Es muy habitual recurrir a las conservas cuando no tenemos tiempo de cocinar o queremos una opción rápida para una ensalada, un plato de pasta o una cena ligera. Y es que los alimentos en conserva son cómodos, duran en la despensa mucho tiempo y se encuentran en cualquier supermercado. Aunque, a la hora de elegir, debemos tener en cuenta una serie de premisas si queremos cuidar de nuestra salud. Y aquí viene, entonces, la típica pregunta: ¿son mejores las conservas que vienen en agua, en aceite o al natural?
Estos productos se envasan para que se mantengan en buen estado durante meses, e incluso años. Para eso, se lleva a cabo un proceso de conservación con temperatura y presión, que hace que el producto se mantenga seguro y no se estropee a pesar del paso del tiempo. En este formato se pueden encontrar desde verduras y legumbres hasta pescado, carne o fruta. Sin duda, es una opción muy práctica que nos salva en la cocina en más de una ocasión.
Conviene recordar que, aunque lo fresco suele ser lo ideal, las conservas también pueden ser una alternativa saludable. De hecho, lo importante es fijarse en la calidad del producto y en su etiquetado, ya que ahí está la clave. No obstante, en este artículo te proporcionamos una serie de indicaciones para que puedas comprar tus conservas favoritas sin ningún inconveniente.
¿Cuáles son las ventajas y desventajas de las conservas?
Entre las ventajas más claras está que son alimentos no perecederos, perfectos para tener en la despensa y sacar de un apuro. Además, resultan muy útiles en momentos puntuales, como épocas de escasez o cuando el presupuesto está más ajustado. Pero debemos destacar que tampoco conviene abusar demasiado de ellas.
Y es que algunas conservas pueden llevar un exceso de sal o azúcares añadidos, dependiendo del producto. Es por eso que se recomienda revisar los ingredientes y elegir opciones con menos aditivos. Otro punto importante es el envase: si la lata está hinchada, golpeada o con signos de deterioro, lo mejor es no consumirla. Porque ese tipo de daños puede afectar al alimento y a su adecuada conservación.

En agua, en aceite o al natural: ¿qué opción conviene elegir?
Uno de los elementos que más puede marcar la diferencia entre un tipo de conservas u otro es el tipo de líquido que contiene el producto en conserva. ¿Qué debes tener en cuenta?
En agua: suelen ser una opción ligera, con menos calorías y grasas que las que vienen en aceite. Eso sí, muchas veces llevan algo de sal, así que si queremos reducir sodio, conviene escurrir y, en algunos casos, enjuagar ligeramente.
En aceite: aquí el sabor suele ser más intenso, y en algunos alimentos (como pescados) el aceite ayuda a conservar mejor ciertos nutrientes. No obstante, aportan más calorías, por lo que, si se busca algo más ligero, se puede escurrir parte del aceite antes de consumirlo.
Al natural: son de las opciones más “limpias”, porque no incluyen apenas líquido añadido. A veces llevan su propio jugo, lo que las hace una alternativa bastante interesante si queremos evitar grasas extra o exceso de sal.
Puede que no haya una opción perfecta a la hora de elegir, pero cada una de ellas tiene sus cualidades, no solo para la salud, sino también por la forma en la que se presenta el alimento. Y todo depende del tipo de producto, de lo que busques en tu dieta y de la frecuencia con la que lo consumas. Pero si hay una regla básica que no falla, es esta: mirar la etiqueta, elegir versiones sencillas y no convertir las conservas en la base de la alimentación diaria.



