Las grandes eléctricas europeas, lideradas por Enel y Iberdrola, están intensificando sus inversiones en energías renovables y redes eléctricas en un momento de creciente incertidumbre política sobre la transición verde, a través del conocido «greenlash«. En este sentido, pese al aumento de las críticas regulatorias y al debate sobre los costes de la des carbonización, que dan forma a este movimiento anti-verde; las utilities mantienen planes de gasto de capital elevados para responder al aumento estructural de la demanda eléctrica y reforzar la seguridad energética del continente.
Las renovables brillan frente a la volatilidad del crudo
Según un análisis de Scope Ratings, tanto Enel como Iberdrola han reafirmado en sus planes estratégicos plurianuales el compromiso con el despliegue de nueva capacidad renovable y la modernización de infraestructuras eléctricas, dos elementos considerados clave para la electrificación de la economía europea y para reducir la dependencia energética exterior.
La tendencia no se limita a estas dos compañías. La portuguesa EDP y las alemanas EnBW y RWE también están ejecutando programas de inversión relevantes en generación renovable, redes y almacenamiento. En cambio, otras empresas del sector han adoptado una estrategia más prudente: la francesa Engie y la alemana Uniper figuran entre las compañías que han moderado el ritmo de expansión en este ámbito.
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El mantenimiento de estas inversiones se produce en un contexto geopolítico que vuelve a poner de relieve la vulnerabilidad energética de Europa. El repunte de los precios del petróleo y del gas natural tras las tensiones en Oriente Medio ha recordado la elevada dependencia del continente de las importaciones de combustibles fósiles. Esta fragilidad ya quedó expuesta tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, que desencadenó una crisis energética en Europa y obligó a acelerar la diversificación del suministro.

Al mismo tiempo, la transición energética se enfrenta a un creciente debate político. En varios países europeos y sectores industriales ha aumentado la presión para revisar o suavizar algunas normas medioambientales de la Unión Europea y el funcionamiento del mercado de carbono, con el objetivo de aliviar los costes energéticos para empresas y consumidores. El «greenlash» refleja la tensión entre los objetivos climáticos y la competitividad económica.
Pese a este entorno político más complejo, las perspectivas de demanda eléctrica continúan impulsando las decisiones de inversión de las utilities. La electrificación de sectores clave de la economía (desde el transporte hasta la industria) está generando un aumento sostenido del consumo energético.
Las estrategias de Enel e Iberdrola son coherentes con el mercado
De acuerdo con estimaciones de Enel, la demanda mundial de electricidad podría multiplicarse por 1,4 entre 2024 y 2035. El crecimiento estaría impulsado principalmente por la movilidad eléctrica, cuyo consumo energético podría cuadruplicarse, así como por el desarrollo de la inteligencia artificial y los centros de datos, cuya demanda energética se triplicaría en ese periodo. A ello se suman la electrificación industrial y la automatización residencial, con incrementos estimados cercanos al 30%.
En Europa, las previsiones son igualmente significativas. Según Iberdrola, el consumo eléctrico del continente podría aumentar al menos un 50% para 2035. Este crecimiento estará impulsado por la expansión de los vehículos eléctricos, la digitalización de la economía, el despliegue de bombas de calor para climatización y el aumento de las infraestructuras digitales.

En este contexto, las utilities consideran prioritario ampliar la capacidad renovable y reforzar las redes eléctricas, muchas de las cuales fueron diseñadas para sistemas energéticos centralizados y requieren modernización para integrar generación distribuida e intermitente como la eólica o la solar.
Desde el punto de vista financiero, Scope Ratings considera que el aumento del gasto de capital en compañías como Enel e Iberdrola no supone por ahora un deterioro significativo de su perfil crediticio. Ambas empresas cuentan con balances sólidos, planes de financiación disciplinados y flujos de caja previsibles que permiten absorber el incremento inversor.
Además, la expansión de las energías renovables y el refuerzo de las redes eléctricas están mejorando el perfil de riesgo empresarial del sector. La reducción de la exposición a los combustibles fósiles y la diversificación de las fuentes de generación contribuyen a reforzar la resiliencia de las carteras energéticas y la estabilidad de los ingresos a largo plazo.
En conjunto, el análisis apunta a que la electrificación y la seguridad energética están consolidándose como motores estructurales de inversión en el sector eléctrico europeo, incluso en un entorno político más incierto para la transición climática.




