Para muchos, el bienestar emocional se ha convertido en prioridad, la forma en que las personas toman decisiones y gestionan sus emociones cobra un peso decisivo. Cada vez más especialistas coinciden en que pequeñas elecciones diarias pueden marcar grandes diferencias en la salud mental.
En este contexto, la psicóloga Mónica Domínguez pone el foco en un concepto clave: vivir de manera deliberada. Su planteamiento no solo interpela a la responsabilidad individual, sino que abre un debate profundo sobre cómo el rencor, la impulsividad y el miedo al futuro afectan a la salud mental.
Vivir de forma deliberada: la pausa que protege la salud mental

Para Domínguez, vivir deliberadamente significa algo tan sencillo como exigente: que las decisiones sean realmente propias. No se trata de actuar por inercia ni de responder a expectativas ajenas, sino de introducir conciencia entre lo que ocurre y la reacción que se produce.
La especialista lo explica con una imagen muy clara. Entre una acción y una reacción debe existir un espacio de pensamiento. Cuando esa pausa desaparece, lo que emerge no es una decisión humana, sino un impulso automático. Y ahí, advierte, comienza el deterioro de la salud mental.
Este enfoque conecta con numerosos estudios en psicología cognitiva que subrayan la importancia de la autorregulación emocional. Frenar unos segundos antes de responder reduce la reactividad, mejora la toma de decisiones y protege la salud mental frente al estrés cotidiano.
Domínguez insiste en que la clave no es reprimir la emoción, sino decidir conscientemente qué hacer con ella. Incluso una respuesta firme puede ser saludable si ha pasado por el filtro de la reflexión. Lo contrario —actuar en caliente— suele alimentar conflictos, culpa posterior y desgaste psicológico.
El rencor y la envidia: enemigos silenciosos del equilibrio emocional
Uno de los momentos más contundentes de su intervención llega cuando aborda el resentimiento. “El rencor destruye tu salud mental, no a la persona que odias”, afirma con rotundidad. La frase resume una evidencia ampliamente respaldada por la literatura científica.
Diversas investigaciones han demostrado que mantener resentimiento prolongado se asocia con mayores niveles de ansiedad, rumiación mental y estrés fisiológico. Es decir, el impacto negativo recae principalmente en quien lo sostiene. Desde la perspectiva clínica, el rencor actúa como un estresor crónico que erosiona la salud mental de forma silenciosa.
La psicóloga va un paso más allá al comparar el rencor con la envidia. Ambos, sostiene, comparten una característica: generan sufrimiento sin ofrecer ningún beneficio emocional. A diferencia de otras emociones desagradables que pueden cumplir una función adaptativa, el resentimiento prolongado solo añade carga psicológica.
Este planteamiento es relevante en una época marcada por la sobreexposición emocional y la comparación constante. En ese contexto, aprender a soltar agravios se convierte en una herramienta preventiva de primer orden para la salud mental.
Otro de los ejercicios que Mónica Domínguez utiliza en su práctica profesional apunta directamente a la perspectiva vital. Propone a las personas imaginar su propio funeral y preguntarse quién estaría allí y qué dirían de ellas. Lejos de ser una provocación, la técnica busca alinear decisiones presentes con valores profundos.
Según explica, este tipo de visualización ayuda a priorizar vínculos significativos, reducir conflictos innecesarios y orientar conductas hacia lo que realmente importa. En términos de salud mental, funciona como un ancla que ordena emociones y disminuye la dispersión vital.
La experta también aborda un temor cada vez más frecuente: el miedo a no existir. En muchos casos, aclara, no se trata tanto del miedo a morir como del temor a perderse experiencias futuras. Comprender esta diferencia permite intervenir mejor y proteger la salud mental de quienes atraviesan ansiedad existencial.
Entre las estrategias terapéuticas que menciona destaca la llamada terapia de la dignidad, que invita a dejar legados emocionales —cartas, mensajes o símbolos— para aliviar esa angustia. El objetivo es que la persona sienta continuidad simbólica, lo que reduce la carga sobre la salud mental en etapas vulnerables.
En conclusión, Domínguez asegura que lo importante es decidir con conciencia. Introducir una pausa, elegir desde los valores y soltar el rencor no garantiza una vida sin errores, pero sí construye una base mucho más sólida para la salud mental.





