viernes, 27 febrero 2026

María Neira, doctora de la OMS: “La salud no depende solo de lo que eliges comer”… lo que está pasando en las cocinas españolas preocupa más de lo que parece

- La dieta mediterránea se apaga en los hogares y deja una huella silenciosa en la salud infantil.

La salud empieza mucho antes del primer bocado, empieza en la forma en que vivimos y comemos cada día. La dieta mediterránea ya no es, para muchos niños en España, algo que ocurra cada día en casa. Se parece más a esas fotos antiguas que ves en casa de tus abuelos: bonitas, entrañables… pero un poco lejanas. Reconocemos la imagen, pero ya no vivimos dentro de ella.

Hubo un tiempo —no hace tanto— en el que la cocina era el corazón del hogar. Allí se hablaba, se probaba, se aprendía casi sin darse cuenta. Hoy, en demasiadas casas, es una estación de servicio: se abre un paquete, se mete al microondas y listo. Rápido. Limpio. Silencioso. ¿Práctico? Sí. ¿Suficiente? Ahí empiezan las dudas.

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No es solo una cuestión de sabor. Es algo más profundo. Las cifras de obesidad infantil y de diabetes tipo 2 en edades cada vez más tempranas nos están diciendo, bajito pero claro, que algo se ha torcido. Y cuando algo se tuerce en la infancia, no suele arreglarse solo.

Cuando el tiempo (y el precio) mandan

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La cocina vuelve a ser un espacio de encuentro y aprendizaje compartido. Fuente: IA

Sería injusto señalar con el dedo a las familias. Vivimos deprisa. Trabajamos mucho. Llegamos cansados. Y, además, los productos frescos no siempre son los más baratos ni los más accesibles. A veces, lo ultraprocesado gana por goleada: es rápido, es cómodo y, en ocasiones, sale más económico.

Aquí es donde la doctora María Neira, directora en la Organización Mundial de la Salud, lanza un mensaje que a mí me parece clave: “La salud no es solo una cuestión de elecciones individuales, es también una cuestión de políticas públicas”. Es decir, no todo depende de nuestra fuerza de voluntad en el supermercado a las ocho de la tarde.

Cuando Neira insiste en que “la salud debe estar presente en todas las políticas”, está recordándonos algo incómodo pero cierto: el entorno importa. Importa el precio de los alimentos. Importa cómo están diseñadas las ciudades. Importa la publicidad que ven nuestros hijos. No es solo lo que elegimos, es lo que nos ponen delante.

Reconstruir empieza en lo pequeño

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Pequeños gestos diarios pueden marcar la diferencia en la salud infantil. Fuente: IA

Y, aun así, hay algo esperanzador. Porque aunque las políticas sean fundamentales, en casa también pasan cosas poderosas.

El sofrito, por ejemplo. Parece una tontería, pero no lo es. Ese olor a cebolla y ajo dorándose tiene algo casi mágico. Cuando un niño pica tomate (con cuidado, claro) o remueve la sartén, no solo está cocinando: está aprendiendo sin darse cuenta. Está asociando la comida con tiempo compartido, con paciencia, con cariño. Y eso deja huella.

No hace falta gastar una fortuna. Un plato de lentejas bien hecho sigue siendo un tesoro nutricional. Las sardinas, los boquerones, unas buenas conservas… alimentos humildes que han sostenido generaciones enteras. A veces creemos que comer sano es caro, y no siempre es así. Es más cuestión de organización (lo sé, suena fácil dicho así, pero funciona cuando se intenta poco a poco).

La salud no depende solo4 Merca2.es
El sofrito simboliza la tradición que une generaciones en torno al fuego. Fuente: IA

La fruta de temporada también tiene algo especial. No sé si te ha pasado, pero cuando un niño huele un melocotón de verdad —de esos que manchan y perfuman la bolsa— entiende la diferencia sin que nadie se la explique. Eso no lo da un envase brillante.

Y luego está la mesa. Comer juntos. Sin pantallas. Con conversación. Parece casi revolucionario hoy en día. Pero es ahí donde los niños aprenden a escuchar su hambre, a hablar de su día, a sentirse parte de algo. No es solo nutrición, es vínculo.

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