En la vida —y más aún en los negocios— las casualidades rara vez existen. Y lo que está ocurriendo en Mediaset España en las últimas semanas parece responder más a un rediseño estratégico que a una cadena de coincidencias. El grupo atraviesa un momento de plena convulsión directiva después de perder a dos de sus tres principales ejecutivos en apenas un mes, justo cuando su matriz, MFE-MediaForEurope, ha concentrado el poder en una sola figura: Pier Silvio Berlusconi.
El pasado 4 de febrero se anunció el primero de los movimientos. Massimo Musolino, hasta ahora consejero delegado de Gestión y Operaciones de Mediaset España, comunicó que pondrá fin a su vida laboral con su jubilación en marzo. A punto de cumplir 67 años, el histórico directivo abandonó ayer el grupo al que llegó por primera vez en 1994 y al que ha estado vinculado de manera ininterrumpida durante los últimos 24 años.
Apenas un mes después, el 6 de marzo, llegaba otra salida inesperada. Tras menos de dos años en el cargo, Cristina Garmendia ponía fin a su etapa como presidenta del grupo «por decisión propia», según titulaba el comunicado de prensa difundido por la dirección de comunicación que encabeza Sandra Fernández.
Pero el contexto de esa renuncia resulta significativo. La víspera de esa «decisión propia», el máximo accionista de la matriz del grupo asumía formalmente el mando único. El consejo de administración de MFE-MediaForEurope decidió confiar a Pier Silvio Berlusconi el doble cargo de presidente (chairman) y consejero delegado (group chief executive officer). El movimiento supone un giro estratégico en la evolución del conglomerado mediático: acabar con los ‘virreinatos’ y dirigir directamente a sus empresas en los distintos países donde opera.
En el área comercial, el presidente ejecutivo de la filial comercial de Mediaset España, Publiespaña, Stefano Sala pasa a ser chief global advertising officer y dirigirá la venta publicitaria en todos los países donde opera el grupo. El área organizativa queda en manos de Niccolò Querci, chief operating and human resources officer, que tendrá bajo su responsabilidad las funciones de organización, recursos humanos, tecnología, compras y operaciones a nivel global.
Tras este repliegue hacia Milán, Querci, asume las labores operativas de Mussolino al mismo tiempo que Pier Silvio Berlusconi ha entregado la presidencia que ostentaba Garmendia a un histórico de Mediaset, Mario Rodríguez.
EL HEREDERO
Pier Silvio Berlusconi es hijo de Silvio Berlusconi. Desde 2015 ejerce como consejero delegado de MediaForEurope, matriz de Mediaset España. Inició su carrera en 1992, con apenas 23 años, en la agencia publicitaria Publitalia, antes de asumir responsabilidades en la gestión de cadenas televisivas. También forma parte de los consejos de administración de Fininvest y Mondadori.
El imperio televisivo de los Berlusconi en España tiene una larga historia política. Silvio Berlusconi logró consolidar el control de Telecinco en los años noventa con el respaldo de los gobiernos socialistas. Durante los años del aznarismo, el empresario italiano también jugó un papel relevante en las guerras televisivas. Frenó las campañas que pretendían acabar con el exitoso Crónicas Marcianas, aunque sí terminaron cayendo otros espacios incómodos para el poder político como Caiga quien caiga, así como el director de informativos Luis Fernández.
Pero el modelo de influencia política de su hijo parece ir en otra dirección.
GIRO IDEOLÓGICO
En 2023, el consejero delegado de Mediaset España, Alessandro Salem, trató de evitar un giro editorial hacia la derecha que impulsaba el entonces presidente Borja Prado. Prado llegó incluso a interferir en los informativos de Pedro Piqueras e intentó fichar a Vicente Vallés.
Per la muerte de Silvio Berlusconi unos meses después cambió por completo el equilibrio interno del grupo. Con el poder consolidado en manos de su hijo, que según voces del sector podría desembarcar en España de forma inminente por la crisis que sufre Telecinco, Mediaset ha ido adoptando posiciones cada vez más cercanas a la ultraderecha.
Pier Silvio Berlusconi mantiene además una fuerte influencia en Forza Italia, socio clave en la coalición que gobierna Italia encabezada por Giorgia Meloni. La dirigente mantiene una estrecha relación política con el líder de Vox, Santiago Abascal.
Ese triángulo político se refleja cada vez más en la línea editorial de algunos programas del grupo audiovisual en España.
CUATRO, NUEVA TRINCHERA
Mientras Telecinco atraviesa una profunda crisis de audiencia, el segundo canal del grupo, Cuatro, se ha convertido en un espacio donde proliferan programas y tertulias cercanas a posiciones ultraconservadoras.
Dos formatos diarios concentran buena parte de esa orientación. Uno de ellos es Horizonte, donde en los últimos días se ha producido una polémica relacionada con la guerra informativa sobre la guerra promovida por Israel y Estados Unidos contra Irán.
En una conexión desde la región, la corresponsal de Mediaset Laura de Chiclana aseguró que en barrios árabes de ciudades israelíes los ciudadanos no tienen acceso a refugios antiaéreos y que para disponer de uno privado deberían pagar alrededor de 50.000 euros.
Minutos después, la copresentadora Carmen Porter rectificó en directo citando a la comunidad judía y tanto la información como el desmentido fueron borrados por unas horas de la plataforma de Mediaset, Infinity, donde ahora se puede ver al completo este espacio que habitualmente da voz a voces sionistas y no tiene un solo tertuliano que defienda las tesis del Gobierno.
No es la primera vez que Porter protagoniza una gran polémica, ya que fue ella quien habló de los muertos del parking de Bonaire (un vídeo que Iker Jiménez soslaya tanto en su vídeo como en su libro defensivo) y quien se burló de la intentona del Gobierno de recortar la duración de la jornada laboral.
Otro de los espacios polémicos de Cuatro es el matinal En boca de todos, donde ayer se produjo una encerrona promovida por el ayusista Antonio Naranjo y tolerada por Nacho Abad contra la analista política Sarah Santaolalla, víctima de una salvaje campaña de la ultraderecha.

Durante un debate sobre Oriente Medio, Naranjo interrumpió a la colaboradora para preguntarle por el cabestrillo que llevaba en el brazo. Santaolalla había denunciado días antes haber sufrido agresiones físicas por parte del agitador ultra Vito Quiles.
El enfrentamiento fue subiendo de tono mientras la analista pedía al presentador Nacho Abad que frenara la situación. Abad respondió que el tema no estaba en la escaleta pero que no iba a censurar a su colaborador.
«En esta mesa has parado a otros y lo que estás haciendo es complicidad ante una campaña de acoso», denunció Santaolalla antes de abandonar el plató entre lágrimas y romper su colaboración con este polémico show.
MEDIASET TOMA PARTIDO
El giro editorial hacia los aledaños ideológicos de Vox coincide con una transformación empresarial profunda. Mientras Pier Silvio Berlusconi concentra el poder en MFE-MediaForEurope, el ecosistema televisivo español del grupo parece reconfigurarse.
En Telecinco, hundida en audiencia, reina cada mañana Ana Rosa Quintana, productora además de numerosos contenidos para televisiones autonómicas controladas por el Partido Popular. En paralelo, Cuatro se consolida como el canal donde se concentran tertulias y formatos que amplifican discursos de la derecha radical.
Así, mientras Pier Silvio Berlusconi refuerza su poder absoluto en el conglomerado mediático familiar, el grupo que su padre construyó en España entra en una nueva etapa en la que la propaganda está cubriendo el hueco que antaño ocupaba el entretenimiento.




