¿Por qué el intestino reacciona cuando estás nervioso? La explicación está en el cerebro

¿Un segundo cerebro en la tripa? Puede sonar extraño, pero cada vez hay más evidencia de que existe una relación directa entre el estómago, el intestino y lo que sentimos.

Llevamos años escuchando eso de que »el intestino es nuestro segundo cerebro», y es que el estrés y las emociones pueden influir en la aparición de ciertas molestias digestivas. Se trata de unos síntomas gastrointestinales que, si se repiten con frecuencia, lo más recomendable es visitar al médico de cabecera y no normalizarlos. Porque dejarlos pasar mucho tiempo puede ocasionarnos problemas futuros en la salud.

Entonces, ¿hay una relación directa entre el intestino y el cerebro? En algunas ocasiones, frases populares como »tengo un nudo en el estómago» o »me cago de miedo», vienen a reflejar el vínculo natural que nosotros mismos hacemos entre estas partes del cuerpo. Para salir de dudas, resaltamos la información que aportan diversos estudios y expertos en la salud.

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¿Existe una relación entre el cerebro y el intestino?

¿Sabías que el intestino tiene una longitud entre 7 y 8 metros de largo? En el órgano encargado de la digestión y de la absorción de nutrientes, y al igual que el cerebro, tiene una red neuronal muy extensa que produce neurotransmisores, como la serotonina, que son fundamentales para regular el estado de ánimo y las emociones. Cabe destacar que hay una parte específica del sistema nervioso llamada sistema nervioso entérico, que permite controlar el aparato digestivo y el movimiento, las secreciones y los órganos que conllevan el sistema digestivo.

La microbiota es otro sistema que debemos tener muy en cuenta. ¿Y qué es exactamente? En nuestros intestinos habitan billones de colonias de bacterias que están en constante comunicación con nosotros y con nuestro cerebro. Y realizan funciones importantes, como ayudar a digerir la fibra, producir ciertas vitaminas y tener un papel clave en el sistema inmune.

El cerebro establece una comunicación bidireccional con estas bacterias debido al nervio vago. Se puede decir que hay un intercambio de neurotransmisores y señales que nos permiten entender este mecanismo entre el intestino y el cerebro.

Intestino Emociones
Puede existir una relación directa entre emociones y la salud de nuestro intestino. Fuente: Agencias.

Así influyen las emociones en el aparato digestivo

Con esta conexión directa, no es extraño que el cuerpo reaccione cuando estamos nerviosos o bajo presión. Y es que las emociones no se quedan solo en la mente: también afectan a lo que pensamos, a cómo actuamos y a cómo responde el organismo. Por ello, es fácil entender que el intestino también note ese impacto y se manifieste con molestias digestivas.

De este modo, no es raro que el día de una presentación importante se nos acelere el tránsito intestinal, porque las emociones también se notan en el cuerpo. No obstante, conviene recordar que no existen emociones buenas o malas, sino agradables o desagradables.

La alegría nos indica que estamos en un lugar seguro y que podemos seguir como estamos, mientras que el estrés o la ansiedad actúan como una alarma: nos hacen percibir una posible amenaza y nos ponen en modo preparación. Por eso, todas las emociones cumplen una función adaptativa que nos ayuda a movernos por el entorno y relacionarnos con más seguridad.

¿Y el estrés y la ansiedad cómo afectan?

Son muchos los expertos en la salud que señalan que la relación cerebro-intestino puede entenderse de la siguiente manera:

Cuando estamos estresados, el cuerpo libera más cortisol y ese aumento puede alterar la microbiota, haciendo que en muchos casos aparezca la inflamación intestinal o molestias digestivas. Una serie de síntomas que se repiten en el tiempo.

En el caso de sentir ansiedad, el organismo interpreta que hay una amenaza. Entonces el cerebro puede ralentizar o incluso parar la digestión para centrar la atención en lo que percibe como peligro. De ahí que aparezcan calambres, diarrea, mareos o dolor de tripa, y si se mantiene, puede estar relacionado con problemas como el Síndrome de Intestino Irritable (SII).

Escuchar el cuerpo para entender la relación directa que se produce entre las emociones y el organismo es esencial para comprender qué sucede en nuestro interior. Es una manera de estar más conectados con nosotros mismos para descubrir qué emociones y sentimientos nos surgen ante determinados hechos. Al final, tener una relación sana con el entorno y con nosotros mismos es fundamental para encontrar nuestro propio bienestar.


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