lunes, 2 marzo 2026

«Lo peor del mundo mundial»: Jorge Morales de Labra (49), ingeniero, advierte del error que destroza tu calefacción al secar la ropa

- El ingeniero Jorge Morales de Labra avisa: secar la ropa sobre el radiador es un desastre que dispara la factura.
- Descubre el truco de la silla y los accesorios baratos para ahorrar sin renunciar a la eficiencia energética.

Jorge Morales de Labra, el reconocido ingeniero industrial y divulgador energético, ha vuelto a encender el debate sobre el ahorro doméstico con una advertencia contundente. Según el experto, el gesto de secar la ropa en el radiador es un error técnico que anula por completo la eficiencia del sistema de calefacción. Este hábito, tan extendido en los hogares españoles cuando llega el frío, no solo dispara el gasto en la factura, sino que «echa por tierra toda la tecnología» diseñada para caldear nuestras casas de forma óptima.

Bloquear la salida de aire caliente obliga a la caldera a trabajar el doble para alcanzar la temperatura deseada en la estancia.

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La advertencia de Morales de Labra subraya que la obstrucción del flujo térmico convierte a los radiadores en obstáculos energéticos, provocando un consumo innecesario que impacta directamente en el bolsillo del consumidor a final de mes.

Un desastre para la eficiencia y el bolsillo

El ingeniero es tajante al calificar esta práctica como «lo peor del mundo mundial» desde el punto de vista de la ingeniería. Al cubrir el aparato con prendas húmedas, impedimos que el proceso de convección natural del aire caliente se produzca correctamente, lo que genera un tapón térmico. El termostato detecta que la habitación sigue fría y mantiene la calefacción encendida mucho más tiempo del debido.

Esta ineficiencia se traduce en un incremento notable del consumo energético sin que el confort térmico mejore realmente. De hecho, el gasto de la calefacción aumenta de forma silenciosa mientras intentamos que un par de calcetines se sequen antes, ignorando que el coste real de ese secado es desproporcionado comparado con cualquier otra alternativa lógica.

El peligro invisible de la humedad acumulada

Más allá del impacto económico, secar la colada sobre fuentes de calor directas tiene consecuencias para la salud estructural del hogar. Al evaporarse el agua de la ropa tan rápido, la humedad relativa del aire sube bruscamente, favoreciendo la aparición de condensación en cristales y paredes. Este es el caldo de cultivo ideal para el moho y los hongos, enemigos directos de las vías respiratorias.

Jorge Morales insiste en que el problema no es secar la ropa dentro de casa, sino «tapar la fuente de calor». Un ambiente excesivamente húmedo requiere de una ventilación extra obligatoria, lo que supone volver a abrir las ventanas y perder todo el calor acumulado previamente. Es un círculo vicioso de desperdicio energético que muchos hogares repiten a diario sin ser conscientes del daño.

El truco de la silla y la sabiduría popular

Ante el dilema de cómo secar la ropa en invierno sin secadora, el ingeniero recupera una solución tan antigua como efectiva. Su propuesta consiste en colocar una silla frente al radiador (a unos 30-50 centímetros) y tender la ropa sobre el respaldo, permitiendo que el aire caliente circule libremente hacia arriba. Es el método que «usaban nuestras abuelas» y que respeta las leyes de la termodinámica.

Este pequeño cambio de posición permite aprovechar el calor ambiental sin asfixiar el aparato emisor. Al mantener el radiador despejado de ropa, el calor se distribuye de forma uniforme por toda la habitación, secando las prendas de manera indirecta pero eficiente. Es un gesto que no cuesta un céntimo y que protege tanto el sistema de calefacción como la integridad de los tejidos.

Accesorios de bajo coste que salvan la factura

Para quienes necesiten una solución más organizada, Morales de Labra recomienda el uso de accesorios específicos que cuestan menos de diez euros. Existen perchas y tendederos para radiador que se enganchan en la parte superior pero mantienen la ropa separada de la superficie metálica. Aunque reducen ligeramente la eficiencia, el impacto es infinitamente menor que cubrir el aparato por completo.

Estos dispositivos permiten que el aire pase por debajo y por detrás de las prendas, facilitando un secado rápido sin bloquear la salida principal del calor. El ingeniero destaca que invertir en un accesorio adecuado es una de las formas más inteligentes de gestionar el ahorro en invierno. Es mejor gastar diez euros una vez que pagar treinta de más en cada factura mensual por culpa de un mal hábito.

Adiós al mito de dejar la calefacción puesta

Aprovechando su intervención, el experto también ha querido derribar uno de los mitos más persistentes del ahorro doméstico. Contrario a la creencia popular, apagar la calefacción al salir de casa es siempre más rentable que dejarla a una temperatura constante. Morales afirma que, matemáticamente, el ahorro se produce desde el primer minuto en que el sistema deja de consumir energía, por corto que sea el trayecto.

Incluso si solo vas a comprar el pan, apagar los radiadores evita un gasto inútil. Mantener la vivienda a 21 grados es el equilibrio perfecto entre confort y sostenibilidad, recordando que por cada grado que subimos a partir de ahí, el recibo se incrementa un 7%. En un contexto de precios energéticos volátiles, el sentido común y la ingeniería son nuestras mejores herramientas para no quemar el dinero en invierno.


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