Durante mucho tiempo se creyó que el paso de los años condenaba al ser humano a una lenta pérdida de capacidades mentales. Sin embargo, la neurociencia ha empezado a desmontar ese mito. Hoy sabemos que el cerebro posee una capacidad de adaptación mucho mayor de lo que se pensaba.
El cirujano y divulgador Mario Alonso Puig sostiene que la ciencia actual confirma una intuición que ya había anticipado el Nobel español Santiago Ramón y Cajal: la mente humana puede cambiar durante toda la vida. Incluso en edades muy avanzadas.
El cerebro puede cambiar durante toda la vida

La idea de que el cerebro deja de evolucionar con la edad está cada vez más cuestionada por la investigación científica. Mario Alonso Puig recuerda que ya a comienzos del siglo XX el científico español Santiago Ramón y Cajal defendía que cada persona puede moldear su propio sistema nervioso. “El propio Cajal decía que todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”, explica el cirujano.
Durante décadas aquella afirmación fue considerada una intuición brillante, aunque difícil de demostrar. La tecnología de la época no permitía observar con precisión los procesos internos del cerebro humano.
Hoy la situación es muy distinta. Los estudios actuales muestran que la neurogénesis —la formación de nuevas neuronas— continúa produciéndose incluso en edades avanzadas. Según explica Puig, este proceso puede observarse incluso en personas cercanas a los 90 años.
Se trata de un descubrimiento que cambia la manera de entender el envejecimiento. El cerebro no es una estructura fija ni inmutable. Por el contrario, es un órgano dinámico que puede seguir creando conexiones durante toda la vida.
Gran parte de ese proceso ocurre en el hipocampo, una región clave del cerebro vinculada al aprendizaje y a la memoria. Allí se generan nuevas neuronas que permiten adquirir conocimientos, adaptarse a situaciones nuevas y crear circuitos mentales diferentes.
Además, las neuronas desarrollan pequeñas estructuras conocidas como espinas dendríticas. Son las zonas donde se establecen las conexiones entre células nerviosas. Cuantas más conexiones se generan, mayor es la capacidad del cerebro para reorganizarse. Desde esta perspectiva, la edad deja de ser un límite absoluto. El factor decisivo pasa a ser la actitud mental con la que cada persona se enfrenta a la vida.
La actitud y las emociones también influyen en el cerebro
Para Mario Alonso Puig, uno de los aspectos más fascinantes de la neurociencia es comprobar hasta qué punto las emociones influyen en el funcionamiento del cerebro. El estado de ánimo puede facilitar o dificultar la creación de nuevas conexiones neuronales.
Cuando una persona pierde la ilusión o cae en el desaliento, el organismo libera cortisol, una hormona relacionada con el estrés. En niveles elevados, esta sustancia puede alterar el equilibrio químico del cerebro.
El problema se agrava cuando el cortisol se combina con el glutamato, un neurotransmisor excitador. Según explica el especialista, esta combinación puede llegar a dañar neuronas si se mantiene durante largos periodos.
Por esa razón insiste en la importancia de cultivar estados emocionales positivos. No se trata de negar las dificultades de la vida. Todos los seres humanos atraviesan momentos de incertidumbre o angustia.
El punto está en no quedarse atrapado en esa situación. Para el experto, recuperar la motivación y la ilusión es fundamental para que el cerebro mantenga su capacidad de adaptación. Una de las estrategias que propone es avanzar paso a paso ante los desafíos.
Cuando una persona se enfrenta a un problema demasiado grande, el cerebro puede sentirse bloqueado. En cambio, cuando se plantea objetivos pequeños y alcanzables, el sistema nervioso interpreta que el reto es posible. Esa sensación de progreso estimula nuevos circuitos en el cerebro.
Otro elemento importante es encontrar un propósito personal. Puig considera que cada individuo necesita una razón para levantarse cada mañana. La motivación externa puede ayudar en determinados momentos. Un buen salario o un reconocimiento profesional son estímulos claros. Sin embargo, la motivación profunda nace dentro de cada persona.
Según explica el cirujano, descubrir ese propósito tiene un efecto directo sobre el cerebro. Cuando alguien siente que su vida tiene sentido, aumenta su energía mental y emocional. También menciona el papel de la gratitud. Diversos estudios médicos muestran que practicarla con regularidad puede mejorar el bienestar psicológico e incluso reducir algunos indicadores físicos relacionados con el estrés.





