Carles Tamayo (31), cineasta y periodista: “Todos creemos que nunca caeríamos en una secta, pero cualquiera puede hacerlo”

El cineasta y periodista Carles Tamayo advierte que las sectas utilizan sofisticadas técnicas de manipulación psicológica. Según explica, cualquier persona podría caer en estos grupos si atraviesa un momento vulnerable y encuentra un entorno aparentemente acogedor.

Las sectas suelen presentarse como fenómenos lejanos o asociados a personas especialmente vulnerables. Sin embargo, la realidad es bastante más compleja. A lo largo de la historia han existido grupos capaces de atraer a miles de seguidores utilizando mecanismos de manipulación psicológica muy sofisticados.

El cineasta y periodista Carles Tamayo, que ha investigado el fenómeno durante años, asegura que cualquiera podría caer en una secta si se dan las circunstancias adecuadas. Según explica, el punto no está en la inteligencia de las personas, sino en la forma en que operan estos grupos.

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Cómo funciona la captación dentro de una secta

Cómo funciona la captación dentro de una secta

Uno de los primeros aspectos que Tamayo aclara es que el término secta no siempre se utiliza en el ámbito académico. Muchos especialistas prefieren hablar de grupos que aplican técnicas de persuasión coercitiva. Se trata de mecanismos de manipulación psicológica diseñados para influir en la conducta de las personas.

El proceso de captación rara vez es abrupto. Por el contrario, suele comenzar con una experiencia aparentemente inocente. Puede tratarse de una charla, una actividad cultural o incluso un curso formativo. En ese primer contacto, la persona no percibe que esté entrando en una secta.

Durante esta etapa inicial aparece un fenómeno conocido como “bombardeo de amor”. Los nuevos miembros reciben atención constante, reconocimiento y un trato cercano que genera una sensación de pertenencia inmediata. Ese clima de aceptación suele resultar muy atractivo para quienes atraviesan un momento difícil.

El periodista explica que esta estrategia no es casual. Una secta busca identificar las vulnerabilidades de cada individuo. Un duelo reciente, problemas familiares o una crisis personal pueden convertirse en la puerta de entrada. En ese contexto, el grupo se presenta como un espacio capaz de ofrecer respuestas y consuelo.

Con el paso del tiempo, el vínculo se vuelve más intenso. El nuevo integrante comienza a dedicar cada vez más tiempo al grupo. Poco a poco su entorno social se reduce y su vida gira alrededor de las actividades de la organización. Cuando esa dinámica se consolida, la persona ya está profundamente integrada en la secta.

Manipulación, aislamiento y control psicológico

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Uno de los elementos más característicos de una secta es el control de la información. Según Tamayo, muchos grupos intentan desacreditar cualquier opinión externa. Familiares, amigos o medios de comunicación pueden ser presentados como enemigos que no comprenden la “verdad” del grupo.

Ese aislamiento progresivo resulta fundamental para mantener la estructura. Si un familiar advierte que su hijo podría estar dentro de una secta, es probable que ya exista un discurso preparado para desacreditar esa preocupación. El miembro termina creyendo que su entorno intenta apartarlo de un camino supuestamente correcto.

Otro aspecto frecuente es la idea de pertenecer a un grupo especial. Muchas organizaciones refuerzan la sensación de que sus integrantes han sido elegidos o poseen una sensibilidad superior. Esta narrativa refuerza el compromiso con la secta y dificulta que alguien cuestione las normas internas.

Tamayo también señala que las prácticas pueden variar mucho entre grupos. Algunas sectas utilizan discursos religiosos, mientras que otras adoptan un lenguaje empresarial o espiritual. Incluso existen organizaciones que se presentan como cursos de crecimiento personal o comunidades filosóficas.

El problema aparece cuando esas estructuras comienzan a exigir sacrificios cada vez mayores. Donaciones económicas, dedicación exclusiva o ruptura con la familia son algunos de los pasos que se producen con el tiempo. En ese punto, la persona suele sentirse atrapada en la secta.

Salir de una organización de este tipo no siempre es sencillo. Muchas víctimas necesitan años para comprender el proceso de manipulación que han vivido. En algunos casos también aparece un fuerte sentimiento de culpa por haber involucrado a otras personas.

A pesar de ello, el periodista insiste en un punto fundamental. Las personas que forman parte de una secta no deben ser vistas como ingenuas o ignorantes. En la mayoría de los casos se trata de individuos que atravesaban un momento vulnerable y que fueron manipulados mediante técnicas psicológicas muy eficaces.

Comprender cómo funciona una secta es, según Tamayo, la mejor forma de prevenir estos fenómenos. La información y el pensamiento crítico pueden convertirse en herramientas clave para detectar señales de alarma antes de que el vínculo con el grupo se vuelva irreversible.


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