La magia de Uber: dispara ingresos y beneficios, pero paga lo mismo por sociedades

La fiscalidad efectiva en España de Uber apenas superó el 11,7% en el último año.
La clave radica en su estructura internacional que controla a través de Holanda.
España solo 'gestiona el marketing', mientras que los ingresos por cada carrera van a parar a Holanda.

Uber sigue ganando terreno en España año tras año. Así lo demostró la compañía, que en su día fue una de las startups de referencia a nivel global, en su último ejercicio fiscal de 2024: la facturación creció un 18,2% —y mantiene una tendencia al alza ininterrumpida desde el final de la pandemia en 2021—, mientras que los beneficios se dispararon un 676%. Sin embargo, lo más llamativo no fue el crecimiento, sino su fiscalidad: Uber apenas pagó un 13% más en el impuesto de sociedades, de hecho, el tipo efectivo que se quedó en un reducido 11,7%.

Nacida en San Francisco, Uber se convirtió rápidamente en uno de los grandes iconos de la llamada economía colaborativa. Al igual que Airbnb, la otra gran compañía que dio forma a este modelo, ambas comenzaron como plataformas que conectaban a usuarios con necesidades complementarias, aunque no se conocieran previamente. En el caso de Uber, conductores y pasajeros; en el de Airbnb, anfitriones y huéspedes. Así es como Uber llegó a España, revolucionando por completo el sector del transporte urbano.

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Al igual que otras grandes tecnológicas, Uber ha desarrollado una notable capacidad para reducir su carga fiscal al mínimo. De hecho, la compañía ha sido objeto de escrutinio por parte de autoridades tributarias en Europa y otras regiones debido a diversas controversias relacionadas con la elusión fiscal en múltiples jurisdicciones. Para ello, Uber se ha apoyado en estructuras corporativas complejas que le permiten trasladar beneficios a países con menor presión fiscal.

Uber saca partido a no pagar la Seguridad Social de sus trabajadores

España no ha sido un caso aislado, sino uno de los escenarios donde Uber ha perfeccionado mejor su estrategia fiscal. Y no solo por haber reducido su tipo efectivo en el impuesto de sociedades al 11,7%, sino por la estructura que ha ido construyendo con el paso del tiempo. Existe, de hecho, una explicación clara —aunque incómoda para la propia Uber— sobre sus elevados beneficios y su reducida factura fiscal. Dos tercios de las ganancias, unos 2,1 millones de euros, no proceden de actividad real, sino de provisiones que finalmente no han tenido que utilizarse.

Ese montante, que la compañía registra como “exceso de provisiones”, tiene su origen en disputas relacionadas con el pago de cotizaciones sociales. Tras la aprobación de la Ley Rider, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social inició hasta 17 procesos contra Uber. Sin embargo, seis de ellos prescribieron, lo que permitió revertir provisiones por valor de 2,1 millones de euros. Tal y como reconoce la propia empresa en sus cuentas, este ajuste supuso un importante ahorro, reduciendo de forma significativa los costes inicialmente previstos.

Pero Uber no se ha convertido en un referente de optimización fiscal únicamente por estos ajustes en España. Más bien, son una muesca más de su filosofía. La clave de su estrategia está mucho más lejos, tanto geográfica como estructuralmente: en Países Bajos, donde se sitúa el epicentro de sus operaciones internacionales a través de Uber International Holding. Ya en 2019, el Centro Internacional para el Impuesto de Sociedades (CICTAR) señalaba que la principal filial holandesa de Uber había permitido evitar al menos 552 millones de euros en impuestos a nivel global.

Uber: de España a Holanda y vicerversa

En ese mismo año, 2019, Uber registró su mayor pago por impuesto de sociedades en España. Curiosamente, esa cifra —algo más de 423.000 euros— supera ampliamente lo abonado en 2022, 2023 y 2024, a pesar de que la facturación en estos años ha sido similar o incluso muy superior, con incrementos del 10% en 2023 y del 28,5% en 2024.

Obviamente, la inflación influye en estas cifras, ya que eleva tanto ingresos como costes. Aun así, también entra en juego la estrategia fiscal de Uber, que la compañía lleva perfeccionando durante años. El mecanismo es tan sencillo como eficaz: la matriz holandesa paga a Uber Spain por servicios como marketing, y esta tributa en España únicamente por ese margen. Sin embargo, los ingresos clave del negocio —incluido aproximadamente el 25% de cada trayecto pagado por los clientes— se transfieren directamente a Países Bajos.

¿Por qué? Porque Países Bajos aplica una fiscalidad más favorable a los beneficios derivados de activos intangibles, como marcas, software o royalties, con tipos cercanos al 15%, frente al 25% en España o más del 30% en otros países. El mecanismo es claro: Uber traslada su propiedad intelectual —la app, el algoritmo o la marca— a una filial en Países Bajos, obligando al resto de filiales a pagar por su uso.

En definitiva, Uber ha construido un modelo que le permite desplazar beneficios a jurisdicciones con menor carga fiscal, reduciendo significativamente los impuestos que paga en países como España, incluso en un contexto de fuerte crecimiento de su actividad. Un truco de magia a la vista de todos, que año tras año sigue sorprendiendo.


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