Mariano Sigman (54), neurocientífico: “los trabajos más amenazados por la inteligencia artificial son los creativos y analíticos”

El neurocientífico Mariano Sigman advierte que la inteligencia artificial está alterando las reglas del mercado laboral: por primera vez, profesiones creativas y analíticas —tradicionalmente consideradas seguras— aparecen entre las más expuestas a la automatización.

La expansión de la inteligencia artificial está provocando una de las mayores transformaciones tecnológicas de las últimas décadas. Sistemas capaces de escribir textos, crear imágenes o analizar datos complejos están modificando la forma de trabajar en múltiples sectores.

En este contexto, el neurocientífico Mariano Sigman advierte que el impacto podría ser más profundo de lo que muchos imaginan. Según explica, la inteligencia artificial no solo cambiará el mercado laboral, sino también la forma en que las sociedades entienden el trabajo, el valor y la creatividad.

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Una revolución tecnológica que desafía las previsiones

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Cada avance tecnológico ha despertado temores similares. Durante la Revolución Industrial, muchos trabajadores ingleses destruyeron telares mecánicos porque creían que las máquinas acabarían con sus empleos. Aquellos movimientos, conocidos como luditas, simbolizan una reacción que se repite cada vez que surge una innovación disruptiva.

Sin embargo, Sigman considera que el momento actual tiene características distintas. En revoluciones anteriores, la tecnología sustituyó sobre todo tareas repetitivas o mecánicas. El trabajo creativo y analítico parecía mantenerse a salvo porque dependía de habilidades humanas difíciles de replicar.

La situación actual comienza a cuestionar esa idea. La inteligencia artificial está demostrando que también puede producir textos, diseñar imágenes o componer música. Esto ha generado una paradoja inesperada: algunos de los trabajos más amenazados son precisamente los creativos.

El propio Sigman menciona un ejemplo llamativo. Durante años se aconsejó a los jóvenes estudiar programación porque era uno de los empleos con mayor futuro. Hoy, en cambio, muchos programadores observan cómo herramientas de inteligencia artificial son capaces de generar código con gran rapidez.

Esta transformación se explica por la arquitectura de las nuevas tecnologías. A diferencia de los programas clásicos, que siguen instrucciones definidas, los sistemas actuales utilizan redes neuronales inspiradas en el funcionamiento del cerebro humano. Estas redes analizan enormes cantidades de datos y generan soluciones propias para resolver problemas.

Esa capacidad de aprendizaje introduce un elemento nuevo en la historia tecnológica. Muchas veces ni siquiera los desarrolladores pueden anticipar exactamente cómo reaccionará una inteligencia artificial ante determinados desafíos. Por este motivo, Sigman insiste en que vivimos un momento de gran imprevisibilidad. Las predicciones sobre el futuro del trabajo deben tomarse con cautela porque el ritmo del cambio tecnológico puede alterar cualquier escenario previsto.

El trabajo, el valor y el sentido en la era de la inteligencia artificial

El trabajo, el valor y el sentido en la era de la inteligencia artificial
Fuente: agencias

Más allá del impacto laboral, la expansión de la inteligencia artificial también plantea preguntas sobre el valor de las habilidades humanas. Muchas tareas que antes requerían años de aprendizaje ahora pueden realizarse con simples instrucciones.

Mariano Sigman explica este fenómeno con una comparación sencilla. Algunos productos son caros porque son escasos. Otros son baratos porque existen en abundancia. Si una tecnología permite producir algo de forma masiva, ese bien pierde parte de su valor económico.

Esto podría ocurrir con actividades creativas como la fotografía, la música o el periodismo. La inteligencia artificial permite generar contenido con enorme facilidad, lo que aumenta la producción pero también reduce la exclusividad.

El resultado es una paradoja cada vez más visible. Nunca se ha creado tanta música ni tantas imágenes, pero al mismo tiempo resulta más difícil que los creadores vivan de su trabajo. La abundancia reduce el valor individual de cada obra.

El fenómeno no se limita a la economía. También afecta al significado del trabajo dentro de la sociedad. Durante décadas, el empleo ha sido una de las principales fuentes de identidad personal y organización social.

Si la inteligencia artificial reduce la necesidad de trabajo humano, surgirán nuevos debates. Algunos economistas plantean la posibilidad de ingresos universales que garanticen recursos básicos para toda la población. Otros imaginan sociedades donde las personas trabajen menos horas.

Pero Sigman subraya que el desafío no es solo económico. El trabajo también estructura el tiempo, genera vínculos sociales y ofrece una sensación de propósito. Sin él, muchas sociedades deberían replantear sus valores culturales. La inteligencia artificial también abre interrogantes en el ámbito moral. Cada vez que un algoritmo toma una decisión, aparecen cuestiones éticas que antes resolvían las personas.

Un ejemplo sencillo es el de los sistemas de navegación. Cuando una aplicación calcula la mejor ruta, decide qué criterio es más importante. Puede priorizar el camino más rápido, el más corto o el más seguro. Esa elección implica una valoración sobre lo que consideramos preferible.

La situación se vuelve más compleja en ámbitos como la medicina o los vehículos autónomos. Allí, la inteligencia artificial puede verse obligada a tomar decisiones que afectan directamente a la vida de las personas.


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