Miguel Toribio‑Mateas (47), neurocientífico: “No es falta de atención; es que el mundo exige más foco del que el cerebro puede dar”

El neurocientífico Miguel Toribio Mateas sostiene que la crisis de atención no es individual. Un entorno hiperestimulante fragmenta el foco, eleva la fatiga mental y explica la procrastinación y la sensación de no rendir suficiente hoy.

Pensar que la falta de atención es un problema individual se ha vuelto casi automático. Sin embargo, cada vez más expertos apuntan a otra dirección. No es que el cerebro falle, sino que el entorno exige un nivel de foco difícil de sostener.

En ese cruce entre ciencia y experiencia aparece Miguel Toribio Mateas, neurocientífico, quien plantea que la dificultad no está solo en nosotros, sino en cómo hemos organizado el mundo que rodea al cerebro.

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Un cerebro sin botón de encendido: el mito de la atención constante

Un cerebro sin botón de encendido: el mito de la atención constante
Fuente: Agencia

Durante años se ha instalado la idea de que el cerebro debe responder de forma inmediata. Sentarse frente al ordenador y rendir al máximo parece una obligación incuestionable. Sin embargo, la evidencia científica y la experiencia cotidiana muestran otra cosa.

Toribio Mateas asegura que no existe un “botón” que active el cerebro cuando uno lo decide. Esa sensación de bloqueo, como pasar dos horas evitando enviar un simple correo, no es excepcional. Es una manifestación de cómo funciona realmente el cerebro.

En una mente neurotípica se espera cierta capacidad de iniciar y sostener tareas. Pero incluso en ese escenario, el cerebro depende de factores como la motivación, el descanso o el contexto emocional. No siempre responde con la rapidez que exige el entorno.

El problema aparece cuando ese entorno se vuelve hiperestimulante. Pantallas, notificaciones, multitarea y presión constante generan una demanda excesiva sobre la mente. En ese escenario, la atención no desaparece: se fragmenta.

Lejos de lo que se suele pensar, no es que la mente tenga menos capacidad. Es que se le pide más de lo que puede gestionar de forma sostenida. La consecuencia es conocida: fatiga mental, procrastinación y una sensación constante de no estar rindiendo lo suficiente.

¿Falta de atención o exceso de exigencia? Señales que conviene observar

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En este contexto, muchas personas comienzan a preguntarse si lo que experimentan puede estar relacionado con el TDAH. El aumento de diagnósticos no necesariamente implica un sobrediagnóstico. Según el experto, más bien refleja una mayor comprensión del funcionamiento del cerebro.

Existen señales cotidianas que pueden servir como alerta. Olvidar dónde se ha dejado un objeto hace apenas unos minutos es una de las más frecuentes. También lo es la dificultad para iniciar tareas simples, incluso sabiendo que requieren poco tiempo.

Otro indicador es la impulsividad, que puede ir desde decisiones económicas poco meditadas hasta cambios constantes en hábitos o relaciones. A esto se suma el llamado “hiperfoco”, una capacidad de la mente para concentrarse intensamente en aquello que resulta interesante, pero que convive con la imposibilidad de atender lo que no genera estímulo.

En todos estos casos, el cerebro no está fallando. Está priorizando. Funciona como un sistema que asigna recursos en función de la relevancia percibida. Cuando una tarea no activa ese interés, el cerebro simplemente no arranca.

Además, la investigación actual apunta a factores menos visibles, como la relación entre el estrés, la digestión y el cerebro. El eje intestino-cerebro empieza a ocupar un lugar central en la explicación del rendimiento cognitivo y emocional.

En paralelo, el lenguaje también juega un papel clave. El concepto de “neuroafirmación” propone abandonar la idea de que hay cerebros correctos e incorrectos. En su lugar, se plantea que existen diferentes formas de procesar la realidad. Este cambio de enfoque no es menor. Implica dejar de interpretar ciertos comportamientos como fallos y empezar a entenderlos como variaciones del funcionamiento de nuestra mente.

En conclusión, la atención no puede analizarse de forma aislada del entorno. El cerebro no es una máquina que responde a demanda constante, sino un sistema sensible a estímulos, emociones y contexto. Entender esto permite reducir la autoexigencia y abrir una mirada más realista. Quizás el problema no sea cómo funciona, sino lo que esperamos de él.


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