Emiliano Bruner (53), biólogo y paleoneurólogo: “Ser inteligente no siempre es lo mejor que nos puede pasar”

El paleoneurólogo Emiliano Bruner plantea que la inteligencia humana, clave para dominar el planeta, también puede generar inquietud, insatisfacción y malestar. Comprender nuestra mente y entrenar la atención sería más útil para el bienestar que simplemente ser más inteligentes.

El ser humano suele presumir de su inteligencia como uno de los grandes logros de la evolución. Sin embargo, algunos científicos creen que esa misma capacidad también explica buena parte de nuestras preocupaciones, angustias y desequilibrios emocionales.

El biólogo y paleoneurólogo Emiliano Bruner sostiene que el cerebro humano es una herramienta extraordinaria, pero también una fuente constante de inquietud. Según explica, ser inteligente ha permitido a nuestra especie dominar el planeta, aunque ese mismo rasgo puede generar insatisfacción y un profundo malestar existencial.

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Un cerebro inteligente que nunca se apaga

Un cerebro inteligente que nunca se apaga
Fuente: agencias

El cerebro humano es uno de los órganos más complejos que existen en la naturaleza. Gracias a él, el ser humano ha desarrollado tecnología, cultura y sistemas sociales cada vez más sofisticados. Sin embargo, para Bruner esa misma complejidad tiene un precio que muchas veces pasa desapercibido.

El investigador asegura que “al final somos monos inteligentes y tristes”. La inteligencia fue una inversión evolutiva que permitió a la especie humana prosperar. Pero también dio lugar a una mente que rara vez se detiene y que constantemente analiza, recuerda o anticipa problemas.

Desde esta perspectiva, ser inteligente no siempre significa vivir mejor. De hecho, muchas personas con una mente muy activa pueden experimentar mayor angustia o insatisfacción. Según explica el científico, el problema es que solemos identificar la inteligencia únicamente con la capacidad de resolver problemas.

Los test psicométricos, por ejemplo, miden habilidades cognitivas mediante ejercicios que exigen encontrar soluciones. En consecuencia, la definición moderna de una persona inteligente queda reducida a su capacidad para resolver acertijos o desafíos intelectuales.

Para Bruner, esa visión es demasiado limitada. Una persona puede ser extremadamente inteligente desde el punto de vista cognitivo y, aun así, llevar una vida emocionalmente complicada. Por eso introduce una distinción importante entre inteligencia y sabiduría.

Mientras que una persona inteligente destaca resolviendo problemas, una persona sabia intenta evitarlos. En términos prácticos, la sabiduría suele contribuir más al bienestar que la simple capacidad de análisis.

Esta diferencia explica por qué algunas personas consideradas muy inteligentes no siempre logran una vida equilibrada. El bienestar depende de muchos factores que van más allá de la capacidad de cálculo o razonamiento.

La evolución no buscaba la felicidad humana

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Otro de los puntos que destaca Emiliano Bruner es que la evolución biológica nunca tuvo como objetivo el bienestar individual. Según la teoría evolutiva desarrollada por Charles Darwin, el criterio principal de la selección natural es el éxito reproductivo.

En otras palabras, la evolución favorece a quienes transmiten más genes a la siguiente generación. Si un rasgo permite reproducirse con mayor éxito, tiene más probabilidades de mantenerse en la especie, incluso si no mejora la calidad de vida del individuo. Por esta razón, ser inteligente no garantiza necesariamente felicidad. La selección natural no está diseñada para producir individuos satisfechos, sino organismos capaces de sobrevivir y reproducirse.

El propio Bruner recuerda que muchas características biológicas funcionan como un paquete. Algunos rasgos pueden ser beneficiosos para la reproducción mientras otros resultan menos favorables para el bienestar personal.

Esta tensión entre evolución y bienestar es uno de los aspectos que más interesan al investigador. Desde su punto de vista, comprender nuestra historia evolutiva puede ayudar a explicar por qué los seres humanos experimentan conflictos emocionales o sentimientos de insatisfacción.

De hecho, el científico sostiene que la mayoría de las personas convive con cierto grado de malestar psicológico. Incluso quienes no presentan trastornos clínicos suelen experimentar momentos de inquietud, estrés o descontento.

Algunas estimaciones sugieren que cerca del 80 % de la población se encuentra cerca del llamado umbral clínico de malestar mental. Esto no significa que todos padezcan una enfermedad, pero sí que la insatisfacción forma parte habitual de la experiencia humana.

Para Emiliano Bruner, reconocer esta realidad es el primer paso para mejorar el bienestar. Muchas personas no son conscientes de que pueden trabajar en su desarrollo personal y cambiar ciertos hábitos mentales. En ese sentido, el entrenamiento de la atención ocupa un papel fundamental. Técnicas como la meditación o el mindfulness pueden ayudar a reducir el ruido mental y observar con mayor claridad los propios pensamientos.

El investigador compara este proceso con entrenar un músculo. Si la atención nunca se ejercita de forma consciente, resulta difícil mantener la concentración o gestionar las emociones. En última instancia, el objetivo no es convertirse en una persona más inteligente, sino aprender a vivir mejor. La inteligencia puede ser una herramienta útil, pero el bienestar depende también de la capacidad de observar, comprender y dirigir la propia mente.


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