Carlos Demattey, referente del entrenamiento de fuerza: “Antes era tabú; ahora la química en fitness está por todas partes”

El entrenador de fuerza Carlos Demattey advierte que la química en fitness pasó del silencio a la exposición masiva, impulsada por redes sociales y presión estética, aunque recuerda que su uso nunca está exento de riesgos.

Dentro del amplio universo del fitness, pocas cuestiones generan tanta tensión como el uso de sustancias para mejorar el rendimiento. Durante años fue un tema silenciado, casi prohibido y muchas veces ilegal. Hoy, sin embargo, la conversación se ha vuelto visible y divide opiniones dentro del sector.

Carlos Demattey (@strongmantarrako), referente del entrenamiento de fuerza, analiza este cambio con una mirada crítica sobre los riesgos de esta tendencia, pero matizada con la información real que existe. Su diagnóstico es que la química siempre estuvo presente en el fitness, pero ahora la exposición pública y el negocio digital han cambiado las reglas del juego.

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Del silencio absoluto a la exposición permanente en el fitness

Del silencio absoluto a la exposición permanente en el fitness
Fuente:Canva

Durante décadas, el fitness competitivo convivió con un pacto tácito de silencio. Según explica Demattey, en seminarios, revistas especializadas y eventos del sector apenas se mencionaba el tema. “Antes era tabú”, resume. La información circulaba de forma informal y muchas veces rodeada de mitos.

El escenario actual es radicalmente distinto. Las redes sociales, la monetización del contenido y la hiperexposición del físico han empujado el debate al centro de la conversación del fitness. Para el entrenador, este cambio tiene una doble lectura.

Por un lado, considera positivo que exista más transparencia. Cree en la libertad de expresión y entiende que explicar experiencias reales puede aportar contexto a quienes observan desde fuera. Sin embargo, advierte que la línea entre informar y hacer apología es extremadamente fina.

El problema, sostiene, no está solo en quien habla sino en quien escucha. Cuando el mensaje lo emite alguien que aparenta salud y éxito, el riesgo de interpretación acrítica aumenta. En el ecosistema del fitness, donde la imagen corporal tiene un peso decisivo, ese efecto se multiplica.

Demattey conoce el tema desde dentro. Compitió durante años en categorías naturales con controles antidopaje y obtuvo resultados de alto nivel. Más tarde dio el salto al strongman profesional, donde asumió decisiones distintas dentro de un contexto competitivo diferente.

Su experiencia le permite introducir un matiz relevante: el impacto de la química no es uniforme. En su caso, explica, las mejoras fueron incrementales sobre una base de fuerza ya muy desarrollada. No obstante, insiste en que no existe uso sin riesgo.

Redes sociales, negocio y presión estética: el nuevo motor del fitness

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Uno de los puntos más sensibles del análisis de Carlos Demattey tiene que ver con la transformación económica del fitness. Antes, recuerda, el físico competitivo se mostraba en momentos puntuales del calendario. Hoy, en cambio, muchos profesionales viven de su imagen durante todo el año.

Ese cambio de incentivos ha elevado la presión. “Estar a tope todo el año es imposible”, advierte. Sin embargo, el mercado del fitness digital —entrenamientos online, asesorías y contenido patrocinado— premia justamente esa apariencia de rendimiento constante.

El resultado es un entorno donde algunos perfiles sienten que bajar el nivel físico puede traducirse en pérdida de clientes, visibilidad o ingresos. Para Demattey, este factor explica en parte por qué ciertas prácticas se han normalizado dentro del fitness contemporáneo.

Aun así, el entrenador se muestra prudente al abordar la cuestión de la transparencia. Considera que el uso de química pertenece al ámbito personal, siempre que el profesional no venda asesoramiento específico en ese terreno. En su caso, subraya, nunca ha guiado a clientes por esa vía y centra su trabajo en entrenamiento, nutrición y hábitos sostenibles dentro del fitness.

El experto también introduce otro elemento que suele pasar desapercibido: la genética. En un entorno tan visual como el fitness, muchos observadores tienden a atribuir cualquier físico destacado al uso de sustancias. Demattey matiza esa percepción y recuerda que existen diferencias individuales significativas en fuerza y respuesta al entrenamiento.

Con todo, evita posiciones simplistas. Reconoce que el uso de química puede aumentar la capacidad de recuperación y permitir mayores volúmenes de trabajo, lo que marca diferencias reales en el rendimiento dentro del fitness competitivo.

En un momento en que el fitness vive su mayor expansión mediática, la advertencia de Demattey apunta al núcleo del debate. Más información no siempre implica mejor comprensión. Y en un sector donde la estética vende, la línea entre inspiración y riesgo sigue siendo peligrosamente delgada.


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