miércoles, 4 marzo 2026

Carlos Hagen, oncólogo: “El gran avance no es un nuevo fármaco… es saber a quién no dárselo”

- El oncólogo Carlos Hagen explica cómo la medicina de precisión y la biopsia líquida están cambiando la forma de tratar el cáncer y evitando terapias innecesarias.

A veces el mayor avance no es descubrir un fármaco, sino saber cuándo no usarlo. Durante mucho tiempo —quizá demasiado— cuando alguien hablaba de cáncer la conversación acababa siempre en el mismo lugar: el próximo gran medicamento. La idea de que, en algún laboratorio del mundo, alguien descubriría la molécula definitiva capaz de derrotar la enfermedad. Una especie de llave maestra. Una bala de plata.

Pero el doctor Carlos Hagen, oncólogo y experto en biología molecular, plantea algo que al principio suena casi contraintuitivo. Tal vez el verdadero avance no esté en dar más tratamientos… sino en saber cuándo no hace falta darlos.

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La biopsia líquida permite detectar rastros microscópicos del tumor en una simple muestra de sangre. Fuente: IA

Puede parecer una frase provocadora, pero detrás hay un cambio profundo en la forma de entender la medicina. En una conversación reciente sobre el futuro de la oncología, Hagen habló de tecnología, sí. De diagnósticos cada vez más precisos. Pero también de algo que a menudo olvidamos cuando pensamos en el cáncer: el estilo de vida, el entorno y la biología cotidiana de las personas.

Porque, como insiste una y otra vez, el cáncer no es una enfermedad única. Son muchas. Muchísimas.

El cáncer: un enemigo extraño y sorprendentemente resistente

El gran avance no es un nuevo farmaco4 Merca2.es
La medicina de precisión busca identificar qué pacientes realmente necesitan tratamiento oncológico. Fuente: IA

Para explicar cómo funciona un tumor, Hagen utiliza una metáfora que no deja indiferente. Dice que el cáncer se parece, en cierto modo, a un “zombie biológico”.

Las células cancerosas son defectuosas. Han perdido muchas de las funciones que deberían tener. En ese sentido son inferiores a las células sanas. Pero al mismo tiempo tienen algo inquietante: no saben morir.

Siguen acumulando errores genéticos, sobreviven en condiciones extremas y continúan multiplicándose incluso cuando el organismo empieza a deteriorarse.

Es un equilibrio extraño. Una célula disfuncional… que, sin embargo, resiste más de lo que debería.

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El ADN tumoral circulante puede revelar si quedan células cancerosas tras una cirugía. Fuente: IA

Durante casi un siglo, la principal herramienta para combatir ese comportamiento ha sido la quimioterapia. Un tratamiento duro, pero que ha salvado millones de vidas. Sin embargo, Hagen reconoce que muchas veces se utiliza de forma demasiado generalizada.

Y aquí llega uno de los problemas.

“Sabes que de todos los pacientes que yo trate de cáncer colorrectal, solo el 15% se van a beneficiar de la quimioterapia… El problema es que no sé quiénes son”.

Es una frase que, cuando uno la escucha, pesa. Porque refleja una realidad incómoda: tratamos a muchos pacientes sin saber con certeza quién lo necesita realmente.

Una gota de sangre que puede cambiar decisiones

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Los avances en diagnóstico molecular están cambiando la forma de entender el cáncer. Fuente: IA

Aquí entra en escena uno de los avances más interesantes de los últimos años: la biopsia líquida.

La idea es fascinante por lo sencilla que parece. En lugar de analizar el tumor directamente, los médicos buscan en la sangre pequeños fragmentos de ADN que las células cancerosas liberan al organismo. Es lo que se conoce como ADN tumoral circulante.

Esas diminutas señales permiten detectar lo que los especialistas llaman enfermedad mínima molecular. Es decir, restos microscópicos del tumor que pueden permanecer incluso después de una cirugía aparentemente exitosa.

Y ese detalle lo cambia todo.

En cánceres como el de colon, esta tecnología permite saber si realmente quedan células tumorales en el cuerpo. Si no hay rastro molecular, muchos pacientes podrían evitar tratamientos agresivos.

Según Hagen, entre el 50% y el 80% de los pacientes podrían librarse de quimioterapia innecesaria gracias a este tipo de análisis.

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Es el paso hacia algo que cada vez se escucha más en medicina: la medicina de precisión. No tratar a todos igual, sino adaptar el tratamiento a la biología concreta de cada persona.

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