Federico Pavlovsky (51), psiquiatra: “El mayor placer de la adicción no es consumir, es la expectativa de consumir”

El psiquiatra Federico Pavlovsky explica que el mecanismo central de la adicción está en el cerebro: la expectativa de consumir activa con más fuerza el circuito de recompensa que el consumo mismo, manteniendo vivo el deseo.

La adicción es uno de los problemas de salud mental más extendidos y, al mismo tiempo, más incomprendidos. A menudo se asocia con imágenes extremas o con personas marginadas, pero la realidad es mucho más compleja y cercana.

El psiquiatra Federico Pavlovsky sostiene que detrás de cada adicción existe una historia personal marcada por el dolor, la búsqueda de alivio y un largo camino hasta pedir ayuda.

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El inicio silencioso de la adicción y los años antes de pedir ayuda

El inicio silencioso de la adicción y los años antes de pedir ayuda
Fuente: agencias

Un adicto, explica Pavlovsky, es una persona que perdió el control sobre el consumo y que, aun sabiendo que esa conducta le provoca un daño evidente, no logra detenerla.

Lo más llamativo es que ese proceso suele desarrollarse durante años. Muchas personas comienzan consumiendo de forma ocasional y atraviesan lo que los especialistas llaman una etapa de “luna de miel”. En ese periodo la sustancia parece funcionar. Se consume cuando se quiere, con quién se quiere y sin consecuencias visibles.

Con el tiempo ese equilibrio desaparece. La adicción se convierte en una estructura de vida que invade cada espacio cotidiano. Sin embargo, el pedido de ayuda no llega de inmediato. Según Pavlovsky, la mayoría de las personas consulta después de siete o diez años de consumo problemático.

Durante ese largo recorrido la adicción suele permanecer oculta. Lejos del estereotipo del adicto marginal, muchas personas continúan trabajando, estudiando o manteniendo vínculos familiares mientras luchan en silencio contra el problema.

La demora para buscar tratamiento responde a varios factores. Por un lado aparece la dificultad para reconocer la adicción. Por otro lado existe una fuerte ambivalencia. El consumo no solo produce daño, también cumple una función emocional. Puede aliviar el miedo, el aburrimiento o el dolor.

En ese punto aparece una frase que el propio Pavlovsky repite con frecuencia: “Las adicciones comienzan con dolor y terminan con dolor. Muchas historias de adicción están ligadas a traumas, pérdidas o experiencias difíciles durante la infancia o la adolescencia.

El problema es que, con el paso del tiempo, aquello que parecía ofrecer alivio termina generando más sufrimiento. La adicción deja de ser una solución para transformarse en el centro del problema.

Por qué la expectativa puede ser más fuerte que el consumo

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Uno de los aspectos más sorprendentes de la adicción tiene que ver con el funcionamiento del cerebro. Federico Pavlovsky explica que muchas personas continúan consumiendo incluso cuando el efecto ya no produce placer.

Esto ocurre porque el circuito de recompensa del cerebro está más vinculado a la anticipación que al resultado final. En otras palabras, la expectativa de consumir genera una activación más intensa que el propio consumo.

Por eso el psiquiatra afirma que “el mayor placer de la adicción no es consumir, es la expectativa de consumir”. La promesa del efecto es lo que mantiene activo el impulso, aunque la experiencia real sea cada vez más decepcionante.

Este mecanismo también explica por qué tantas personas recaen después de intentar dejar la adicción. El deseo aparece de forma automática, incluso cuando la persona sabe que el resultado será negativo.

Aun así, la recuperación es posible. En muchos tratamientos se trabaja sobre los hábitos y el entorno que rodea a la adicción. Los especialistas suelen resumir este enfoque con una expresión sencilla: “lugares, personas y cosas”. La idea es identificar los contextos que alimentan el consumo y modificar progresivamente la vida cotidiana. No se trata únicamente de dejar una sustancia, sino de reconstruir una rutina completa.

En ese camino aparece otra frase habitual dentro del mundo de la recuperación: “El tratamiento no es para inteligentes, es para obedientes”. La expresión no busca desvalorizar el pensamiento, sino señalar que el cambio requiere disciplina diaria y una fuerte disposición para seguir indicaciones.

De hecho, muchas personas que logran superar una adicción desarrollan nuevas pasiones con la misma intensidad con la que antes consumían. Algunos se vuelven maratonistas, otros retoman estudios o se dedican a ayudar a quienes atraviesan situaciones similares.

La recuperación también implica una transformación en la forma de pensar el problema. Mientras alguien que dejó de consumir hace poco suele decir “ya está, no vuelvo a hacerlo”, quienes llevan años en sobriedad adoptan una perspectiva distinta.


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