Ignacio Morgado (75), neurocientífico: “Sin emociones, el cerebro no sabe decidir correctamente”

El neurocientífico Ignacio Morgado sostiene que el cerebro no decide solo con lógica: las emociones son clave para elegir correctamente, interpretar la realidad y dar sentido a un mundo que, sin ellas, sería incomprensible.

Pensar que se piensa con el cerebro parece algo evidente. Nadie lo cuestiona. Desde pequeños se aprende como una verdad absoluta, aunque lo cierto es que casi nadie lo experimenta de forma directa. Se asume, se repite y se da por válido.

Sin embargo, detrás de esa idea se esconde un sistema mucho más complejo. El cerebro no solo permite pensar. También construye la realidad que percibimos, condiciona nuestras decisiones y define la forma en la que entendemos el mundo.

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El cerebro crea la realidad: lo que vemos no es lo que hay

El cerebro crea la realidad: lo que vemos no es lo que hay
Fuente: agencias

Uno de los planteamientos más llamativos de Ignacio Morgado es que el mundo, tal como lo percibimos, no existe fuera de nosotros. Cuando una persona observa un paisaje en un día soleado, tiene la sensación de que está lleno de luz, colores y sonidos. Pero eso no es exactamente así.

Fuera del cuerpo humano no hay colores ni sonidos. Lo que existe es energía, vibraciones y partículas. Es el cerebro el que transforma esa información en una experiencia comprensible. Las neuronas convierten señales físicas en imágenes, sonidos o sensaciones que tienen sentido para nosotros.

Esta idea no siempre resulta fácil de aceptar. Muchas personas tienden a pensar que lo que ven es la realidad tal cual es. Sin embargo, lo que realmente ocurre es que el cerebro interpreta continuamente lo que sucede fuera. Sin esa interpretación, el entorno sería caótico y difícil de entender.

El papel del cerebro en este proceso es constante. A través de los sentidos, capta estímulos del exterior y los reorganiza. Esa capacidad permite no solo percibir, sino también adaptarse al entorno. Es, en definitiva, una herramienta de supervivencia.

En este punto aparece otro elemento clave: la mente. Morgado la define como el conjunto de procesos que realiza el cerebro. Pensar, recordar, emocionarse o decidir forman parte de ese sistema. Lo relevante es que muchos de estos procesos no son conscientes.

De hecho, el cerebro trabaja en gran medida de forma automática. Actividades cotidianas como conducir, caminar o vestirse se realizan sin necesidad de pensar en cada paso. Esto permite ahorrar esfuerzo y actuar con mayor eficiencia. El cerebro aprende, automatiza y repite.

Emoción y razón: el equilibrio que guía cada decisión

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Uno de los aspectos más relevantes del análisis de Morgado es la relación entre emoción y razón. Durante años se ha defendido la idea de que las decisiones deben ser puramente racionales. Sin embargo, la evidencia científica apunta en otra dirección.

El cerebro necesita de las emociones para decidir correctamente. Cuando una persona evalúa distintas opciones, la razón plantea escenarios posibles. Pero es la emoción la que anticipa las consecuencias de cada elección. Sin esa guía, la decisión pierde sentido.

Existen casos documentados de personas que, tras sufrir daños en determinadas zonas del cerebro, perdieron la capacidad de conectar emoción y razón. Aunque podían analizar situaciones de forma lógica, eran incapaces de tomar decisiones adecuadas. Dudaban constantemente o elegían mal.

Esto demuestra que el cerebro no funciona por partes aisladas. Es un sistema integrado. La emoción orienta y la razón organiza. Cuando ambas entran en conflicto, aparece el malestar. El estrés, en muchos casos, surge precisamente de esa falta de coherencia interna.

A esto se suman las llamadas emociones negativas. La envidia, el odio o la codicia tienen un origen evolutivo, pero en la actualidad suelen generar más problemas que beneficios. El cerebro las activa como mecanismos de defensa, aunque no siempre resultan útiles.

Otro factor determinante es el sueño. Durante la noche, el cerebro no se detiene. Al contrario, continúa trabajando. Consolida la memoria, organiza la información y favorece la creatividad. Muchas soluciones aparecen después de dormir, cuando el cerebro ha procesado los datos sin interferencias.

El paso del tiempo también afecta al funcionamiento del cerebro. Con el envejecimiento, ciertas capacidades se debilitan, especialmente la memoria reciente. Sin embargo, las emociones siguen jugando un papel fundamental. Aquello que emociona se recuerda mejor, incluso con el paso de los años.

En este contexto, Morgado insiste en una idea central. No se trata de eliminar las emociones, sino de aprender a gestionarlas. El equilibrio entre emoción y razón es lo que permite tomar decisiones más acertadas y vivir con mayor estabilidad.


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