Hay algo que cualquiera que entrene con cierta frecuencia habrá notado. Los gimnasios están más llenos que nunca. Cuerpos cada vez más definidos, redes sociales repletas de físicos imposibles y una sensación constante de que siempre se puede ir un poco más allá.
A primera vista parece algo positivo. Más gente entrenando, más interés por la salud, más disciplina. Pero si rascas un poco —solo un poco— aparece un tema incómodo que cada vez se comenta más entre máquinas, barras y vestuarios: el uso de sustancias para mejorar el rendimiento físico.

El entrenador y divulgador Toni Lloret no rehúye ese debate. Todo lo contrario. Ex culturista de competición y especialista en entrenamiento, nutrición y farmacología aplicada al rendimiento deportivo, lleva años hablando del tema con una idea clara en la cabeza: callar no protege a nadie.
“No estoy potenciando la farmacología, no estoy fomentando la farmacología. Estoy avisando de los riesgos”, explica. “La gente que lo utilice va a tener daños sí o sí”.
Su postura puede resultar incómoda para algunos, pero parte de una lógica sencilla: si algo ya está ocurriendo, ignorarlo no lo va a detener. Lo único que consigue el silencio es que las personas lo hagan sin entender realmente a qué se enfrentan.
Un daño silencioso que no siempre aparece en las analíticas

Uno de los puntos en los que Lloret insiste más es en algo que muchas personas no quieren escuchar. El uso de sustancias para mejorar el rendimiento siempre tiene un coste.
Siempre.
Y lo complicado es que ese daño no suele aparecer de inmediato. No es como una lesión que duele al instante. Es más bien como una grieta que empieza siendo microscópica… y que con el tiempo termina por abrirse.
“El tiempo que estés en uso te estás generando un daño. Es un daño dosis dependiente que no se ve”, señala.
Aquí está una de las trampas más peligrosas. Muchas personas se hacen analíticas, ven que todo parece “normal” y respiran tranquilas. Pero el problema —explica Lloret— es que el deterioro puede acumularse durante años antes de hacerse evidente.
Corazón, riñones, sistema vascular… son los órganos que más suelen sufrir.
Y cuando aparece el problema, a veces ya es tarde para revertirlo.
La locura de las dosis absurdas

Lloret también critica con dureza algo que, según dice, se está normalizando en algunos círculos del fitness internacional: las dosis desorbitadas.
Especialmente en países como Estados Unidos o Brasil, se han popularizado protocolos donde se utilizan varios gramos de sustancias cada semana.
Para él, eso no es solo innecesario. Es directamente peligroso.
Estamos hablando —dice— de cantidades que prácticamente garantizan problemas graves de salud antes de los 50 años.
Y lo más inquietante es que muchos jóvenes ven esos físicos en redes sociales sin entender qué hay detrás.
Porque en Instagram todo parece limpio, fácil, espectacular. Pero la realidad rara vez es tan sencilla.
La química no sustituye al trabajo

Curiosamente, pese a su conocimiento profundo sobre farmacología deportiva, Toni Lloret es un defensor convencido del culturismo natural.
De hecho, sostiene que muchos usuarios recurren a la química demasiado pronto. A veces por impaciencia, otras por ignorancia… y muchas veces por compararse con estándares irreales.
“La química es un multiplicador”, dice con una frase que resume muy bien su visión. “0 por 1000 es 0”.
Es decir, si no hay una base sólida de entrenamiento, disciplina y genética, las sustancias no crean resultados por arte de magia.
En otras palabras: antes de pensar en atajos, hay que construir el camino.



