La innovación en energía pierde fuelle: la financiación en I+D se desacelera tras años de expansión 

La innovación energética ya no responde únicamente a la urgencia climática, sino también a la competencia industrial y a la autonomía estratégica.

Esta es una de las principales conclusiones del último informe de la Agencia Internacional de la Energía, que pretende averiguar cómo de intensa es la innovación en el sector energético. En este sentido, es un sector caracterizado por un hambre voraz innovador a nivel global con más de 150 hitos tecnológicos relevantes en 2025, y más de 320 start-ups financiadas de este sector. Es decir, es un sector estructuralmente conectado y abierto para la innovación. No obstante el informe apunta a que esta tendencia se está ralentizando. 

La innovación se vuelve más madura y selectiva

Según apunta el último informe de la Agencia Internacional de la Energía, tras varios años de crecimiento sostenido, los indicadores financieros comienzan a enfriarse. El gasto público mundial en I+D energética descendió en 2024 y volverá a caer ligeramente en 2025, hasta situarse en torno a los 55.000 millones de dólares. En términos relativos, la inversión pública en los países miembros de la IEA ronda el 0,05% del PIB, lejos del 0,1% alcanzado tras las crisis del petróleo de los años setenta.

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Energía renovable
Energía renovable. Fuente: Agencias

Por otro lado, el capital riesgo también da señales de repliegue. La inversión en start-ups energéticas encadena su tercer año consecutivo de caída y se sitúa en torno a los 27.000 millones de dólares. Parte de este retroceso responde al nuevo entorno macroeconómico, con tipos de interés más altos y mayor aversión al riesgo. Pero también influye la competencia de otros sectores emergentes, especialmente la inteligencia artificial, que en 2025 absorbió cerca del 30% del capital riesgo global.

No obstante, el informe no es derrotista con la innovación: no es un parón del ecosistema innovador en la energía, sino una maduración del sector, ya que esta actividad innovadora está en una fase de transición. En este sentido, la actividad tecnológica sigue siendo intensa, pero la financiación se vuelve más selectiva y estratégica. Además el informe apunta a que las prioridades también cambian: si hace unos años la des carbonización dominaba el discurso, hoy ganan peso la seguridad energética, la competitividad industrial y el control de las cadenas de suministro.

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En este sentido, las baterías ilustran bien esta dinámica, ya que representan actualmente el 40% de todas las patentes energéticas registradas en el mundo, una concentración inédita en la historia del sector. Es decir, el almacenamiento se ha convertido en pieza clave para la electrificación del transporte, la integración renovable y la estabilidad de las redes eléctricas, y concentra buena parte del esfuerzo innovador, especialmente en Asia.

En paralelo, otras tecnologías afrontan mayores dificultades para escalar. Proyectos pioneros en hidrógeno bajo en emisiones, acero verde o captura directa de CO₂ han sufrido retrasos, revisiones presupuestarias o necesidad de financiación adicional. Son iniciativas intensivas en capital, demasiado grandes para el capital riesgo tradicional y aún demasiado arriesgadas para la banca convencional, lo que la IEA describe como el “valle de la muerte” de la innovación energética.

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El contexto geopolítico añade otra capa de complejidad, el 80% de los expertos encuestados por la agencia sitúan la seguridad energética entre los tres principales motores actuales de la innovación, por delante incluso de la reducción de emisiones. La innovación energética ya no responde únicamente a la urgencia climática, sino también a la competencia industrial y a la autonomía estratégica.

El mensaje final del informe es claro: la innovación energética no está en retroceso, pero sí entra en una etapa más exigente. Mantener el impulso requerirá estabilidad regulatoria, mayor coordinación público-privada y, sobre todo, un esfuerzo sostenido en financiación pública que evite que las tecnologías emergentes queden atrapadas antes de alcanzar la escala comercial.


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