La Meseta Central española está a punto de convertirse en un inesperado campo de batalla para los amantes del surf y el ocio acuático. Dos proyectos de playa artificial —Gemswell Surf Madrid, junto al estadio Riyadh Air Metropolitano del Atlético de Madrid, y Alovera Beach, en Guadalajara— competirán por atraer al público de la capital y sus alrededores, ofreciendo lagunas artificiales, olas para todos los niveles y espacios de ocio complementarios.
El proyecto Gemswell Surf Madrid, impulsado por el fondo suizo Stoneweg Capital en alianza con Teras Capital, acaba de cerrar su financiación, levantando 60 millones de euros con la participación de BBVA, Banco Santander y la gestora española Buenavista. La instalación, que se prevé abrir en la primavera de 2027, será la mayor playa urbana de olas artificiales de Europa. La laguna artificial ocupará unos 23.000 metros cuadrados, el equivalente a más de dos campos de fútbol, y contará con tecnología Wavegarden Cove, capaz de generar hasta mil olas por hora con alturas de hasta dos metros. Se organizarán sesiones para principiantes y surfistas avanzados, divididas en la Zona Bahía y la Zona Reef, para garantizar la seguridad y calidad del surf.
El complejo no se limitará al agua: incluirá 3.000 metros cuadrados de restauración y bares de playa, 500 metros de tiendas especializadas, escuela de surf, skate park y espacios polivalentes para eventos y conciertos.
Los promotores estiman recibir unos 500.000 visitantes anuales y generar más de 100 empleos directos. Además, Gemswell Surf Madrid forma parte de la Ciudad del Deporte, un macroproyecto en torno al Metropolitano que prevé 1,14 millones de metros cuadrados de suelo, incluyendo campos de entrenamiento, golf, zonas verdes y servicios comerciales. La financiación combina deuda bancaria, fondos institucionales y patrimonio aportado por los socios, asegurando que la obra avance según lo previsto.
La infraestructura contará con criterios de eficiencia energética y reutilización de aguas pluviales, buscando certificaciones ambientales como BREEAM. Con estos elementos, el Atlético de Madrid aspira a transformar su entorno en un polo de ocio y deporte de referencia internacional.
LA ALTERNATIVA
A apenas 50 kilómetros de Madrid, en el municipio de Alovera (Guadalajara) también se prepara una playa artificial. El Ayuntamiento aprobó mayoritariamente la adjudicación del proyecto Alovera Beach a la UTE Ablanquejo-Rayet Medio Ambiente, que gestionará la construcción y operación durante 40 años. La inversión supera los 20 millones de euros y se espera la creación de más de 140 empleos directos.
El complejo ocupará 104.000 metros cuadrados, incluyendo una laguna de 20.000 metros cuadrados y 16.000 metros cuadrados de zona de arena. Contará con áreas para deportes acuáticos, atracciones, restauración y un ‘Beach Club ibicenco’, con la intención de convertirse en un referente del ocio acuático en el centro peninsular.
Según el Ayuntamiento, el proyecto no supondrá gasto público y generará un canon superior a 10 millones de euros durante la concesión, con descuentos especiales para los vecinos. Alovera Beach, aunque más modesto en infraestructura y presupuesto que Gemswell Surf Madrid, ofrece un modelo más sostenible y directamente vinculado a su comunidad.

Sus sistemas de tratamiento de agua buscan reducir consumo energético y químico, y el proceso de adjudicación ha sido supervisado judicial y administrativamente para garantizar transparencia y cumplimiento ambiental.
COMPARATIVA
Si comparamos ambos proyectos, la diferencia de escala y enfoque es evidente. Gemswell Surf Madrid, situado en un enclave estratégico de la capital, apuesta por una infraestructura de gran tamaño, con 23.000 metros cuadrados de laguna, capacidad para 120 surfistas por sesión y espacios complementarios como bares, tiendas especializadas y skate park. Su inversión de 60 millones de euros refleja un planteamiento internacional y corporativo, orientado a convertir la instalación en un destino global de surf urbano y ocio.
Alovera Beach, por su parte, ocupa un terreno mucho mayor en superficie total —104.000 metros cuadrados— pero con una laguna algo más pequeña (20.000 metros cuadrados) y un enfoque más ligado a la concepción habitual de la playa, que no siempre implica la realización de prácticas deportivas como el surf.
Su inversión, de 20 millones de euros, es más modesta, pero el proyecto prioriza la sostenibilidad, la eficiencia en el consumo de agua y energía, y la accesibilidad para la comunidad cercana. El objetivo no es competir en tamaño internacional, sino consolidarse como un referente regional de ocio acuático, generando empleo y ofreciendo un modelo seguro y transparente de gestión en suelo público.
Mientras Madrid centra su proyecto en un público internacional, con expectativas de medio millón de visitantes al año y actividades de alto nivel, Alovera busca servir a vecinos y visitantes regionales, asegurando que los beneficios reviertan en la comunidad local. La diferencia es clara: uno es ambicioso y corporativo, el otro prudente y comunitario.
SOMBRAS EN LA CIUDAD DEL DEPORTE
No obstante, el proyecto del Atlético de Madrid enfrenta un obstáculo importante. La reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) anuló una parcela clave de la Ciudad del Deporte, argumentando que no se respetaba el uso dotacional deportivo del suelo.
La parcela afectada incluía restauración, hotelería y ocio, y su nulidad supone un revés para el fondo Apollo, actual accionista mayoritario del club. Aunque no tumba el conjunto del proyecto, el fallo limita la explotación privada y obliga al Ayuntamiento a rehacer el planeamiento y realizar evaluaciones ambientales y justificativas completas.
Las empresas interesadas en la zona —desde Wavegarden hasta iniciativas académicas— deberán esperar a que se redefina el marco legal. La sentencia refleja un debate más amplio sobre el uso de suelos públicos: mientras clubes como Atlético y Real Madrid buscan monetizar sus entornos mediante desarrollos terciarios, la administración y la justicia exigen que la finalidad deportiva y el interés general sean respetados.





