Con el año ya en marcha y febrero entrando en su recta final, muchos españoles siguen intentando cumplir los propósitos físicos que se fijaron tras al comenzar enero. El patrón se repite cada temporada: gimnasios llenos, dietas de urgencia y una motivación que, en demasiados casos, se diluye en pocas semanas.
En este escenario, el psicólogo clínico Marcos Apud plantea una mirada diferente. El especialista asegura que el cambio físico sostenible no depende de pasar más tiempo en el gimnasio, sino de recuperar hábitos coherentes con la biología humana.
Un error común: entrenar sin un propósito profundo
Para Apud, uno de los grandes fallos es la superficialidad de los objetivos. Muchas personas regresan al gimnasio con la única meta de mejorar la estética, lo que suele traducirse en procesos breves y abandonos tempranos.
El especialista explica que fin de año suele poner en jaque los hábitos construidos durante meses. Se altera el sueño, se desordena la alimentación y la actividad física queda relegada. Sin embargo, insiste en que no hay motivo para el alarmismo. Retomar la rutina es posible si se hace con criterio.
Según su análisis, el problema no es el gimnasio en sí, sino el motivo que lleva a pisarlo. Cuando el objetivo se limita a los abdominales o al físico de verano, la energía inicial se agota rápido. En cambio, cuando el entrenamiento se vincula con tener más vitalidad, mayor autonomía o un mejor ejemplo para el entorno familiar, la adherencia mejora notablemente.
Apud sostiene que el ser humano moderno no está enfermo, sino desalineado. A su juicio, el estilo de vida actual ha ido debilitando progresivamente la biología humana. Dormimos peor, comemos con exceso, nos exponemos poco al sol y gestionamos mal el estrés. Ese cóctel, afirma, genera fatiga crónica y desequilibrios en el sistema nervioso.
Por eso, antes de obsesionarse con el gimnasio, propone recuperar lo esencial: sueño de calidad, movimiento regular, alimentación basada en comida real y una gestión más consciente del estrés.
Cuánto tiempo de gimnasio es realmente necesario

La afirmación más llamativa de Marcos Apud rompe con la cultura del esfuerzo prolongado. “Jamás deberíamos pasar ni siquiera una hora en el gimnasio”, advierte. Lejos de promover el sedentarismo, su planteamiento apunta a la eficiencia.
El psicólogo defiende que un trabajo bien estructurado puede cubrir fuerza, flexibilidad, coordinación y capacidad aeróbica en sesiones mucho más breves. En concreto, estima que bloques de 30 o 40 minutos, tres veces por semana, pueden ser suficientes si existe disciplina.
Eso sí, introduce un matiz clave. Muchas personas creen estar entrenando en el gimnasio cuando en realidad pasan buena parte del tiempo mirando el móvil o conversando. Ese tiempo, subraya, no cuenta como estímulo efectivo.
Desde su perspectiva, el gimnasio debe entenderse como un estresor positivo siempre que se utilice en la dosis adecuada. El problema aparece cuando el entrenamiento intenso no se acompaña de un descanso correcto. Sin sueño reparador, explica, el cuerpo no puede regenerar el tejido muscular ni consolidar las adaptaciones.
Aquí entra en juego otro de los ejes de su discurso: la higiene del sueño. Apud advierte que vivimos en una especie de contradicción biológica. Queremos dormir bien mientras mantenemos hábitos que envían al cerebro señales constantes de que sigue siendo de día.
La exposición nocturna a pantallas, la luz artificial y la hiperestimulación digital alteran la producción natural de melatonina. Por ello, recomienda crear un entorno favorable al descanso: oscuridad, temperaturas frescas entre 18 y 22 grados y una reducción progresiva de estímulos antes de acostarse. Incluso menciona herramientas de biohacking como las gafas que filtran la luz azul o los dispositivos de seguimiento del sueño, aunque insiste en que la base sigue siendo recuperar los ritmos naturales.
En conclusión, el mensaje de Apud rompe cierta parte de la cultura del fitness, pero conecta con una evidencia cada vez más extendida. Más horas en el gimnasio no garantizan mejores resultados. La clave, según él, está en entrenar con sentido, respetar la biología y construir hábitos que puedan sostenerse durante años.



