Comer bien hoy es construir la salud de mañana. Hay frases que se quedan resonando en la cabeza durante un buen rato. De esas que parecen simples, pero cuando las piensas dos veces tienen bastante más profundidad de la que parecía al principio. “Lo que somos hoy y lo que comemos hoy es lo que vamos a hacer mañana”. Con esa idea, tan directa como honesta, el corredor de montaña Adrián López resume la filosofía que guía su vida.
Y no lo dice desde un despacho ni desde un libro teórico. Lo dice desde la experiencia de quien entrena, compite y vive el deporte en primera persona. Durante una charla en la que compartió su visión sobre nutrición deportiva —una formación que ha ido construyendo con el tiempo— defendió algo que, en el fondo, suena casi de sentido común: la alimentación y la disciplina diaria son dos pilares que sostienen no solo el rendimiento deportivo, sino también la salud a largo plazo.
Porque al final, ¿de qué sirve entrenar duro si luego descuidamos lo que ponemos en el plato?
Cada cuerpo tiene su propia dieta

Uno de los errores más frecuentes, según explicó López, es pensar que existe una dieta perfecta que sirve para todo el mundo. Y no. No funciona así. De hecho, insistió varias veces en que copiar lo que hace otra persona puede ser incluso contraproducente.
Cada cuerpo tiene su propio gasto calórico, sus ritmos, su actividad diaria… y también sus necesidades. Lo que le funciona a un amigo, a un compañero de entrenamiento o a alguien que ves en redes sociales puede no tener nada que ver contigo.
“Las dietas son superimportantes, pero son personales. La dieta de tu amigo está personalizada para él. A lo mejor él tiene un gasto calórico mucho mayor que tú y tú te la estás metiendo de más y no la necesitas”, explicó.

Aquí aparece otra pieza importante del puzzle: tener un objetivo claro. Y no tiene que ser necesariamente correr una carrera de montaña o prepararse para una competición. Puede ser sentirse con más energía, mejorar la salud o simplemente verse mejor.
Cuando existe una meta, todo cambia.
“Cuando tú tienes un objetivo o tienes un reto, te es mucho más fácil decir: voy a llevar una alimentación porque sí”.
La comida rápida nos ha hecho olvidar lo básico

En un momento de la charla, López lanzó una reflexión que hizo pensar a más de uno. Vivimos en una época en la que sabemos muchísimo sobre nutrición. Tenemos etiquetas detalladas, aplicaciones para contar calorías, miles de vídeos en internet explicándolo todo…
Y sin embargo, muchas veces comemos peor que antes.
El ritmo de vida ha empujado a mucha gente hacia lo rápido, lo cómodo, lo procesado. Y eso, según él, nos ha alejado de algo tan sencillo como la comida de toda la vida.
“Antiguamente se comía más sano. La dieta mediterránea se basaba mucho más en comida de cuchara”.

Puede parecer una nostalgia exagerada, pero en realidad tiene bastante sentido. Esos platos sencillos —legumbres, verduras, guisos— alimentaban de verdad.
Para López, la alimentación debería verse de otra manera. No como una obligación más en la agenda diaria, sino como la batería que hace que todo lo demás funcione.
Y lo resumió con una frase que suena casi como una advertencia tranquila:
“Si no tienes tiempo para una alimentación saludable, tarde o temprano encontrarás tiempo para la enfermedad”.



