Las intervenciones de riesgo, la presión constante y la exposición a situaciones límite forman parte del día a día de cualquier policía de nuestro país. Sin embargo, hay un aspecto que durante años ha quedado en un segundo plano: la salud mental. Un problema oculto que, según los propios agentes, sigue rodeado de cierto tabú.
La experiencia sobre esta problemática de Pelayo Gayol, exmiembro y formador del GEO, aporta una visión de como es la fuerza del orden desde dentro. Su experiencia no solo da cuenta de la exigencia del trabajo policial, sino también denuncia la necesidad urgente de cambiar la forma en la que se aborda el bienestar emocional dentro del cuerpo.
El silencio que rodea a la salud mental en la policía

Hablar de salud mental en la policía no siempre resulta sencillo. Tal y como explica Gayol, existe una barrera cultural que dificulta reconocer abiertamente determinados problemas. “En la policía hay un tabú con el suicidio; parece que si no se habla, no existe”, afirma.
Si bien evita dar cifras concretas, el exmiembro del GEO sí reconoce que se trata de una preocupación real. La falta de datos claros y la escasa visibilidad del problema contribuyen a que muchas situaciones queden ocultas. En este sentido, la policía comparte dinámicas con otros sectores sometidos a alta presión, como el sanitario o el educativo.
El problema no radica únicamente en la dureza del trabajo, sino también en cómo se gestionan las emociones. Un agente de policía se enfrenta a escenarios extremos que van desde la violencia doméstica hasta situaciones imprevisibles en la calle. Cada intervención deja huella, aunque no siempre sea visible.
Para Gayol, una de las claves para comenzar a tratar esta problemática está en normalizar la conversación. No se trata solo de acudir a un especialista, sino de generar espacios de confianza dentro del propio entorno profesional. “Cuanto más te guardas lo que has vivido, más te rompe por dentro”, resume, poniendo el foco en una realidad compartida por muchos agentes de policía.
La importancia del equipo y la resistencia mental
Si hay un elemento que define el trabajo en unidades especiales es la fortaleza psicológica. En este punto, Gayol introduce una idea que rompe con ciertos tópicos arraigados en lo colectivo: lo físico no es lo determinante. “Lo importante no es el físico, es la cabeza”, sostiene.
Durante los procesos de selección del GEO, uno de los principales objetivos es medir la resistencia mental. Los aspirantes son sometidos a niveles de estrés elevados para comprobar cómo reaccionan ante la presión. El objetivo es detectar posibles puntos de ruptura antes de que se produzcan en una intervención real.
Lastimosamente, este modelo no es fácilmente trasladable al conjunto de la policía. La falta de tiempo y recursos impide aplicar procesos tan exhaustivos a gran escala. Aun así, el exformador reconoce que se están produciendo avances en la formación, con un mayor énfasis en la preparación técnica y psicológica.
En el día a día, el verdadero apoyo no siempre viene de fuera. Para Gayol, el papel del compañero es fundamental. La confianza dentro del grupo permite compartir experiencias que, de otro modo, quedarían reprimidas. “El mejor psicólogo de un policía es su compañero”, asegura, destacando la importancia del vínculo humano dentro del cuerpo.
Esta dinámica no es casual. Las unidades especiales se construyen sobre la base de la cohesión. No se busca al mejor en un aspecto concreto, sino perfiles equilibrados, capaces de mantener un rendimiento constante. La clave está en formar equipos homogéneos, donde cada miembro confíe plenamente en el otro.
En la policía, este equilibrio resulta más complejo debido a la diversidad de funciones y situaciones. Desde los agentes que patrullan en un coche hasta quienes intervienen en operativos más delicados, todos comparten una misma realidad: la exposición continua al estrés.
Por ello, el debate sobre la salud mental en la policía sigue abierto. El diagnóstico de Gayol no solo reflejan una experiencia personal, sino también una necesidad colectiva. Romper el silencio, reforzar el apoyo interno y mejorar la formación son algunos de los pasos que, poco a poco, comienzan a formar parte de la conversación cotidiana dentro de la fuerza.





