Hay una frase que se queda resonando después de escuchar a Jarbas Barbosa: vivimos más años, sí, pero no necesariamente con mejor salud. Y cuando lo piensas un momento, tiene sentido. Basta mirar a nuestro alrededor. Personas que llegan a edades avanzadas, pero arrastrando enfermedades que limitan su día a día. Que viven, pero no siempre con la autonomía que desearían.
El director de la Organización Panamericana de la Salud cumplió tres años al frente del organismo en febrero de 2026 y, al hacer balance, se le nota un tono optimista… aunque con los pies en la tierra. “Yo creo que es un balance muy positivo”, dijo. Y no es solo una frase institucional. Hay avances reales después de la pandemia. Herramientas que antes se activaban solo en emergencia ahora forman parte del día a día sanitario. Y eso, visto con perspectiva, no es menor.
Lo que sí ha mejorado (y se nota)

Uno de los cambios más visibles está en la capacidad de respuesta ante crisis. La región está más preparada que antes para detectar brotes y reaccionar rápido. La red de vigilancia genómica, por ejemplo, ya conecta a 30 países. Eso permite identificar variantes, anticiparse, actuar antes de que el problema crezca. Algo que hace unos años sonaba a ciencia ficción y hoy es rutina.
También hay avances silenciosos pero importantes. Países que han logrado frenar la transmisión del VIH de madre a hijo. Otros que avanzan en la eliminación de la malaria. Son logros que no siempre ocupan titulares, pero que cambian vidas. Y, como recuerda Barbosa, la salud también reduce pobreza y desigualdad. Cuando una enfermedad deja de ser un lastre para una familia, cambia todo.
Aun así, no todo es tan luminoso. Porque mientras algunas enfermedades retroceden, otras avanzan sin hacer ruido.
El gran desafío: vivir más años con calidad

Aquí está la paradoja. La esperanza de vida sube. Pero eso no significa que esos años extra se vivan con bienestar. Las enfermedades crónicas —hipertensión, cáncer, diabetes— ya representan el 80% de las muertes en la región. Y muchas personas sobreviven más tiempo… con limitaciones.
Barbosa lo dice sin rodeos: las personas sobreviven más, pero muchas veces con problemas que afectan su autonomía. Y eso plantea una pregunta incómoda: ¿de qué sirve vivir más si no podemos vivir bien? (Es una de esas preguntas que nadie quiere hacerse… pero que todos deberíamos).
Tres claves para no quedarnos atrás

El director de la OPS insiste en tres frentes urgentes. El primero es la vigilancia constante. Estar atentos a brotes de sarampión, dengue o cualquier amenaza que pueda crecer rápido. La salud pública no duerme. Tiene que funcionar las 24 horas.
El segundo es fortalecer la atención primaria. El centro de salud del barrio, el médico de cabecera, la enfermera que te conoce por tu nombre. Ese nivel básico es, en realidad, el más importante. Si falla ahí, todo lo demás se resiente.
Y el tercero: liderazgo. Ministerios de Salud que coordinen, planifiquen y tomen decisiones con claridad. Parece obvio, pero no siempre ocurre.
El dinero, claro, sigue siendo un problema. La recomendación es invertir al menos un 6% del PIB en salud. La media está en el 4,3%. Y, además, se calcula que para 2030 podría faltar hasta un millón de profesionales sanitarios en la región. Menos médicos, más pacientes. No hace falta ser experto para ver que esa ecuación no cuadra.



