La delincuencia itinerante en Cataluña ha cruzado una línea roja que la justicia ya no está dispuesta a tolerar como una falta menor. Durante años, las bandas conocidas popularmente como las ‘Mimosas’ —generalmente mujeres jóvenes que utilizan el contacto físico cariñoso para robar a ancianos— operaban en un vacío legal donde sus actos solían castigarse como hurtos o estafas. Sin embargo, en este marzo de 2026, los Mossos d’Esquadra han cambiado las reglas del juego. Tras la detención de una presunta integrante de este grupo en el área metropolitana de Barcelona, los cargos presentados han sido contundentes: agresión sexual y robo con violencia.
El caso, que ha causado una profunda indignación social, describe escenas de una violencia física y moral degradante. Las víctimas, hombres de entre 75 y 90 años, eran asaltadas a plena luz del día. La detenida, siguiendo el manual de las ‘Mimosas’, se aproximaba a ellos con una sonrisa, invadiendo su espacio personal bajo cualquier pretexto. Pero, según la investigación, el «mimo» se transformaba rápidamente en una agresión. Para evitar que el anciano se resistiera al robo de su reloj de alta gama o su cadena de oro, la agresora procedía a realizar tocamientos violentos en los genitales de la víctima.
La Ley del ‘Solo sí es sí’ como escudo para los ancianos
El cambio de paradigma en 2026 radica en la tipificación penal. Con la consolidación de la legislación sobre libertad sexual (la ley del ‘Solo sí es sí’), cualquier acto de contenido sexual sin consentimiento es una agresión. En este caso, los Mossos y la Fiscalía han determinado que el contacto con los genitales de los ancianos no era un hecho accidental durante el forcejeo, sino una táctica deliberada de humillación y sometimiento para anular la capacidad de reacción del hombre.
Esta interpretación legal es revolucionaria en la lucha contra estas bandas. Si anteriormente una ‘Mimosa’ podía salir de comisaría con una multa o una pena mínima por hurto, en este 2026 se enfrenta a marcos penales que oscilan entre los 4 y los 10 años de cárcel, dependiendo de la violencia empleada. Para los Mossos d’Esquadra, este endurecimiento es vital: «No solo estamos protegiendo el patrimonio de nuestros mayores, estamos protegiendo su integridad física y su dignidad sexual», afirmaba un portavoz del cuerpo tras la operación.
Un rastro de víctimas en toda Cataluña
La investigación sigue abierta, ya que se sospecha que la detenida forma parte de una red más amplia que se desplaza por municipios como L’Hospitalet, Badalona y Sabadell. El modus operandi es tan rápido que muchas víctimas, por vergüenza o confusión, no denunciaban inicialmente la parte del asalto sexual, centrándose solo en la pérdida económica. Sin embargo, el trabajo de las unidades de atención a la víctima ha sido crucial para que los ancianos se atrevieran a relatar la crudeza total de los hechos.
Los Mossos han hecho un llamamiento a las familias para que estén alerta y hablen con sus mayores sobre este peligro. La «técnica del abrazo» ha muerto para dar paso a un ataque mucho más directo y traumático. En este 2026, la policía catalana tiene claro que el asalto a la intimidad de una persona vulnerable es un delito que la sociedad ya no puede perdonar bajo el disfraz de una picaresca delictiva.
El fin de la impunidad de las ‘Mimosas’
Estas detenciones marcan un antes y un después. Al elevar estos robos a la categoría de delitos contra la libertad sexual, la justicia española y catalana envía un mensaje disuasorio a las bandas internacionales que operan en la costa mediterránea. El cuerpo de los ancianos no es un campo de batalla para el robo y cualquier «mimo» forzado será tratado con la máxima severidad de la ley.




