
Hablar sobre los impuestos en España nunca es indiferente para nadie. A cada un cierto tiempo, el debate en redes y medios tradicionales se recrudece especialmente cuando surgen voces críticas desde dentro del propio sistema.
Francisco de la Torre Díaz, inspector de Hacienda y exdiputado, asegura que la situación fiscal del país es tal que “un recién nacido en España ya nace endeudado”. Una afirmación que resume el peso de la deuda acumulada por las administraciones públicas y que abre un debate más amplio sobre impuestos, gasto y gestión del dinero público.
El diagnóstico de un inspector de Hacienda sobre la deuda pública

Francisco de la Torre Díaz conoce bien el funcionamiento interno del sistema tributario. Ingresó en Hacienda en 1999 tras aprobar la oposición a inspector y durante años ha trabajado analizando grandes contribuyentes y grandes empresas. Su experiencia también incluye un paso por el Congreso de los Diputados, donde fue diputado entre 2015 y 2019.
Desde esa doble perspectiva —técnica y política— su visión sobre el sistema fiscal es que los impuestos son necesarios para sostener el Estado moderno. En su opinión, “los impuestos son el precio que pagamos por la civilización”, una idea que comparte buena parte de la doctrina económica.
Sin embargo, la existencia de impuestos no elimina las críticas al sistema. De la Torre reconoce que existe un creciente malestar social, especialmente entre los jóvenes. El motivo es que cada vez más dinero público se destina a cubrir compromisos estructurales como las pensiones o la deuda acumulada durante décadas.
El resultado es una situación fiscal delicada. Según explica el inspector de Hacienda, España apenas ha registrado superávit en dos ejercicios desde la llegada de la democracia: 2006 y 2007. El resto del tiempo el país ha gastado más de lo que ingresaba.
Esa dinámica ha provocado que la deuda pública se dispare hasta niveles históricos. Por ese motivo resume la situación con una frase directa: cualquier niño que nace hoy en España lo hace con una parte proporcional de esa deuda ya asignada.
No se trata de una deuda individual real, sino de una manera gráfica de explicar cómo el endeudamiento público termina afectando a las generaciones futuras.
Impuestos, gestión pública y el malestar social
La conversación sobre Hacienda no solo gira en torno a cuánto se recauda, sino también a cómo se utiliza ese dinero. En este punto, De la Torre reconoce que el malestar ciudadano suele aumentar cuando los impuestos se perciben como el precio del despilfarro o de una gestión ineficiente.
Según explica, la mayor parte del gasto público no se destina a escándalos o excesos que ocupan titulares. En realidad, la mayoría del presupuesto se dirige a partidas estructurales como sanidad, pensiones, educación o infraestructuras.
No obstante, también admite que existen problemas de eficiencia. España cuenta con una estructura administrativa compleja con múltiples niveles de gobierno. Estado, comunidades autónomas, diputaciones y miles de municipios forman un entramado institucional que en ocasiones genera duplicidades y gasto innecesario.
En este contexto, el papel de Hacienda es fundamental. La Agencia Tributaria no solo recauda impuestos, sino que también gestiona información fiscal masiva, controla devoluciones y detecta posibles irregularidades mediante sistemas informáticos y cruces de datos.
De la Torre insiste en que las inspecciones no suelen ser arbitrarias. En la mayoría de los casos, las revisiones se activan tras detectar riesgos fiscales mediante algoritmos y análisis de información. De hecho, el inspector subraya que la gran mayoría de los contribuyentes apenas tiene contacto directo con Hacienda más allá de presentar su declaración anual.
Aun así, la relación entre ciudadanos y administración tributaria sigue siendo compleja. Muchos contribuyentes perciben el sistema como rígido o difícil de entender, mientras que desde Hacienda se defiende la necesidad de controles para evitar el fraude.





