Deloitte nunca lo ha tenido fácil, menos aún en España. Y es que a la firma —una de las llamadas Big Four— se la ha acusado durante años de ser un “infierno laboral” al tener una intensa rotación de empleados. Además, durante mucho tiempo convivió con el estigma de ser considerada ‘complice’ de uno de los episodios financieros más negros de España: el hundimiento de Bankia. No obstante, el tiempo no solo ha curado esas heridas, sino que prácticamente las ha borrado.
Hoy Deloitte es reconocida como una de las mejores empresas para trabajar y la propia Audiencia Nacional anuló meses atrás las sanciones relacionadas con la responsabilidad por la salida a bolsa del banco en 2011. Aunque no solo ha revertido esos daños reputacionales, sino que lo ha hecho con un modelo de negocio que se ha convertido en referencia dentro del sector.
Deloitte se ha consolidado como la firma líder de servicios profesionales a nivel mundial —también en España, donde su posición parece difícil de discutir—. Mientras que durante la última década sus grandes competidores han crecido a un ritmo medio de entre el 5% y el 7%, Deloitte lo ha hecho a tasas de dos dígitos. Ese crecimiento sostenido ha reforzado su liderazgo global y también su peso en el mercado español. En España, de hecho, el crecimiento acumulado en los últimos diez años alcanza un vigoroso 239%.
Deloitte: dos mundos
Pero esa cifra, sin embargo, tiene trampa. No corresponde al crecimiento del conjunto de la compañía, sino al de su filial de consultoría, Deloitte Consulting. El desempeño del área que audita las cuentas de sus clientes, Deloitte Auditores, ha sido bastante peor: sus ingresos se han reducido cerca de un 27% en ese mismo periodo.
Ese es uno de los primeros puntos débiles en el dominio que Deloitte mantiene en España: su división de auditoría. No solo se trata de que la compañía haya perdido facturación en este negocio, sino que lo ha hecho mientras sus principales competidores crecían con fuerza. En la última década, KPMG Auditores ha aumentado sus ingresos más de un 70%, mientras que PwC Auditores lo ha hecho en torno a un 75%.
El resultado es que Deloitte ha visto erosionarse su ventaja histórica en ese segmento. Hace diez años, en 2015 —teniendo en cuenta que las últimas cuentas auditadas y presentadas por todas las firmas corresponden a 2024— la facturación de Deloitte Auditores era un 150% superior a la de KPMG y superaba en un 3% a PwC Auditores. En la actualidad, sin embargo, apenas supera en un 7,8% a la primera y se sitúa casi un 50% —cerca de 100 millones de euros— por detrás de la segunda.
Aun así, el punto fuerte de Deloitte es el área de consultoría. Es precisamente ahí donde obtiene sus mejores resultados, superando a la competencia tanto en volumen como en ritmo de crecimiento, tanto a nivel global como en el mercado español. No obstante, incluso ese liderazgo empieza a enfrentarse a nuevos desafíos. La irrupción de la inteligencia artificial y el auge de nuevas empresas tecnológicas especializadas amenazan con alterar el equilibrio en el sector de la consultoría.
¿Podrá Deloitte mantener su ‘foso defensivo’ en el mundo de la IA?
La realidad es que la tarea no es sencilla. Basta con observar los retos a los que se enfrentan otros gigantes del sector, como McKinsey, o compañías muy especializadas en tecnología como Accenture. Un buen ejemplo de esta transformación es Palantir, una de las compañías más destacadas de Wall Street en los últimos años. Parte de su fortaleza reside en una estrategia que lleva aplicando desde hace tiempo: integrar a sus ingenieros —perfiles muy cualificados y con salarios elevados— dentro de las empresas clientes para resolver problemas complejos o acelerar procesos de transformación.
Con el paso de los años, esos desarrolladores se han convertido en piezas clave dentro de las compañías en las que trabajan. Ahora, con la irrupción de la inteligencia artificial y su potencial para transformar todos los sectores, ese modelo cobra aún más relevancia. La capacidad de integrar talento tecnológico de alto nivel dentro de las organizaciones puede convertirse en una ventaja competitiva decisiva.
Pese a ello, empresas como Deloitte también cuentan con importantes fortalezas para competir en este nuevo escenario. De hecho, pocas compañías han demostrado una capacidad de adaptación tan rápida en tan poco tiempo. A comienzos de la década pasada, alrededor de 2013, la auditoría seguía siendo el principal negocio de las llamadas Big Four. Sin embargo, con el paso de los años, la consultoría fue ganando peso hasta convertirse en el verdadero motor de crecimiento del sector. En ese proceso de transformación, Deloitte logró adelantarse a muchos de sus rivales.
La firma ha demostrado en varias ocasiones su capacidad para adaptarse cuando cambian las reglas del juego. Tanto es así que Deloitte —al igual que el resto de las Big Four— ya está acometiendo cambios profundos en su propia estructura organizativa. El año pasado, la compañía completó uno de los movimientos estratégicos más importantes de los últimos años al reorganizarse en torno a cuatro grandes áreas: auditoría; estrategia, riesgo y transacciones; tecnología y transformación; y fiscal y legal. Esta reorganización forma parte de un plan global de reestructuración lanzado en 2024.
El objetivo de esta transformación es crear una estructura global más homogénea y cohesionada entre todas sus divisiones internacionales, lo que permitirá a Deloitte ofrecer soluciones transfronterizas más integradas a sus clientes. Al mismo tiempo, esta reorganización busca preparar a la firma para los profundos cambios que están llegando al sector. En cierto modo, se trata de una estrategia para reforzar su posición y proteger el impulso que Deloitte ha logrado construir durante la última década.





