay personas que notan que comen igual que hace años, pero su cuerpo ya no responde del mismo modo.

No obstante, esto tampoco debe interpretarse como una invitación a comer menos sin más. Más bien pone sobre la mesa la necesidad de revisar la alimentación según la etapa vital, el ejercicio que se practica y la composición corporal de cada uno. Porque las necesidades cambian, y lo que funcionaba en un momento determinado no siempre sirve igual diez años después.

No existen reglas fijas para todo el mundo

A simple vista, puede parecer que el asunto se resuelve diciendo que los hombres necesitan más calorías y las mujeres menos. Pero la realidad es bastante más compleja. Las propias guías oficiales insisten en que los valores medios deben entenderse solo como un punto de partida, no como una orden cerrada. Porque la nutrición no funciona bien cuando se aplica con fórmulas rígidas a personas muy distintas entre sí.

En definitiva, sí, en promedio los hombres suelen necesitar más calorías que las mujeres. Pero eso no significa que esa diferencia sea automática en todos los casos ni que baste con mirar el sexo para saber cuánto necesita comer una persona. Al final, la clave sigue estando en personalizar, observar el contexto y entender que el cuerpo no responde solo a una cifra, sino a una combinación de factores que cambian a lo largo de la vida


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