Vivir más y mejor es lo que todo el mundo quiere. Pero, aunque no exista una fórmula mágica que cumpla este deseo, sí que podemos seguir una serie de pautas que nos permitan disfrutar de una mejor calidad de vida por muchos años. Como, por ejemplo, mantener una alimentación saludable, hacer ejercicio físico a diario y establecer relaciones personales sanas con los demás; pueden ser algunos de los patrones a seguir.
Y aunque la genética influye en la longevidad, lo que hacemos cada día es lo que realmente marca la diferencia para vivir con salud y bienestar. Sin embargo, hay un »secreto» en el que coinciden muchos expertos: mantener una vida social activa y de calidad. Así lo confirma el Harvard Study of Adult Development, el estudio más amplio realizado hasta la fecha sobre bienestar y longevidad.
Así explica Harvard la clave de la longevidad
Este estudio se ha llevado a cabo durante más de 80 años, haciendo un seguimiento continuo de la salud y la rutina diaria de sus participantes, y sus conclusiones son bastante contundentes: las relaciones profundas y estables son esenciales para la salud física y emocional. Porque, a pesar del éxito profesional o la situación económica, los vínculos con las personas que nos rodean influyen directamente en cómo envejecemos y nos sentimos a lo largo del tiempo.

Y es que no se trata solo de estar acompañados, sino de sentirnos aceptados y comprendidos; la calidad de las relaciones y el tipo de vínculo influyen en nuestra salud mental y emocional. Tener una red social sólida reduce la sensación de soledad, aporta apoyo emocional y nos permite expresarnos con libertad. Cuando compartimos nuestras preocupaciones o ilusiones, las emociones se ordenan y los problemas se perciben desde otra perspectiva.
Además, las relaciones nos dan algo fundamental, y es la sensación de pertenencia. Saber que contamos para alguien y que alguien cuenta para nosotros cambia la forma en la que nos vemos y en la que interpretamos el mundo. Y es que, cuando nos sentimos parte de algo, todo pesa menos y la vida se vive con mucha más calma.
¿Por qué son necesarios los vínculos afectivos con los demás?
Cuidar las relaciones con las personas que nos importan es esencial para que duren en el tiempo, superar conflictos y mantener un vínculo sano. Porque en esta ocasión no importa tanto la cantidad, sino la calidad de las mismas: lo importante es la implicación. Interesarse por el otro, proponer planes, estar presente en momentos importantes. En la vida adulta el ritmo cambia, las responsabilidades aumentan y el tiempo se reduce, pero el vínculo necesita intención para no debilitarse.
¿Y hacer nuevos amigos de adultos? Puede resultar más complejo con el paso de los años, pero tampoco es imposible. En la juventud, los contextos favorecen la conexión: el colegio, la universidad, los primeros trabajos. En la adultez, la rutina se estabiliza y los entornos son más cerrados. Además, nuestras prioridades cambian y somos más selectivos; ya no buscamos encajar a cualquier precio, sino relaciones coherentes con nuestros valores.
Ampliar entornos, apuntarse a actividades que realmente interesen, repetir espacios donde coincidir con otras personas y practicar la escucha activa son pasos que facilitan la conexión. También es importante no forzar lo que no fluye y aceptar que no todas las relaciones prosperan. Al final, se trata de estar abiertos a conocer gente nueva, pero sin prisas ni presiones. Y es que no todas las conexiones cuajan, y está bien: lo importante es que las que se queden sean sanas y recíprocas.


