sábado, 28 febrero 2026

Si tu hijo solo come ciertos alimentos, puede haber una razón que no estás viendo

- La alimentación selectiva infantil puede ser una respuesta sensorial, no un simple capricho.

A veces el problema no son los alimentos, sino cómo el cuerpo los percibe. Hay escenas que se repiten en muchas casas. El plato servido. La verdura intacta. La pasta, en cambio, desaparece en minutos. Y ese pensamiento que asoma casi sin querer: “Lo hace para llevar la contraria”.

Pero ¿y si no fuera eso?

Publicidad

Muchos padres viven esta situación con una mezcla de frustración y culpa. Yo lo he visto de cerca. Ese momento en que la comida se convierte en un pulso silencioso. Sin embargo, lo que parece una simple manía puede tener una explicación mucho más profunda.

La conocida como “dieta beige” —esa preferencia casi exclusiva por alimentos blandos, suaves y de colores neutros como arroz, pasta, croquetas o patatas— no siempre es un capricho. A veces es una respuesta del sistema nervioso.

Desde Mini Salud lo explican de forma muy clara: “Tu hijo no rechaza la verdura por capricho; la rechaza porque su sistema nervioso procesa la textura, el olor o el aspecto de ese alimento como algo amenazante”.

No es rebeldía. Es percepción.

Neofobia o sensibilidad sensorial: no es lo mismo

alimentos
La dieta beige se basa en alimentos blandos y visualmente uniformes. Fuente: IA

Entre los 2 y 6 años, muchos niños atraviesan una fase normal de rechazo a alimentos nuevos. Es la llamada neofobia alimentaria. Una especie de mecanismo de protección ancestral: mejor desconfiar de lo desconocido.

En estos casos, la paciencia suele ser suficiente. Exposición tranquila, sin presión, y poco a poco el repertorio se amplía.

Pero hay situaciones diferentes. Cuando el rechazo no se limita a un alimento concreto sino a categorías enteras. Cuando la dieta se reduce a menos de diez opciones “seguras”. Cuando el malestar es intenso y persistente.

“El problema sensorial no es una elección, no es una conducta: es una forma de percibir el mundo”, señalan desde Mini Salud.

Imaginemos por un momento que cada textura nueva fuera como tocar algo que nos produce auténtico rechazo físico. Que el olor de un alimento nos resultara abrumador. ¿No intentaríamos evitarlo también?

El sistema nervioso de estos niños no está exagerando. Está protegiendo.

Cuando la mesa se convierte en campo de batalla

Si tu hijo solo come 2 Merca2.es
El rechazo a ciertas texturas puede ser una respuesta sensorial real. Fuente: IA

Si no se aborda adecuadamente, la alimentación selectiva severa puede tener consecuencias reales. Déficits nutricionales. Microbiota empobrecida. Riesgo de desequilibrios metabólicos a largo plazo.

La doctora María Neira recuerda que la salud es mucho más que lo que hay en el plato: “La salud es un concepto integral que incluye no solo lo que comemos, sino cómo comemos, por qué comemos y qué barreras enfrentamos para comer bien”.

Y aquí hay una barrera invisible: la experiencia sensorial del niño.

Forzar. Castigar. Insistir hasta las lágrimas. Todo eso, aunque nazca de la preocupación, suele aumentar la ansiedad y consolidar el rechazo. La comida deja de ser alimento y se convierte en tensión.

Y nadie aprende a disfrutar desde el miedo.

Del enfrentamiento al acompañamiento

Si tu hijo solo come 4 Merca2.es
Forzar la comida puede aumentar la ansiedad del niño. Fuente: IA

El cambio empieza por algo sencillo —y a la vez difícil—: mirar sin juzgar.

Publicidad

Observar qué texturas tolera mejor. Qué temperaturas acepta. Qué formatos le resultan más cómodos. A veces, pequeños ajustes marcan la diferencia.

Buscar ayuda profesional también puede ser clave. Terapeutas ocupacionales especializados en integración sensorial, logopedas o psicólogos infantiles pueden orientar y diseñar estrategias personalizadas.

Y algo fundamental: permitir la exposición sin obligación. Que el niño toque, huela, explore el alimento sin la presión de tener que comérselo. La familiaridad, poco a poco, reduce la amenaza.

“El problema sensorial no se resuelve con recetas; se aborda con terapia, con estrategias, con paciencia y con mucho respeto por el tiempo del niño”, recuerdan desde Mini Salud.

El objetivo no es que mañana coma brócoli. Es ampliar su mundo alimentario paso a paso, partiendo de lo que ya le resulta seguro.

YouTube video

Publicidad