Néstor Sánchez, especialista en Psiconeuroinmunología: “El cansancio constante podría estar revelando algo que casi nadie mira”

- Un experto explica por qué el cansancio constante podría ser una señal biológica del cuerpo y no solo falta de descanso.

Hay algo curioso con el cansancio: se ha vuelto tan común que casi ni lo cuestionamos. “Estoy agotado”, “no tengo energía”, “necesito vacaciones”. Son frases que aparecen en conversaciones diarias con una naturalidad sorprendente. Como si vivir cansados fuera una especie de condición inevitable de la vida moderna.

Pero si uno se detiene un momento —solo un momento— surge una duda incómoda: ¿y si no fuera tan normal como creemos?

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El investigador Néstor Sánchez propone precisamente mirar el cansancio desde otro ángulo. Para él, la fatiga no es simplemente un síntoma molesto que hay que soportar o esconder con café, sino una respuesta adaptativa del organismo. Algo así como una señal que el cuerpo activa cuando percibe que no tiene suficiente energía para seguir funcionando al ritmo que le exigimos.

“La fatiga no es tanto un síntoma sino una respuesta adaptativa a un entorno que tenemos”, explica.

Dicho de forma sencilla: el cuerpo no se está quejando… está avisando.

La señal invisible que podría explicar el cansancio moderno

cansancio
La fatiga crónica podría ser una señal del organismo cuando las células no producen suficiente energía. Fuente: IA

En los últimos años, algunos investigadores han empezado a fijarse en una molécula con un nombre bastante poco memorable: GDF15. .

Dentro de las células hay mitocondrias, que las encargadas de producir la energía que necesita el cuerpo. Son, por decirlo de alguna forma, las baterías microscópicas del organismo.

Cuando no pueden generar suficiente energía liberan ese marcador.

Y ahí ocurre algo interesante.

El cerebro recibe la señal y toma una decisión bastante lógica: reducir el gasto energético. Baja la motivación, ralentiza la actividad y aparece esa sensación tan conocida de fatiga.

Es una estrategia de supervivencia. Como cuando el móvil entra en modo ahorro de batería porque la carga está a punto de agotarse.

Según Sánchez, lo llamativo es que este marcador aparece elevado en muchas enfermedades modernas. Y eso podría indicar que el cansancio persistente no es solo una cuestión de falta de descanso.

“El problema”, dice, “es que hemos normalizado el cansancio”.

“Una cosa es que sea normal y otra cosa es que sea fisiológico. No tendríamos por qué estar cansados tanto”.

Cuando la energía se convierte en la clave de la salud

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Las mitocondrias funcionan como pequeñas baterías celulares que alimentan el cuerpo. Fuente: IA

Para explicar esta visión, Sánchez habla del llamado paradigma bioenergético. La idea es bastante intuitiva: muchas enfermedades modernas tienen que ver con problemas en cómo el cuerpo produce y gestiona su energía.

El cerebro y el sistema inmunitario son muy sensibles a eso

Antes se pensaba que las mitocondrias solo servían para producir energía, pero hoy sabemos que también funcionan como sensores que influyen en cómo se comportan las células.

Cuando estas estructuras empiezan a acumular errores —un fenómeno llamado heteroplasmia mitocondrial— la producción energética se vuelve menos eficiente. Y poco a poco el organismo empieza a enviar señales de que algo no funciona como debería.

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Esto podría explicar algo bastante común en la medicina actual: el hipotiroidismo funcional.

Según Sánchez, en muchos casos no sería la causa del cansancio, sino una consecuencia.

“Tienes hipotiroidismo porque estás cansada”, explica. “Primero viene el cansancio, que es una disfunción mitocondrial que informa a tu cerebro de que no nos podemos permitir activar tu tiroides”.

Un estilo de vida que agota nuestras “baterías”

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El estrés y el estilo de vida moderno pueden afectar la producción de energía del organismo. Fuente: IA

Si las mitocondrias son tan importantes, surge inevitablemente otra pregunta: ¿qué está pasando para que funcionen peor?

La respuesta, según Sánchez, tiene mucho que ver con el estilo de vida actual.

También influye el estrés crónico. El cortisol, la hormona del estrés, puede actuar a largo plazo como un auténtico tóxico para las mitocondrias, empujando a las células hacia un modo de supervivencia.

A esto se suman los tóxicos ambientales, como ciertos metales pesados que dañan la estructura mitocondrial.

Y luego hay algo que puede parecer contradictorio: la falta de estímulos biológicos.

El cuerpo humano necesita desafíos para mantenerse fuerte. Frío, ejercicio, ayuno o incluso retos mentales ayudan a renovar los sistemas energéticos del organismo. Sin esos estímulos, el cuerpo pierde eficiencia.

Cuando el cerebro decide bajar el ritmo

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El cerebro puede activar la sensación de cansancio para ahorrar energía cuando detecta escasez. Fuente: IA

Sánchez también menciona el trabajo del investigador Martin Picard y el llamado principio de resistencia energética.

La idea es bastante clara: la salud depende de que exista un flujo energético adecuado en el organismo.

Cuando la demanda supera lo que las mitocondrias pueden producir, estas envían señales de alerta al cerebro. Una de ellas es el GDF15.

Y el cerebro responde activando lo que podríamos llamar modo ahorro: menos actividad, menos motivación… y más fatiga.

“La fatiga está en el cerebro, no en el músculo”, resume Sánchez.

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