
En el día a día del autónomo, pocas dudas generan tanta confusión como la deducción de gastos. La normativa fiscal de nuestro país permite optimizar la carga tributaria, pero también castiga los errores. En ese terreno gris es donde muchos profesionales terminan pagando de más o asumiendo riesgos innecesarios.
El empresario Borja Pascual ha advertido sobre este problema recurrente que aqueja a miles de autónomos. Asegura que el desconocimiento y el miedo están llevando a más de un profesional por cuenta propia a cometer fallos que impactan directamente en su bolsillo.
El miedo que hace pagar más impuestos al autónomo

Para Pascual, el primer gran problema del autónomo no es la falta de ingresos, sino la inseguridad fiscal. Muchos profesionales optan por no deducir determinados gastos por temor a una inspección, lo que termina traduciéndose en un pago superior de IRPF e IVA.
“El mayor error es no deducir gastos por miedo”, insiste. Según explica, esta actitud conservadora es comprensible, pero económicamente ineficiente. Cuando un autónomo deja de aplicar deducciones legítimas, está renunciando a una herramienta legal diseñada precisamente para ajustar la tributación a la realidad del negocio.
Sin embargo, el experto introduce un matiz importante. El problema opuesto —deducir lo que no corresponde— puede resultar todavía más costoso. La Agencia Tributaria no solo exige la devolución de lo indebidamente aplicado, sino que puede imponer sanciones y recargos.
Por eso, Pascual insiste en que el autónomo debe moverse en un equilibrio delicado. Ni miedo paralizante ni deducción indiscriminada. La clave está en entender cómo interpreta Hacienda cada gasto.
En este punto aparece el concepto central: la afectación a la actividad. No basta con que el gasto parezca razonable. Para que el autónomo pueda deducirlo deben cumplirse tres requisitos técnicos muy concretos.
El primero es que el gasto esté vinculado a la actividad económica y sea necesario para generar ingresos. El segundo exige una factura completa a nombre del profesional o de la empresa. El tercero obliga a que el gasto figure correctamente registrado en la contabilidad. Si falla uno solo, la deducción se cae.
Qué puede deducir un autónomo y qué suele generar problemas
Dentro del abanico de gastos habituales, Borja Pascual señala varios que el autónomo suele poder deducir con relativa seguridad. Entre ellos aparecen el alquiler del local afecto a la actividad, los suministros proporcionales cuando se trabaja desde casa, el material informático profesional o los servicios de gestoría.
También entran en esta categoría los seguros vinculados al negocio, la cuota de autónomos y las inversiones en marketing y publicidad. Siempre, eso sí, bajo la premisa de que exista relación directa con la actividad y documentación correcta.
El caso de la vivienda habitual merece una mención aparte. Muchos profesionales trabajan desde casa, pero eso no significa que puedan deducir el 100 %. Hacienda solo permite aplicar la parte proporcional del espacio utilizado como despacho y, en suministros, el cálculo es todavía más restrictivo. Aquí, advierte Pascual, se concentran numerosos errores del autónomo.
Otro punto especialmente vigilado es el vehículo. Solo determinadas actividades —transportistas, comerciales o repartidores— pueden justificar la deducción total. En la mayoría de los casos, el autónomo únicamente puede deducir el 50 % del IVA y no el IRPF, lo que genera frecuentes confusiones.
En el lado contrario están los gastos que Hacienda rechaza de forma casi sistemática. La ropa de calle, las comidas sin justificar, los gastos personales o las multas no son deducibles. Tampoco lo son los tickets simples o las facturas incompletas. “No todo lo que usas para trabajar es deducible”, resume el empresario.
Pascual subraya además un error conceptual muy extendido entre el autónomo. IRPF e IVA no funcionan de forma idéntica. Un gasto puede ser válido en un impuesto y no en el otro, por lo que dar por hecho que ambos siguen la misma lógica suele terminar en problemas.
Ante este escenario, la recomendación del experto es pragmática. El autónomo debe conservar facturas al menos durante cuatro años, registrar los gastos de forma periódica y evitar forzar deducciones dudosas. En muchos casos, afirma, es preferible renunciar a un gasto discutible que enfrentarse a una regularización posterior.
Según explica, el sistema fiscal español permite al autónomo optimizar su tributación, pero exige rigor documental y coherencia con la actividad. Quien entiende las reglas puede pagar lo justo. Quien se mueve por intuición, en cambio, suele terminar pagando de más o asumiendo riesgos innecesarios.



