La inflación no es solo un número en las noticias: es lo que cada día sentimos en el bolsillo cuando vamos al supermercado o pagamos las facturas. Hay números que, cuando aparecen en las noticias, parecen lejanos. Fríos. Como si pertenecieran a otro mundo. Un porcentaje, una décima, una gráfica que sube o baja. Pero basta con pensar un momento en lo que significan de verdad para entender que no hablan de economía abstracta. Hablan de algo mucho más cercano: de cuánto cuesta llenar la cesta de la compra, pagar la luz o permitirnos un café fuera de casa sin pensarlo demasiado.
Eso es, al final, lo que mide el Índice de Precios de Consumo, el famoso IPC que tantas veces aparece en titulares. Y el dato que dejó febrero tiene algo de pausa en medio de una historia que llevaba meses moviéndose. La inflación en España se ha mantenido en el 2,3% interanual, lo que pone fin a tres meses seguidos en los que los precios habían ido bajando poco a poco.
A simple vista parece estabilidad. Pero si uno mira un poco más de cerca, la imagen es algo más compleja. La economía ahora mismo se parece a una balanza que intenta mantenerse en equilibrio. Mientras algunos costes bajan, otros vuelven a subir con cierta discreción.
La energía, un pequeño alivio en el camino

Si hay algo que ha ayudado a contener los precios en los últimos meses ha sido la energía. En concreto, la electricidad.
El grupo de vivienda —donde se incluyen los costes energéticos— ha reducido su tasa interanual hasta el 1,9%, lo que supone una caída bastante notable respecto al año anterior.
Cuando la cesta de la compra vuelve a pesar
Mientras la energía ofrecía ese pequeño respiro, otros sectores empezaban a moverse en la dirección contraria. La cesta de la compra, por ejemplo, ha vuelto a empujar los precios hacia arriba.
Los alimentos y bebidas no alcohólicas registraron una subida interanual del 3,2%, un dato que muchos consumidores sienten casi antes de verlo en las estadísticas. Basta con dar una vuelta por el supermercado.
Curiosamente, parte de esta subida se explica porque algunos productos que el año pasado bajaron de precio simplemente han dejado de hacerlo. Es el caso del pescado, el marisco o los aceites y grasas, que tras meses de descensos ahora se han estabilizado.
Y ese pequeño cambio tiene un efecto curioso. Cuando algo deja de bajar, de repente parece que vuelve a subir.
A esto se suma otro sector que también está notando la presión de los precios: la hostelería. Comer fuera, tomar algo o alojarse en un hotel es ahora un poco más caro. De hecho, los servicios de restauración y alojamiento han elevado su tasa interanual hasta el 4,8%.
La inflación que miran con lupa los economistas

Hay otro indicador que suele pasar más desapercibido para el gran público, pero que los economistas siguen casi con lupa: la inflación subyacente.
Este índice elimina de la ecuación los productos más volátiles, como la energía o los alimentos frescos, para observar mejor la tendencia real de los precios.
En febrero, ese indicador subió una décima hasta situarse en el 2,7%, su nivel más alto desde agosto de 2024.
Dicho de forma sencilla: aunque la inflación general parezca estabilizada, todavía hay sectores donde los precios siguen empujando hacia arriba.
Un febrero con subidas discretas, pero visibles

Si se analiza el comportamiento mes a mes —comparando febrero con enero— también se observa un pequeño repunte. El IPC subió un 0,4% en solo un mes, el mayor aumento mensual desde octubre.
Detrás de esta subida hay varios factores bastante claros. Los precios en hoteles y restaurantes aumentaron un 0,9%, mientras que el transporte subió un 0,8%, impulsado sobre todo por el encarecimiento de los combustibles.
A esto se añadió el incremento del 0,6% en los alimentos, especialmente en productos como frutas, legumbres y patatas.
Son subidas pequeñas, sí. Pero cuando se suman, terminan dibujando la tendencia general.
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha señalado que los datos de febrero reflejan una cierta estabilidad. Sin embargo, también ha advertido de algo importante: estos números todavía no recogen el impacto de algunos acontecimientos internacionales recientes.
Entre ellos, el posible efecto que podría tener el conflicto en Irán sobre los precios de la energía. Si el coste energético vuelve a subir, ese aumento podría trasladarse con bastante rapidez al IPC de los próximos meses.




