En los últimos meses, el streamer Ibai Llanos se ha convertido en uno de los rostros más visibles cuando se habla de transformación personal. Su cambio físico no solo ha impactado por la magnitud de la pérdida de peso, sino por la crudeza con la que ha relatado el proceso.
Lejos de discursos edulcorados, el creador de contenido ha explicado con detalle cómo llegó a un punto crítico y por qué decidió revertir una situación que, según le advirtieron los médicos, podía comprometer seriamente su salud en el corto plazo.
Un cambio físico que comenzó por una alerta médica

El propio Ibai sitúa el punto de inflexión hace apenas tres años. Al revisar imágenes de marzo de 2022, el streamer reconoce que se encontraba “en uno de los peores pesos” de su vida. En aquel momento, su estado físico era muy delicado y la comparación con su aspecto actual resulta, en sus propias palabras, “tremenda”.
La magnitud del cambio físico se entiende mejor con una cifra concreta. El comunicador ha perdido alrededor de 70 kilos respecto a aquella etapa. Una transformación progresiva que no llegó por motivos estéticos, sino por una advertencia clara del ámbito sanitario.
Según ha relatado, una endocrina le trasladó un mensaje directo: si mantenía ese ritmo de vida durante uno o dos años más, el riesgo de sufrir una complicación grave era elevado. No se trataba de alarmismo, sino de un diagnóstico basado en factores cardiovasculares y respiratorios que ya estaban presentes.
El streamer convivía entonces con apnea del sueño severa, lo que le obligaba a dormir con mascarilla conectada a un respirador. Llegó a registrar unas 40 apneas por noche, un volumen muy por encima de lo considerado normal. Ese deterioro físico condicionaba también su día a día. Subir apenas cinco o siete escalones le disparaba las pulsaciones hasta niveles preocupantes.
Con los primeros 20 o 25 kilos perdidos, los médicos retiraron el respirador. Fue la primera señal tangible de que el cambio físico empezaba a traducirse en mejoras reales de salud.
De la vida sedentaria al control del cuerpo
Más allá de los números, Ibai Llanos ha puesto el foco en el origen del problema. Durante años mantuvo una rutina extremadamente sedentaria, marcada por largas jornadas frente al ordenador vinculadas a su actividad profesional. El deporte desapareció de su agenda tras la adolescencia, pero la ingesta calórica se mantuvo alta.
El streamer insiste en desmontar un tópico frecuente. En su caso, la obesidad no estuvo ligada a atracones puntuales de comida basura, sino a una combinación de sedentarismo y falta de control. Comer por ansiedad, repetir raciones sin necesidad fisiológica y recurrir con frecuencia a comida a domicilio fueron factores decisivos en el deterioro físico.
También reconoce el componente psicológico. La baja autoestima y el estrés generaban un círculo difícil de romper. Cuanto peor era su estado físico, más complicado resultaba iniciar cambios de hábitos. Y cuanto más se prolongaba la inactividad, mayor era el desgaste emocional.
En este punto, a su juicio, aceptar el propio cuerpo no debe confundirse con normalizar situaciones de riesgo sanitario. Él mismo se aceptaba, explica, pero era consciente de que su condición física suponía un problema de salud objetivo.
Otro elemento que subraya es la falta de educación nutricional. El streamer considera que muchas personas no son plenamente conscientes del impacto real de lo que consumen ni de cómo gestionar la alimentación en contextos de estrés o ansiedad. En su experiencia, la comida funcionaba a menudo como vía de escape emocional.
El proceso de mejora no fue inmediato ni sencillo. Implicó asumir incomodidad, retomar el movimiento y entender que el cambio físico exige constancia más que soluciones rápidas. “En el sofá no vas a conseguir un cambio”, resume con crudeza.
Hoy, con una condición física muy distinta, Ibai insiste en que la empatía es clave al abordar la obesidad. A su entender, la mayoría de las personas con sobrepeso son plenamente conscientes de su situación, pero romper la inercia mental y física requiere tiempo, apoyo y decisiones sostenidas.



