Miel en lugar de azúcar: el hallazgo que podría reducir la inflamación en la menopausia

Un ensayo clínico publicado en Nutrients observa diferencias en marcadores inflamatorios, aunque los expertos recuerdan que ambos siguen siendo azúcares añadidos y conviene consumirlos con moderación.

Endulzar un yogur es uno de esos gestos que se hacen casi sin pensar, y empleamos un poco de azúcar, una cucharada de miel, algo de panela o incluso algún edulcorante bajo en calorías. Y es que, aunque los expertos recomienden acostumbrar al paladar al sabor natural de los alimentos, lo cierto es que el toque dulce sigue muy presente en la rutina diaria.

No es malo emplear azúcar para conseguir ese toque dulce, pero en exceso puede ser perjudicial para la salud, por eso la miel puede ser la alternativa más saludable. Sin embargo, no todo se reduce a las calorías: un recienteensayo clínico publicado en la revista ‘Nutrients’ ha comparado el efecto del azúcar refinado y la miel en el organismo, y los resultados no son exactamente iguales. Tal y como señalan algunos estudios, no son equivalentes a nivel inflamatorio.

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miel
Fuente: Agencias.

Los estudios avalan que la miel es beneficiosa para la salud

La investigación analizó durante cuatro semanas el consumo de yogur endulzado con miel frente a yogur endulzado con azúcar refinado. En ambos casos se utilizaban cantidades equivalentes en calorías. Participaron 20 mujeres en postmenopausia, con ligero sobrepeso. Este perfil no es casual, ya que en esta etapa es frecuente la inflamación de bajo grado, lo que permite observar mejor cómo pequeños cambios en la dieta influyen en el organismo.

El objetivo era medir la interleucina IL-23, un marcador relacionado con inflamación crónica y riesgo cardiovascular. No obstante, apareció otro dato relevante: la interleucina IL-33 disminuyó en el grupo que consumió miel y aumentó en el que tomó azúcar. Este marcador actúa como señal de alerta ante daño tisular y está vinculado a la inflamación del tejido adiposo.

Nada que ver con la microbiota: uno de los primeros aspectos que se analizó fue si estas diferencias podían deberse a cambios en la microbiota intestinal. Sin embargo, el estudio no detectó alteraciones significativas en otros marcadores digestivos relacionados con la actividad bacteriana. Es decir, el efecto no parece depender del metabolismo microbiano.

La miel gana, pero ¿por qué? La explicación podría estar en los compuestos bioactivos presentes en la miel. Entre ellos destacan ciertos polifenoles como la pinocembrina, la pinobanksina o la crisina. En términos sencillos, estos compuestos podrían influir en determinadas vías inflamatorias del organismo y ayudar a atenuar esos procesos.

Tanto el azúcar como la miel siguen siendo azúcares añadidos: en el estudio se consumieron alrededor de 34 gramos diarios, una cantidad superior a la recomendada para mujeres, que se sitúa por debajo de los 25 gramos al día. Además, aunque se observaron cambios en marcadores inflamatorios, no se registraron mejoras en glucosa ni en perfil lipídico.

Miel, yogur y probióticos: existen investigaciones que apuntan a que añadir una pequeña cantidad de miel al yogur podría favorecer la supervivencia de los probióticos durante la digestión. Una cucharada puede ayudar a que esas bacterias beneficiosas lleguen mejor al intestino. Eso sí, siempre dentro de una dieta equilibrada.

La miel puede ser una opción interesante si buscamos endulzar sin recurrir siempre al azúcar, pero no conviene perder de vista la moderación. Lo ideal es utilizar yogur natural y añadir solo una pequeña cantidad, para no disparar la ingesta diaria de azúcares.

Si el objetivo es cuidar la salud, también se pueden probar alternativas como fruta troceada, canela o cacao puro, que aportan sabor sin necesidad de abusar del dulce. Porque lo que marca la diferencia no es un ingrediente aislado, sino el conjunto de hábitos, y es que cuanto más acostumbramos el paladar a sabores menos azucarados, más fácil resulta disfrutar del yogur tal y como es.


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