Los tres niveles de la felicidad según Elsa Punset

La escritora y divulgadora explica por qué la búsqueda constante de la perfección solo nos lleva a una vida insatisfecha e infeliz. El secreto de la felicidad es más simple de lo que parece.

¿Alguna vez te has propuesto ser feliz? Difícil de conseguir si no nos han enseñado cómo serlo. Pero, lo cierto es que nadie nace con la lección aprendida, sino que es algo que vamos descubriendo con el tiempo: aprendemos qué nos gusta, qué nos hace ilusión y qué nos alegra los días. Sin embargo, para Elsa Punset como para otros filósofos, en el punto medio es donde se encuentra la dicha humana. Es decir, en ese »medio camino» es donde podemos habitar una mayor felicidad.

Cuando hablamos de ese “punto medio”, nos referimos a encontrar un equilibrio saludable entre lo que nos suma y lo que nos resta en la vida, sin irnos a los extremos. Ahí está el auténtico bienestar. Y esto es lo que viene a reflejar Elsa Punset tras su charla para ‘Aprendemos juntos’ de BBVA. La escritora explica que en el siglo XXI hemos distorsionado el concepto de felicidad y lo hemos convertido en una especie de perfección inalcanzable. Porque ser feliz no es disfrutar de una vida impecable, sino aprender a vivir con el corazón abierto, conectados con un propósito y con las personas que nos rodean.

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Las claves de la felicidad según la escritora Elsa Punset. Fuente: Agencias.

Así es una vida feliz para Elsa Punset

Elsa Punset parte de una idea muy humana: la vida es difícil; hay pérdidas, decepciones, cansancio y problemas, pero también están esas pequeñas cosas que nos alegran los días. Es esencial saber mirar las cosas buenas que la vida nos pone por el camino. Por ello, propone entender la felicidad como un equilibrio que consta de tres partes. Se trata de tres niveles de bienestar que pueden convivir con nosotros.

El placer inmediato

El primer nivel es el más básico y tiene que ver con el placer: comer algo que nos gusta, descansar, tener relaciones o satisfacer una necesidad. Incluso, entretenernos con las redes sociales, sentir ese subidón cuando recibimos un “me gusta” o hacemos scroll.

El problema, según Punset, es que el placer puede volverse adictivo. Cada vez se necesita más para sentir lo mismo, y ahí aparece el riesgo: el placer tiene un pico, pero también un bajón. Aunque no se trata de renunciar a él, sino de no convertirlo en la única fuente de felicidad, porque cuando todo se centra en esto, el resultado suele ser vacío, cansancio y sensación de insatisfacción.

Conexión emocional y social

La conexión que establecemos con nuestro presente sería el segundo nivel. Esto es lo que muchos relacionan con el ‘mindfulness’: estar presentes en el aquí y el ahora. Tratar de poner atención a aquello que vivimos y sentimos para dejar atrás el pasado y no estar preocupados por el futuro. No es tanto lo que haces, sino cómo lo vives.

Pueden ser esos detalles que pasan desapercibidos, como el olor de una flor, el tacto de las sábanas, saborear una comida, una conversación agradable o un abrazo de un ser querido. Son momentos que no solo dan placer, sino vínculo emocional. Te conectan con el mundo, con tu cuerpo, con algo que va más allá de la rutina.

Un propósito de vida

Para Elsa Punset, el tercer nivel es el más profundo: el propósito de vida. Es una forma de felicidad individual y muy personal, ya que cada persona tiene un objetivo distinto, que incluso puede descubrirse en etapas más tardías. Y alcanzarlo, o simplemente estar en el camino para conseguirlo, también forma parte de una vida feliz.

Aquellas personas que deciden ser padres, cuando se encuentran criando a sus hijos, puede ser agotador, pero cuando pasan los años, mirar atrás puede darte una satisfacción enorme. Y lo mismo ocurre con proyectos, decisiones valientes o etapas difíciles que terminan construyéndote por dentro. Es una felicidad que no siempre es inmediata, pero sí es estable y duradera, porque tiene sentido.

El secreto no está en elegir una sola forma de felicidad, sino en combinarlas. Disfrutar del placer sin caer en excesos, buscar conexión en lo cotidiano y orientar la vida hacia algo que tenga propósito: así sería una vida feliz para Elsa Punset. Así que la felicidad no es que todo salga bien, sino aprender a sostener la vida tal y como es, con sus momentos buenos, con otros más grises y con la capacidad de seguir encontrando alegría en lo pequeño.

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