Sebastián La Rosa, médico: “La motivación está sobrevalorada; lo que realmente importa es la tolerancia al dolor”

El médico Sebastián La Rosa cuestiona el culto a la motivación y sostiene que el rendimiento depende más de la disciplina y la tolerancia al esfuerzo que de la inspiración momentánea para sostener objetivos exigentes a largo plazo.

La cultura del esfuerzo y la productividad está repleta de mensajes engañosos y falsas espectativas. En redes sociales abundan discursos que prometen éxito a través de la motivación constante. Sin embargo, algunos especialistas cuestionan esa idea y proponen una mirada mucho más realista sobre cómo funciona la mente humana.

Uno de ellos es el médico Sebastián La Rosa, quien asegura que el verdadero motor del rendimiento no está en la inspiración momentánea, sino en la capacidad de sostener el esfuerzo cuando las cosas se vuelven difíciles. Para el especialista, la motivación puede ser útil, pero tiene límites claros.

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La motivación tiene límites que muchas personas no conocen

La motivación tiene límites que muchas personas no conocen

En el mundo actual se repite con frecuencia la idea de que todo depende de la motivación. Libros de autoayuda, conferencias y publicaciones en redes sociales insisten en que la clave del éxito consiste en mantenerse motivado cada día. Sin embargo, La Rosa considera que esta visión es incompleta.

Según explica, la motivación suele estar sobrevalorada porque funciona como un impulso inicial, pero rara vez es suficiente para sostener procesos largos y exigentes. En su experiencia, muchas personas fracasan en sus objetivos porque confían demasiado en la motivación y poco en la disciplina.

El médico señala que el cerebro humano no puede mantenerse indefinidamente en un estado de alta energía mental. Incluso en jornadas muy largas de trabajo, el tiempo de concentración profunda es limitado. Una persona puede pasar doce horas frente al ordenador y aun así haber realizado apenas siete de trabajo realmente productivo.

Esta realidad se explica por factores biológicos. El organismo funciona a partir de ritmos naturales que regulan la energía disponible. Cuando se respetan esos ciclos, las tareas más complejas suelen realizarse mejor por la mañana, mientras que las actividades más simples pueden reservarse para momentos de menor intensidad mental.

Desde su perspectiva, comprender estos límites también ayuda a entender por qué la motivación fluctúa. No siempre se trata de falta de voluntad. En muchos casos el cerebro simplemente ha agotado su capacidad de concentración.

Por esta razón, La Rosa propone organizar el trabajo de forma estratégica. En lugar de confiar únicamente en la motivación, recomienda identificar cuáles son las tareas que generan mayor impacto y reservar para ellas los momentos de mayor claridad mental.

El especialista asegura que este tipo de organización suele volverse automática con el tiempo. Cuando una persona aprende a reconocer qué actividades generan mayor valor, deja de depender tanto de la motivación para avanzar.

La tolerancia al esfuerzo, el verdadero motor del éxito

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Para explicar su postura, Sebastián La Rosa recurre a una experiencia personal que ilustra con claridad el problema. Durante una expedición al Aconcagua compartió grupo con deportistas mucho más preparados físicamente que él. Había corredores de ultramaratón y atletas con gran experiencia en montaña.

Sin embargo, en el momento decisivo de la subida ocurrió algo inesperado. Uno de los participantes abandonó la expedición cuando quedaba el último esfuerzo para alcanzar la cima. No fue una cuestión física, sino emocional.

El episodio le permitió confirmar algo que ya intuía. La motivación inicial puede ser fuerte, pero lo que realmente define el resultado es la capacidad de tolerar el esfuerzo cuando la situación se vuelve incómoda.

Según explica, muchas personas confunden la motivación con la resiliencia. La primera aparece cuando el objetivo resulta atractivo. La segunda se pone a prueba cuando surgen el cansancio, la frustración o el aburrimiento.

El médico cree que este fenómeno se ha intensificado en los últimos años. La exposición constante a redes sociales hace que la gente compare sus logros con los de miles de personas en todo el mundo. Esa comparación permanente puede debilitar la motivación y generar una sensación de competencia imposible.

Frente a este escenario, La Rosa propone una estrategia sencilla pero radical. Reducir las distracciones y crear entornos donde el esfuerzo sea la opción más fácil. Él mismo aplicó esta lógica cuando estudiaba medicina.

Durante esa etapa decidió vender su consola de videojuegos para evitar tentaciones. Al eliminar esa alternativa de entretenimiento, estudiar se convirtió en la única opción disponible. De esta forma la motivación dejó de ser un requisito imprescindible.

En su opinión, el aburrimiento también cumple un papel fundamental en este proceso. Aunque suele verse como algo negativo, puede convertirse en una herramienta poderosa cuando se gestiona correctamente. Si las distracciones desaparecen, el aburrimiento empuja de manera natural hacia actividades productivas. El cerebro busca estímulos y termina encontrándolos en el trabajo o en el aprendizaje.


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