Casi todos creen hacerlo bien en la cocina… hasta que ven este estudio sobre seguridad alimentaria

- Aunque el consumidor está más informado sobre seguridad alimentaria, muchos hábitos cotidianos en casa siguen aumentando el riesgo sanitario sin que apenas nos demos cuenta.

Durante años hemos escuchado hablar —una y otra vez— de la importancia de la seguridad alimentaria. Etiquetas, fechas de caducidad, alertas sanitarias, controles cada vez más estrictos… Todo eso forma parte ya de nuestro día a día cuando vamos a comprar.

Y, en teoría, el consumidor está más informado que nunca.

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Pero si uno se detiene a mirar lo que ocurre realmente en muchas cocinas —esas rutinas rápidas de entre semana, ese “luego lo guardo”, ese “esto todavía está bien”— la realidad se vuelve un poco más compleja.

El último barómetro sobre seguridad alimentaria elaborado por la asociación Aecoc dibuja precisamente ese retrato: un consumidor más atento, más consciente… pero que todavía arrastra hábitos domésticos que pueden suponer un riesgo sanitario.

En otras palabras: sabemos más que hace años, sí. Pero no siempre actuamos en consecuencia.

Cuando sabemos qué hacer… pero hacemos otra cosa

seguridad alimentaria
Muchos consumidores revisan la fecha de caducidad al comprar, pero después confían más en el olor o el aspecto del alimento. Fuente: IA

Hay un dato del estudio que resume perfectamente esa contradicción. El 81 % de los consumidores revisa la fecha de caducidad cuando compra un alimento. Algo lógico. Nadie quiere llevarse a casa algo que pueda estar en mal estado.

Pero después ocurre algo curioso.

Cuando ese mismo producto llega a la nevera de casa, un 69 % admite consumirlo incluso después de que haya pasado la fecha de caducidad.

¿Por qué? Pues porque entra en juego ese criterio tan humano y tan cotidiano: el del “esto parece que está bien”. Si el alimento huele normal, tiene buen aspecto o sabe como siempre, muchos deciden que no pasa nada.

¿Quién no ha hecho alguna vez esa pequeña inspección casera? Abrir el tupper, oler un poco… y decidir.

El estudio también revela que el 94 % de las personas asegura leer habitualmente las etiquetas de los productos. De hecho, los consumidores miran sobre todo los ingredientes (67 %) y la información nutricional (48 %).

Y, para ser justos, el conocimiento sobre las fechas es bastante alto: el 89 % entiende la diferencia entre “fecha de caducidad” y “consumo preferente”.

Pero luego llegan los hábitos reales del día a día. Por ejemplo, un 55 % reconoce que consume alimentos una vez abiertos después del plazo recomendado, siempre que aparentemente estén en buen estado. Otra vez el mismo criterio: mirar, oler… y decidir.

La cocina de casa: donde nacen muchos de los riesgos

Casi todos creen hacerlo bien en la cocina2 Merca2.es
Descongelar alimentos sobre la encimera es una práctica muy extendida, aunque los expertos advierten de sus riesgos. Fuente: IA

Curiosamente, los mayores problemas no aparecen en el supermercado. Aparecen en casa. En la cocina.

El 47 % de las personas descongela alimentos directamente sobre la encimera durante largos periodos. Es cómodo, rápido… pero no es lo más seguro.

Luego están las sobras. Todos las tenemos. Todos las recalientamos. Pero el 65 % admite recalentar los alimentos más de una vez, una práctica que aumenta el riesgo microbiológico si no se hace con cuidado.

A esto se suman preferencias culinarias bastante extendidas. El 33 % prefiere la tortilla poco hecha —ese centro jugoso que a muchos nos encanta— y el 21 % opta por hamburguesas poco cocinadas.

Y aún hay más pequeños detalles que pasan desapercibidos. Por ejemplo, un 41 % guarda los alimentos en la nevera dentro de la misma lata en la que se compraron, algo que los especialistas recomiendan evitar.

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Pequeños gestos. Rutinas casi automáticas. Pero que, sumadas, pueden marcar la diferencia.

Más información… pero también más inquietud

Casi todos creen hacerlo bien en la cocina1 Merca2.es
Recalentar sobras varias veces puede favorecer la proliferación de bacterias si no se hace correctamente. Fuente: IA

Lo interesante es que el interés por la seguridad alimentaria no deja de crecer. Un 76 % de los consumidores afirma buscar información sobre este tema, y muchos confían especialmente en profesionales sanitarios y divulgadores científicos.

En general, la percepción es positiva. El 73 % cree que la seguridad alimentaria ha mejorado en las últimas tres décadas. Controles más estrictos, más regulación, más vigilancia.

Pero al mismo tiempo hay una idea bastante extendida: el 61 % reconoce que el “riesgo cero” no existe cuando hablamos de alimentación.

Las alertas sanitarias reflejan bien esa mezcla de sensaciones. Para el 54 % de los encuestados, las retiradas de productos transmiten confianza, porque demuestran que el sistema de control funciona.

Pero para el 46 % generan justo lo contrario: preocupación o desconfianza hacia ciertos alimentos.

Es una especie de equilibrio emocional: confianza… pero con cautela.


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