sábado, 28 febrero 2026

Silvia Juliana Correa Díaz, psicóloga: “Hay una forma de usar redes sin que afecten tu salud mental… y casi nadie la aplica”

- El algoritmo no solo organiza tu contenido: puede estar organizando tu mente.

Las redes pueden conectarnos con el mundo… o desconectarnos de nosotros mismos. Vivimos pegados al móvil. Lo sabemos. Lo intuimos. Pero rara vez nos detenemos a pensar qué está pasando realmente ahí dentro… y aquí dentro.

En un encuentro entre la psicóloga Silvia Juliana Correa Díaz y la experta en marketing Valentina Londoño Navarro, se abordó una verdad incómoda: el mundo digital no es inocente. No está diseñado para acompañarnos con neutralidad. Está diseñado para capturar nuestra atención. Y cuando no ponemos límites, el algoritmo no solo organiza nuestro contenido… organiza nuestro tiempo, nuestro estado de ánimo y hasta nuestras decisiones.

Publicidad

Silvia lo explica con claridad: el problema no es el móvil. Es el uso inconsciente. Es esa sensación de que lo abrimos “un momento” y, de pronto, han pasado 40 minutos. La atención se fragmenta. Y con ella, algo más sutil: la paz mental.

Dopamina: el dulce que engancha

redes
La dopamina convierte el uso de redes en un ciclo de recompensa constante. Fuente: IA

Cada vez que entramos a redes sociales, nuestro cerebro recibe una pequeña recompensa. Un “me gusta”, una notificación, un mensaje nuevo. Y ahí aparece la dopamina.

Silvia lo describe de forma directa: hay una dopamina como la del chocolate, como la de las drogas, inmediata, intensa, absorbente. Y el problema no es solo sentirla. Es repetirla. Buscarla. Necesitarla.

El cerebro, cuando se acostumbra a ese estímulo rápido, empieza a pedir más. Más scroll. Más contenido. Más validación. Es un ciclo silencioso, casi imperceptible al principio. Como esas máquinas tragamonedas que siempre prometen la siguiente recompensa.

Y en medio de ese circuito aparece otro factor igual de potente: la comparación. Vidas perfectas. Cuerpos editados. Éxitos sin contexto. ¿Quién no ha sentido alguna vez que su realidad palidece frente a lo que ve en pantalla?

Sin darnos cuenta, empezamos a medirnos con una versión filtrada del mundo. Y eso, poco a poco, desgasta.

Fatiga digital: cuando el cuerpo dice basta

Hay una forma de usar redes3 Merca2.es
El algoritmo compite por tu atención cada segundo del día. Fuente: IA

Silvia habla de “fatiga digital”. Y cuando enumera los síntomas, muchos asienten en silencio.

Irritabilidad. Dificultad para concentrarse. Ansiedad sin causa clara. Incluso esa sensación extraña de que el móvil vibra… aunque no lo haya hecho.

“Tu pantalla no solo te quita tiempo. Te quita atención, presencia, energía, paz mental”, advierte. Y lo más inquietante es que, a veces, cuando sentimos ansiedad o tristeza, no miramos hacia el dispositivo como posible factor. Pero cuando nos desconectamos unos días, algo cambia. La mente respira distinto.

Yo mismo lo he comprobado alguna vez. Un fin de semana sin redes. Y, de pronto, el silencio deja de ser incómodo.

BLINDA: pequeños límites que lo cambian todo

4Hay una forma de usar redes Merca2.es
La comparación digital puede afectar la autoestima y la paz mental. Fuente: IA

Lejos de demonizar la tecnología, Silvia propone algo más realista: conciencia. Y para eso crea el método BLINDA.

Bloques de uso. No vivir con la red abierta todo el día, sino decidir cuándo entrar.
Límites sensoriales. Silenciar notificaciones innecesarias. Sacar el móvil del dormitorio.
Intención antes de entrar. ¿Voy a crear? ¿A conectar? ¿O solo estoy escapando?
Nutrir el ser. Respirar. Beber agua. Calmar el sistema nervioso antes de sumergirse en el ruido digital.
Depurar el feed. Dejar de seguir cuentas que generan ansiedad o comparación.
Anclas offline. Caminar sin móvil. Comer sin pantallas. Conversar mirando a los ojos.

No se trata de prohibir. Se trata de elegir.

“Hasta que el uso de tu celular no se haga consciente, el algoritmo dirigirá tu tiempo”, insiste. Y esa frase pesa. Porque devuelve la responsabilidad, pero también el poder.

Conectados, pero no desconectados de nosotros

YouTube video

La salud mental no se protege solo en terapia. Se protege en lo cotidiano. En lo que consumimos. En cómo usamos la tecnología. En los límites que nos ponemos desde el amor propio.

En un mundo hiperconectado, la verdadera revolución quizá no sea apagarlo todo, sino aprender a estar en línea sin perdernos en el proceso. Conectados con el mundo, sí. Pero, sobre todo, conectados con nosotros mismos.

Publicidad

Porque al final, la pregunta no es cuánto tiempo pasamos en redes. La pregunta es: ¿quién está al mando?


Publicidad