Las cadenas de suministro son el conjunto de actividades, procesos, actores y flujos comerciales necesarios para el desarrollo pleno de una tecnología. Dentro del panorama energético estas cadenas de suministro se han convertido en todo un recurso estratégico y más cuando se habla de las energías limpias. En este sentido, el último informe de la Agencia Internacional de la Energía lo tiene claro: actualmente las cadenas de suministros están en una situación delicada que podría poner en jaque al desarrollo de las energías limpias.
Las cadenas de suministro, en riesgo por la concentración geográfica
La advertencia no es menor, ya que en la llamada “Era de la Electricidad” , la seguridad energética ya no depende únicamente del acceso al petróleo o al gas; sino de, cada vez más, del acceso estable a minerales críticos, capacidad industrial y rutas comerciales seguras. No por nada estos elementos no responden a un mercado pequeño, en 2023 el mercado global de seis tecnologías clave: solar fotovoltaica, eólica, baterías, vehículos eléctricos, bombas de calor y electrolizadores, superó los 700.000 millones de dólares. Esta cifra que refleja tanto el dinamismo del sector como su creciente importancia estratégica.

Pero detrás de ese crecimiento se esconde una estructura altamente concentrada. China, por ejemplo, concentra alrededor del 60% del mercado global de estas tecnologías, y domina más del 95% de la producción mundial de obleas solares, un componente esencial para la fabricación de paneles fotovoltaicos. En el caso de los minerales, más de la mitad de las reservas conocidas de cobalto se encuentran en la República Democrática del Congo; mientras que el procesamiento de tierras raras está igualmente concentrado en pocos países, donde China vuelve a ser claramente la que se encuentra en una posición ventajosa.
Los minerales críticos: El nuevo arma estratégica que determinará la transición energética
Esta concentración geográfica convierte a las cadenas de suministro en un punto vulnerable. Las tensiones comerciales, los controles a la exportación o los conflictos geopolíticos pueden alterar rápidamente el flujo de materiales esenciales. El informe recuerda cómo recientes restricciones a la exportación de tierras raras provocaron subidas abruptas de precios en Europa y dificultades en sectores como la automoción y la industria energética. Por lo que, cuando un componente crítico escasea, no solo se encarece el producto final, sino que se ralentiza toda la transición energética.
Además, la complejidad tecnológica añade otra capa de riesgo. Por ejemplo, un parque eólico terrestre requiere hasta nueve veces más recursos minerales que una planta de gas de igual capacidad; o incluso para la producción de las baterías de los vehículos eléctricos se requieren de cadenas que atraviesan múltiples continentes, desde la minería hasta el ensamblaje final. Este escenario da pie a que cada eslabón se constituya como un posible punto de parón para toda la producción.

No obstante, el problema, no es solo físico, también es estadístico. En este sentido, la propia Agencia Internacional de Energía reconoce que no existe hoy una fuente global única y fiable que consolide datos completos y actualizados sobre producción, capacidad industrial, inversiones o comercio en estas cadenas. Según expone el informe, sin datos precisos, los gobiernos toman decisiones estratégicas a ciegas; y en un contexto de competencia industrial creciente, la opacidad se convierte en un riesgo adicional.
Paradójicamente, la transición energética avanza más rápido que la capacidad institucional para medirla. Mientras los países compiten por atraer fábricas de baterías o asegurar el suministro de litio, los sistemas estadísticos siguen fragmentados y, en muchos casos, dependen de bases de datos privadas costosas.
En definitiva, el mensaje del informe es claro: diversificar, cooperar y mejorar la calidad de la información son pasos imprescindibles para blindar la transición energética. De lo contrario, las energías limpias podrían depender de una arquitectura industrial frágil, expuesta a tensiones geopolíticas y vulnerabilidades logísticas, que podrían frenar su avance.



