José Abellán (39), cardiólogo: “La nicotina es más adictiva que la cocaína; su potencial es brutal”

El cardiólogo José Abellán advierte que la nicotina, altamente adictiva, somete al corazón a un esfuerzo constante, daña arterias y mantiene riesgos incluso con el vapeo.

Creer que el tabaco es solo un hábito nocivo se ha quedado corto. La evidencia acumulada en las últimas décadas sobre la nicotina muestra un impacto directo y profundo sobre el organismo, especialmente en el sistema cardiovascular.

En este escenario, la advertencia del cardiólogo José Abellán adquiere un peso particular. El especialista asegura que la nicotina no solo engancha, sino que condiciona el funcionamiento del cuerpo de una manera más agresiva de lo que muchos imaginan.

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La nicotina y el corazón: un mecanismo de daño constante

La nicotina y el corazón: un mecanismo de daño constante

Para entender el problema, conviene detenerse en lo esencial. Cada calada de tabaco introduce en el organismo cientos de sustancias tóxicas, pero la nicotina ocupa un lugar central. Es la responsable directa de la adicción y, según explica el especialista, su capacidad para generar dependencia supera incluso a drogas como la cocaína.

El efecto de la nicotina sobre el cuerpo es inmediato. Aumenta la frecuencia cardíaca y la fuerza con la que el corazón se contrae. Esto implica que el órgano trabaja más y en condiciones menos favorables. La nicotina, por tanto, no solo engancha, sino que exige un esfuerzo constante al sistema cardiovascular.

A este proceso se suman los radicales libres, que dañan las paredes de las arterias, y el monóxido de carbono, que reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno. El resultado es una combinación especialmente perjudicial. El corazón recibe menos oxígeno mientras se le exige más rendimiento.

En palabras del propio Abellán, es como pedirle más a un motor mientras se le reduce el combustible. La nicotina actúa como el detonante de ese desequilibrio. No es un efecto puntual, sino un proceso sostenido en el tiempo que termina deteriorando las arterias.

De hecho, los cardiólogos observan este daño de forma directa. Las arterias de los fumadores presentan rigidez, acumulación de placas y un flujo sanguíneo más lento. La nicotina está presente en cada uno de esos cambios, contribuyendo a un desgaste progresivo que muchas veces pasa desapercibido hasta que aparece el problema.

Vapear: ¿una alternativa o una nueva puerta de entrada?

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En los últimos años, el debate se ha trasladado a los dispositivos electrónicos. Muchos consideran que vapear es una opción menos perjudicial. Sin embargo, la realidad es más compleja.

Aunque algunos estudios apuntan a que el vapeo podría ser menos dañino que el tabaco tradicional, esto no lo convierte en inocuo. La nicotina sigue estando presente en muchos de estos dispositivos, manteniendo el mismo potencial adictivo. Además, se inhalan otras sustancias como metales pesados o compuestos químicos que también afectan al organismo.

Los datos empiezan a ser preocupantes. Algunos registros indican que quienes vapean presentan un mayor riesgo de infarto en comparación con quienes no lo hacen. El problema, además, no se limita al impacto individual. El vapeo se ha extendido con rapidez entre los más jóvenes. Lo que en un principio se planteó como una herramienta para dejar de fumar se ha convertido, en muchos casos, en una puerta de entrada al consumo de nicotina.

La facilidad de acceso y la normalización social han contribuido a este fenómeno. Dispositivos atractivos, sabores variados y una percepción de menor riesgo han favorecido su expansión. Sin embargo, detrás de esa imagen, la nicotina sigue actuando con la misma intensidad.

Desde el punto de vista médico, la conclusión es clara. Reducir el daño no es lo mismo que eliminarlo. Cambiar el cigarrillo por el vapeador puede disminuir ciertos riesgos, pero mantiene otros, especialmente los relacionados con la nicotina.

En síntesis, el mensaje de los especialistas apunta en una dirección concreta. Ni el tabaco ni sus alternativas ofrecen un escenario seguro. La nicotina, con su alto poder adictivo y sus efectos sobre el organismo, sigue siendo el eje del problema.

Comprender este mecanismo es fundamental para tomar decisiones informadas. Más allá de modas o percepciones sociales, la evidencia científica muestra que el riesgo persiste. Y en ese contexto, la prevención continúa siendo la mejor estrategia.


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