Alba Valle, psicóloga: “Meditar no es dejar la mente en blanco; es aprender a soltar lo que te domina”

En los últimos años, cada vez más personas buscan herramientas para reducir el estrés y recuperar el control sobre su vida. En ese camino, la práctica de meditar ha dejado de ser un hábito espiritual aislado y cuestionado para convertirse en un recurso cada vez más presente.

Detrás de este interés creciente aparecen figuras importantes que explican cuales son los beneficios y que logros se pueden llegar a alcanzar. Una de ellas es Alba Valle, psicóloga especializada en mindfulness, quien lleva más de dos décadas investigando cómo meditar puede transformar la relación con la mente y mejorar el bienestar diario.

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Del elefante desbocado a la mente clara: cómo funciona el entrenamiento mental

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Una de las imágenes más potentes que utiliza la tradición budista para explicar la mente es la de una tanca. En ella aparece un monje persiguiendo a un elefante negro desbocado, acompañado por un mono inquieto. Esta escena representa el estado inicial de quien intenta meditar sin entrenamiento.

El elefante simboliza la mente. Es poderosa, pero también difícil de controlar. El mono, en cambio, representa el hábito constante de saltar entre pensamientos, siempre entre el pasado y el futuro. En este punto, meditar se vuelve complejo, ya que la atención se dispersa con facilidad.

A medida que avanza el camino, la imagen cambia. El elefante empieza a mostrar manchas blancas, el mono se calma y el monje deja de perseguir para comenzar a guiar. Este proceso refleja lo que ocurre cuando una persona decide meditar de forma constante.

Según explica Alba Valle, el objetivo no es eliminar pensamientos, sino aprender a relacionarse con ellos. Meditar implica observar sin reaccionar de manera automática. Con el tiempo, esa práctica permite pasar de una mente caótica a una mente más clara y estable.

El punto final de la tanca es revelador. El monje ya no corre. Cabalga un elefante blanco mientras el mono permanece tranquilo. Es la imagen de una mente entrenada. En este estado, meditar deja de ser un esfuerzo y se convierte en una forma natural de estar presente.

Este proceso no es inmediato. Requiere constancia y comprensión. La clave está en asumir que la mente, por naturaleza, tiende al ruido. Meditar no la cambia de raíz, pero sí permite utilizar su potencial a favor.

Qué ocurre en el cerebro cuando decides meditar cada día

Qué ocurre en el cerebro cuando decides meditar cada día
Fuente: agencias

Más allá de su origen espiritual, meditar ha sido ampliamente estudiado por la ciencia en las últimas décadas. Los resultados han contribuido a explicar por qué esta práctica genera beneficios reales en la salud mental y física.

Diversas investigaciones han demostrado que meditar de forma regular puede modificar la estructura del cerebro. Uno de los cambios más destacados es la reducción del tamaño de la amígdala, una región asociada al miedo y al estrés. Esto se traduce en una menor reactividad ante situaciones cotidianas.

Al mismo tiempo, meditar fortalece áreas relacionadas con la atención y la toma de decisiones. La corteza prefrontal, clave en el autocontrol, se vuelve más activa. Esto permite gestionar mejor las emociones y responder con mayor claridad.

Otro aspecto relevante es el impacto en el sistema nervioso. Meditar activa el sistema parasimpático, responsable de los estados de calma. Esto favorece una sensación de seguridad interna que reduce la ansiedad y mejora la regulación emocional.

Además, meditar influye en el corazón. La variabilidad de la frecuencia cardíaca aumenta, lo que indica una mayor capacidad de adaptación al entorno. Este dato se ha convertido en uno de los principales indicadores de bienestar fisiológico.

Para Alba Valle, estos cambios explican por qué meditar no es solo una técnica puntual. Es una forma de entrenamiento integral. No se trata únicamente de relajarse, sino de desarrollar una mayor conciencia sobre lo que ocurre en el interior.

En la práctica, empezar a meditar puede ser más sencillo de lo que parece. Un ejercicio básico consiste en observar la mente durante un minuto y contar los pensamientos que aparecen. Este primer paso permite entender cómo funciona la atención y por qué cuesta sostenerla.

A partir de ahí, meditar implica avanzar de forma progresiva. Primero, reconocer lo que ocurre en la mente. Después, regular la respuesta emocional. Finalmente, actuar con mayor claridad. Es un proceso que combina práctica, paciencia y autoconocimiento.

En un contexto marcado por la prisa y la sobreestimulación, meditar se presenta como una herramienta accesible para recuperar el equilibrio. No exige aislarse del mundo, sino aprender a estar en él con mayor estabilidad.


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